Opinión

Si no lo logra la Nación ni las provincias, menos los municipios

El tiempo pasa vertiginosamente y los argentinos, como se dice popularmente, «estamos como cuando vinimos de España. De aquella lluvia de dólares que caería sobre la Argentina, no ha sido ni siquiera una tenue llovizna.


Soberbia e inexperiencia política, forma parte de un combo de quienes creyeron que dentro de cuatro paredes de confortables despachos, estaba la solución de los graves y viejos problemas que impedían que nuestro país, no obstante sus inmensos recursos naturales, siguiera postrado y con el triste privilegio de tener una población donde abunda el analfabetismo y la pobreza. Algo se ha hecho mal. Y algo se sigue haciendo mal. A la ausencia de inversiones para explotar esos recursos, se comete el error, el gravísimo error de anunciar y tomar medidas que dejan y dejaran en la calle a varios miles de trabajadores.  
Si bien es cierto que la oposición del kirchnerismo y sus ocasionales aliados, no tienen límites y seguirán apelando hasta los más bajos recursos para que fracase y ellos tener la posibilidad de volver al Poder para continuar con la destrucción de la República, como ya lo estuvieron haciendo durante sus doce años de gobierno, no es menos cierto que el macrismo con sus torpezas les ha dado letra. Si no logra un gran acuerdo nacional para pacificar el país, será muy difícil que vengan capitales foráneos que se necesitan para ponerlo en marcha. Nadie invierte donde no tiene las garantías necesarias. Como en la vida privada, quien tiene dinero nunca se asociará a quienes tienen malos antecedentes. Y mucho menos, se lo prestará a insolventes. Algo similar ocurre con el devastado país dejado por el matrimonio santacruceño.
No obstante la evidencia de que ésa es la razón por la cual los capitales extranjeros surcan el cielo argentino para aterrizar en otras naciones, sorprende el optimismo de algunos gobernadores y hasta de algunos intendentes municipales que con frecuencia viajan al exterior en busca de inversores. Seguramente serán bien atendidos, pero luego «si te he visto no me acuerdo», y vuelven con las manos vacías. Aunque seguramente con las valijas llenas de lo que aquí no se consigue o es más barato. Mucho artificio, pero nada por aquí y nada por allá. Y el tiempo pasa. El optimismo que despertó Cambiemos ha menguado, negarlo sería una cuestión de fanatismo. Del mismo fanatismo de ciertos kirchneristas que se consideran perseguidos políticos, y no políticos perseguidos por la Justicia como los autores de la mayor corrupción de la historia nacional.
 

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