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«Yo estuve allí... La noche de las artes... Puerto Madryn»
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«Yo estuve allí... La noche de las artes... Puerto Madryn»

Tal como lo había proyectado, desde que vi ese recorte en EL CHUBUT, me encontraba en Puerto Madryn, media hora antes de lo previsto pero con mucha suerte...
Por REDACCIÓN CHUBUT

 por la cantidad de personas allí esperando, supe que tenía oportunidad de subir a uno de aquellos micros que me llevarían por aquel «recorrido cultural». Sin ánimo de lidiar con el mal humor, incomodidad o excesiva alegría de un acompañante, me propuse realizar esa pequeña «aventura» sola. Sola con mis pensamientos, mis impresiones, sola para forjar «mi experiencia». La «cita» según lo leído en el diario local, estaba pautada a las 19, pero veinte minutos antes ya nos hicieron abordar los micros. ¡Genial! (hacer fila por todo y siempre parados, se está volviendo tedioso últimamente). Aquello se tornaba cada vez más agradable. Lurgo dos jóvenes, Sofía y Erica (artista la primera y personal del Museo Municipal de Arte la segunda) se presentaron como quienes nos acompañarían en el recorrido, y comentaron sobre qué trataría el mismo. Puntualmente a las 19 dos micros partieron desde el monumento a La Galesa, rumbo a nuestra primera escala, el Ecocentro. El ambiente era agradable, risas por allá, conversaciones por acá, y las miradas concentradas también estuvieron presentes.

 Además del Ecocentro, visitaríamos obras de arte en el Portal de Madryn, en el Hotel Pirén, en el teatro «La Rosada», para concluir en el Museo Municipal de Arte. Qué decir de la experiencia que duró tres horas y media (los últimos treinta minutos fueron la «yapa», el regalo, ya que se pautó el mismo en tres horas). Confieso que no soy una experta en arte, mucho menos en este tipo de «escapadas», por ello mis impresiones sobre lo vivido son cien por ciento «naturales» de una lugareña... ex ama de casa, estudiante y con muchos deseos de empezar a conocer su país... después, quizás el mundo.

 Por lo tanto, pido, sepan disculpar si omito o «agrego» algo que no corresponda, pero lo que cuento es lo que viví, además es un «permitido» autorizado por algunos de los artistas presentes en el recorrido... En ésa, «La noche de las artes», y como ya mencioné, tuve el placer de conocer numerosos artistas locales, varios de ellos premiados tanto a escala local, regional, nacional e internacional. A continuación se los presento: María Laura Bratoz con su «Luz del mar» que remite a los faros de las inhóspitas costas australes, Daniela Mastrandrea con «Algo es Alga», cuya obra está trabajada con pigmentos extraídos de algas, con los cuales vistió a «Ofelia» (personaje de Shakespeare). Luis Benedit y su Tursiops truncatus» que remite al delfín que tiene la trompa parecida a una botella, obra en la cual «denuncia» la pesca indiscriminada, actividad donde se extrae del mar no sólo el bien buscado sino toda clase de ser vivo, que luego son devueltos al océano, pero ya sin vida.

 Esteban Gentile con su exposición fotográfica «Tiempo de crear» cuya obra central (la cual amé) es impactante. Otro artista que me enamoró ha sido Yagui, que presenta su obra «Made in cabeza», y en algunas de ellas el arte fluyó no sólo de sus manos sino también de las de sus hijas, quienes estaban presentes en el lugar, recorriendo a los saltos el hall del hotel, con su madre observándolas con placer. Armonía en la obra y en la familia, más allá del «delicioso caos» que generan tres pichones de artistas. 

Cristina Merelli y Eduardo Bagnato nos deleitaron con su obra «Elsita, la chaqueña», un drama cómico rural que me atrapó y descarcajó. Concluimos con un grupo de artistas que articular su «hacer»: Verónica García, Hernán Bergara, Nico De Lamo, Gustavo Gelpi, Alejandra De Falco y Milena Catanea. Sepan disculpar pero no presté atención a quién hacía qué, sólo me limité a disfrutar de «la cocina del arte» donde una de las artistas presentes «creaba» en una hoja, que pronto dejó de ser blanca, acompañada del arrullo musical y literario en vivo, de los demás... lograron atraparme. En fin, cuando todo concluyó fue momento de volver a la realidad, apresurarme para tomar el último colectivo a Trelew mientras recorría espacios de entretenimiento, frentes de comercios y personas que se fundían en uno para dar vida a la costa madrynense... acompañados todos por una lejana tormenta allá, en el horizonte marino... Laura Noemí Soluaga

