Opinión

Arcioni eligió bailar con la más fea

Es probable que recién cuando presentó la renuncia a la diputación nacional para la cual fue elegido en los comicios legislativos, se disiparon las dudas que generalmente se tenían sobre el futuro del vicegobernador Mariano Arcioni.

No eran pocos los que suponían primitivamente que la suya era una candidatura testimonial. Pero luego, producido el fallecimiento del gobernador Mario Das Neves, y que constitucionalmente él debía reemplazarlo, la situación era distinta. No obstante esta nueva circunstancia, en los círculos políticos locales persistía la creencia de que renunciaría para ir al Congreso de la Nación. Por cierto que no carecía de fundamentos esa suposición. No carecía de fundamentos, habida cuenta que en varias oportunidades había expresado su intención de continuar su novel carrera política presentando su candidatura para la intendencia municipal de Comodoro Rivadavia, en los comicios del 2019. Y en ese contexto, los politólogos que nunca faltan en esos círculos, generalmente coincidían en que seguramente optaría por la diputación. En el frío análisis de las posibilidades para concretar ese objetivo, afirmaban que le sería más fácil lograrlo por la libertad y tiempo que tendría para instalar en el pueblo esa candidatura, que la que tendría ejerciendo el gobierno donde las posibilidades de lucimiento son remotas por la difícil situación económica que ha heredado. La Provincia ha tocado fondo. No hay dinero y las deudas son muchas. Hay acuciantes atrasos en el pago de servicios públicos -le han cortado la electricidad a varios organismos estatales- y lo mismo ocurre con proveedores. La mayoría de las municipalidades hacen cola reclamando ayuda para pagar los sueldos. En ese proceloso mar donde, para colmo, no faltan hambrientos «tiburones», está navegando el escribano comodorense, que si no recibe una generosa ayuda del Gobierno nacional y no abandona su postura antiminera, estará más cerca del ocaso que de la consagración. La explotación de esos recursos es de imperiosa necesidad. No se puede estar parado sobre semejante riqueza y que haya gente buscando comida en los basurales.
No tenemos dudas de que lo ha meditado mucho antes de jugarse la carta que se ha jugado. Seguramente que sobre las especulaciones políticas, estuvo su concepto de lealtad con quien lo impulsó a participar en una noble actividad donde el objetivo natural es trabajar por el bienestar de la gente. En ese convencimiento, una encomiable actitud la suya. La lealtad y la ética son algunas de las virtudes que brillan por su ausencia en la mayoría de nuestros políticos.

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