Carta del Lector

Saber envejecer es una obra maestra de la sabidurIa

Saber envejecer es el propósito más difícil del gran arte de vivir. Desde la antigüedad las imágenes de aquellos “más viejos” han dado que hablar, eran reconocidos como los más sabios, y a medida que avanzaron los años esta imagen de sabiduría fue adquiriendo diversos reparos, hasta llegar hoy en día, por lo menos en nuestra cultura, prácticamente olvidados.


Para comenzar a investigar la vejez es necesario indagar acerca de cómo es que hoy en día haya mucho más viejos que los que habían en décadas anteriores. Entre las causas de ese crecimiento demográfico pueden diferenciarse efectivas mejoras higiénicas y sanitarias, que gracias a estas mejoras se logró disminuir algunos de las más temidas epidemias que los habían golpeado durante siglos.
El cuidado familiar del adulto mayor ha emergido en los últimos años como que es un importante problema social, la responsabilidad de proporcionar ayuda a un familiar en situación de fragilidad. El concepto del envejecimiento es relativo en personas que tienen la misma edad, porque no todos envejecemos de la misma forma; la vejez no debe ser un padecimiento para el anciano sino un tiempo de crecimiento en naturalidad.
La familia tiene un papel muy importante, sobre todo en el ámbito de las relaciones afectivas. 
Doy fe que la familia constituye uno de los recursos más importantes de la población  de los adultos mayores, que es la encargada de prestar atención directa a la mayoría de los ancianos que sufren problemas de salud o un deterioro grave en su autonomía personal, como también la disminución de su capacidad mental e intelectual, deberíamos pues ser más comunicativos y escuchar más con discreción  y tolerancia.
Las personas muy mayores tienen gran relevancia, puesto que hasta  hace muy poco tiempo implicaron un porcentaje muy pequeño, los mayores de 90 años era un grupo relativamente casi desconocido.
Gracias a Dios que me ha permitido el privilegio de cumplir los 90 años, y que me ha otorgado la gracia de poder celebrarlo  junto a mi familia y mis seres queridos, me ha permitido ayudar a otros a todos quienes yo tanto amo, a mis maravillosos hijos, nietos, bisnietos, a mi esposa que está a mi lado.
Jesús siempre ha sido mi apoyo y mi consuelo, quien ha bendecido mi vida con todo lo que he necesitado, le estoy agradecido y aprecio el bienestar que me ha dado.

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