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«Yo estuve allí... La noche de las artes... Puerto Madryn»

Tal como lo había proyectado, desde que vi ese recorte en EL CHUBUT, me encontraba en Puerto Madryn, media hora antes de lo previsto pero con mucha suerte...

 por la cantidad de personas allí esperando, supe que tenía oportunidad de subir a uno de aquellos micros que me llevarían por aquel «recorrido cultural». Sin ánimo de lidiar con el mal humor, incomodidad o excesiva alegría de un acompañante, me propuse realizar esa pequeña «aventura» sola. Sola con mis pensamientos, mis impresiones, sola para forjar «mi experiencia». La «cita» según lo leído en el diario local, estaba pautada a las 19, pero veinte minutos antes ya nos hicieron abordar los micros. ¡Genial! (hacer fila por todo y siempre parados, se está volviendo tedioso últimamente). Aquello se tornaba cada vez más agradable. Lurgo dos jóvenes, Sofía y Erica (artista la primera y personal del Museo Municipal de Arte la segunda) se presentaron como quienes nos acompañarían en el recorrido, y comentaron sobre qué trataría el mismo. Puntualmente a las 19 dos micros partieron desde el monumento a La Galesa, rumbo a nuestra primera escala, el Ecocentro. El ambiente era agradable, risas por allá, conversaciones por acá, y las miradas concentradas también estuvieron presentes.

 Además del Ecocentro, visitaríamos obras de arte en el Portal de Madryn, en el Hotel Pirén, en el teatro «La Rosada», para concluir en el Museo Municipal de Arte. Qué decir de la experiencia que duró tres horas y media (los últimos treinta minutos fueron la «yapa», el regalo, ya que se pautó el mismo en tres horas). Confieso que no soy una experta en arte, mucho menos en este tipo de «escapadas», por ello mis impresiones sobre lo vivido son cien por ciento «naturales» de una lugareña... ex ama de casa, estudiante y con muchos deseos de empezar a conocer su país... después, quizás el mundo.

 Por lo tanto, pido, sepan disculpar si omito o «agrego» algo que no corresponda, pero lo que cuento es lo que viví, además es un «permitido» autorizado por algunos de los artistas presentes en el recorrido... En ésa, «La noche de las artes», y como ya mencioné, tuve el placer de conocer numerosos artistas locales, varios de ellos premiados tanto a escala local, regional, nacional e internacional. A continuación se los presento: María Laura Bratoz con su «Luz del mar» que remite a los faros de las inhóspitas costas australes, Daniela Mastrandrea con «Algo es Alga», cuya obra está trabajada con pigmentos extraídos de algas, con los cuales vistió a «Ofelia» (personaje de Shakespeare). Luis Benedit y su Tursiops truncatus» que remite al delfín que tiene la trompa parecida a una botella, obra en la cual «denuncia» la pesca indiscriminada, actividad donde se extrae del mar no sólo el bien buscado sino toda clase de ser vivo, que luego son devueltos al océano, pero ya sin vida.

 Esteban Gentile con su exposición fotográfica «Tiempo de crear» cuya obra central (la cual amé) es impactante. Otro artista que me enamoró ha sido Yagui, que presenta su obra «Made in cabeza», y en algunas de ellas el arte fluyó no sólo de sus manos sino también de las de sus hijas, quienes estaban presentes en el lugar, recorriendo a los saltos el hall del hotel, con su madre observándolas con placer. Armonía en la obra y en la familia, más allá del «delicioso caos» que generan tres pichones de artistas. 

Cristina Merelli y Eduardo Bagnato nos deleitaron con su obra «Elsita, la chaqueña», un drama cómico rural que me atrapó y descarcajó. Concluimos con un grupo de artistas que articular su «hacer»: Verónica García, Hernán Bergara, Nico De Lamo, Gustavo Gelpi, Alejandra De Falco y Milena Catanea. Sepan disculpar pero no presté atención a quién hacía qué, sólo me limité a disfrutar de «la cocina del arte» donde una de las artistas presentes «creaba» en una hoja, que pronto dejó de ser blanca, acompañada del arrullo musical y literario en vivo, de los demás... lograron atraparme. En fin, cuando todo concluyó fue momento de volver a la realidad, apresurarme para tomar el último colectivo a Trelew mientras recorría espacios de entretenimiento, frentes de comercios y personas que se fundían en uno para dar vida a la costa madrynense... acompañados todos por una lejana tormenta allá, en el horizonte marino... Laura Noemí Soluaga

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