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Prostitución: en la Legislatura se viene el debate entre "abolición" o "reglamentación"
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Prostitución: en la Legislatura se viene el debate entre "abolición" o "reglamentación"

La modificación al Código Contravencional que proponen las diputadas Estela Hernández y Gabriela Dufour pone de relieve dos paradigmas de la prostitución instalados en el mundo: una postura terminante que centraliza su visión en la abolición y otra reglamentarista que focaliza en controlar la actividad.

Por REDACCIÓN CHUBUT


El proyecto de ley de Hernández y Dufour no tiene como objetivo primordial la aprobación, por el contrario, apuntan a generar un debate profundo en la Legislatura con todos los bloques y a partir de ahí comenzar a pulir y modificar el armado de la iniciativa.
Un hecho que despertó e incentivó esta presentación fue lo ocurrido el 27 de julio, cuando se dio un asalto en Trelew a una casa que obraba como VIP y en la que se encontraban cuatro mujeres, tres de ellas dominicanas y una de origen paraguayo, según las declaraciones vertidas por el Comisario Felipe González de la Unidad Regional de la Policía de Chubut.
La ordenanza aprobada en el Concejo de Trelew «sanó legalmente» la prohibición de los VIP, pero abrió la puerta para que la prostitución siga consolidándose desde lo ilegal.
Dufour graficó que el mundo se divide en dos grandes grupos de países. Por un lado «los que han legalizado la prostitución», como el caso de Alemania, Australia y Países Bajos, «generando un negocio impresionante, dominado por los hombres, con hoteles, transporte, turismo sexual, policías y profesionales de la salud». 
El análisis se extiende más allá del horizonte y el enfoque empieza a hilar fino en «quiénes» son las personas que ofrecen su cuerpo y «qué» los impulsa a esto.
La diputada del FPV, aseveró que diversos estudios realizados en América Latina llegaron a la conclusión que aquellas personas que ofrecen su cuerpo «son mujeres/trans y ahora también jóvenes varones, con ingresos paupérrimos, originarios de países emergentes o de los países limítrofes o regiones más desfavorecidas económicamente, que son sometidas sobre la base de la pobreza, la etnia o la nacionalidad, reafirmando los procesos de discriminación enquistados en la sociedad».
En forma inherente y simbiótica, la legalización llega de la mano de la reglamentación. «Así pasan a formar parte de registros estigmatizantes. Las obligan a controles sanitarios periódicos para proteger a los prostituyentes y la ocupación o el trabajo sexual las excluye de otras posibilidades», reprochó Dufour. 
El otro grupo de países propone penalizar fuertemente a los prostituyentes, despenalizar y brindar apoyo a las personas en situación de prostitución y criminalizar eficazmente a los terceros que se benefician con el negocio. Entre estos países, se encuentran Suecia, Noruega y desde hace muy pocos meses Francia. 
«Desde 1999 Suecia instrumentó la ley que penaliza a los compradores de servicios sexuales, cambiando radicalmente el paradigma», precisó la diputada del FPV. 
Para la exministra «esta es la cultura que se impone», a la que definió como «la verdadera igualdad entre hombres y mujeres, el respeto al sexo con deseo compartido, sin intercambio como si fuera una simple mercancía».
 
DESIGUALDAD 
La diputada remarcó que la doctrina actual «plantea la necesidad de proveer a los hombres de servicios sexuales, poniendo a su disposición la producción, distribución, circulación y consumo de cuerpos de mujeres/trans para su satisfacción individual». 
Para justificar la prostitución, Dufour no vaciló que el actual paradigma argumenta que «son cuerpos que se ofrecen por propia voluntad y no en forma coercionada». 
En este contexto, la diputada se preguntó «de dónde salen los cuerpos para la prostitución?; los cuerpos que se prostituyen son personas que eligieron la actividad por voluntad propia o porque se les ha impuesto por la fuerza o porque no hay opciones reales de trabajo».

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Prostitución: en la Legislatura se viene el debate entre "abolición" o "reglamentación"

La modificación al Código Contravencional que proponen las diputadas Estela Hernández y Gabriela Dufour pone de relieve dos paradigmas de la prostitución instalados en el mundo: una postura terminante que centraliza su visión en la abolición y otra reglamentarista que focaliza en controlar la actividad.


El proyecto de ley de Hernández y Dufour no tiene como objetivo primordial la aprobación, por el contrario, apuntan a generar un debate profundo en la Legislatura con todos los bloques y a partir de ahí comenzar a pulir y modificar el armado de la iniciativa.
Un hecho que despertó e incentivó esta presentación fue lo ocurrido el 27 de julio, cuando se dio un asalto en Trelew a una casa que obraba como VIP y en la que se encontraban cuatro mujeres, tres de ellas dominicanas y una de origen paraguayo, según las declaraciones vertidas por el Comisario Felipe González de la Unidad Regional de la Policía de Chubut.
La ordenanza aprobada en el Concejo de Trelew «sanó legalmente» la prohibición de los VIP, pero abrió la puerta para que la prostitución siga consolidándose desde lo ilegal.
Dufour graficó que el mundo se divide en dos grandes grupos de países. Por un lado «los que han legalizado la prostitución», como el caso de Alemania, Australia y Países Bajos, «generando un negocio impresionante, dominado por los hombres, con hoteles, transporte, turismo sexual, policías y profesionales de la salud». 
El análisis se extiende más allá del horizonte y el enfoque empieza a hilar fino en «quiénes» son las personas que ofrecen su cuerpo y «qué» los impulsa a esto.
La diputada del FPV, aseveró que diversos estudios realizados en América Latina llegaron a la conclusión que aquellas personas que ofrecen su cuerpo «son mujeres/trans y ahora también jóvenes varones, con ingresos paupérrimos, originarios de países emergentes o de los países limítrofes o regiones más desfavorecidas económicamente, que son sometidas sobre la base de la pobreza, la etnia o la nacionalidad, reafirmando los procesos de discriminación enquistados en la sociedad».
En forma inherente y simbiótica, la legalización llega de la mano de la reglamentación. «Así pasan a formar parte de registros estigmatizantes. Las obligan a controles sanitarios periódicos para proteger a los prostituyentes y la ocupación o el trabajo sexual las excluye de otras posibilidades», reprochó Dufour. 
El otro grupo de países propone penalizar fuertemente a los prostituyentes, despenalizar y brindar apoyo a las personas en situación de prostitución y criminalizar eficazmente a los terceros que se benefician con el negocio. Entre estos países, se encuentran Suecia, Noruega y desde hace muy pocos meses Francia. 
«Desde 1999 Suecia instrumentó la ley que penaliza a los compradores de servicios sexuales, cambiando radicalmente el paradigma», precisó la diputada del FPV. 
Para la exministra «esta es la cultura que se impone», a la que definió como «la verdadera igualdad entre hombres y mujeres, el respeto al sexo con deseo compartido, sin intercambio como si fuera una simple mercancía».
 
DESIGUALDAD 
La diputada remarcó que la doctrina actual «plantea la necesidad de proveer a los hombres de servicios sexuales, poniendo a su disposición la producción, distribución, circulación y consumo de cuerpos de mujeres/trans para su satisfacción individual». 
Para justificar la prostitución, Dufour no vaciló que el actual paradigma argumenta que «son cuerpos que se ofrecen por propia voluntad y no en forma coercionada». 
En este contexto, la diputada se preguntó «de dónde salen los cuerpos para la prostitución?; los cuerpos que se prostituyen son personas que eligieron la actividad por voluntad propia o porque se les ha impuesto por la fuerza o porque no hay opciones reales de trabajo».

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