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El camino es largo y duro pero amerita ser recorrido
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El camino es largo y duro pero amerita ser recorrido

Después de muchos años de gobiernos populistas en los que hubo períodos de esporádica bonanza -justo es reconocerlo-, pero que a la postre muy poco aportaron para su progreso, un nuevo partido político, de una tendencia totalmente opuesta a aquéllos, ha puesto a sus representantes en la conducción de la República por la soberana decisión de la mayoría de los ciudadanos de un pueblo hastiado de la vieja política en la que abundaba demagogia y un chauvinismo exacerbante que internacionalmente nos había aislado.

Rosendo Rodríguez Labat

Pero, si con eso no alcanzara para justificar el estado de postración en que estaba el país, en el 2003 apareció en escena el matrimonio Kirchner-Fernández, que si por algo los recordará la historia, seguramente será por haber instalado una corrupción cuya gravedad ha trascendido nuestras fronteras y por la cual están entre rejas altos funcionarios de esos gobiernos, y procesados ambos integrantes de la fórmula presidencial que el voto popular desalojó de la Casa Rosada. 
Una nueva etapa comenzaba a vivirse en el país. Una nueva y esperada etapa, que para muchos que ya peinan canas, tenía un cercano parentesco con aquélla que en 1958 iniciaba Arturo Frondizi y que cuatro años después era interrumpida por un golpe militar. La integración y desarrollo de la Nación recobraba vigencia por impulso de Mauricio Macri, que llegaba a Balcarce 50 precedido del prestigio logrado por su muy buena gestión frente al gobierno de la Capital Federal. Sus primeras medidas fueron duras y tuvieron negativa repercusión en vastos sectores de la sociedad que obligó a frecuentes rectificaciones y anulaciones, lo que en cierta medida ponía de manifiesto que la inexperiencia o el excesivo optimismo acerca de un rápido crecimiento de la economía nacional atenuaría el impacto de los exorbitantes aumentos, especialmente en los servicios públicos, tuvieron un papel preponderante en esas decisiones. 
No obstante, con singular estoicismo el pueblo soportó la dureza del proyecto económico del machismo y cuando tuvo la oportunidad de expedirse acerca del mismo, en las elecciones legislativas, lo hizo favorablemente por amplia mayoría. El gobierno nacional obtenía un apoyo que sorprendió a propios y extraños. Quedaba claro el generalizado convencimiento de que no había otra forma de salir del estancamiento en que se estaba. Ha comprendido que el camino es largo y sinuoso pero la meta amerita su recorrido y está dispuesto a hacerlo.
Volver al pasado lo aterroriza. La Argentina vuelve a ser mirada en el mundo con atención. Sólo falta crear las condiciones para que lleguen las inversiones necesarias para la explotación integral de los inmensos recursos naturales que abundan en su vasto territorio.

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El camino es largo y duro pero amerita ser recorrido

Después de muchos años de gobiernos populistas en los que hubo períodos de esporádica bonanza -justo es reconocerlo-, pero que a la postre muy poco aportaron para su progreso, un nuevo partido político, de una tendencia totalmente opuesta a aquéllos, ha puesto a sus representantes en la conducción de la República por la soberana decisión de la mayoría de los ciudadanos de un pueblo hastiado de la vieja política en la que abundaba demagogia y un chauvinismo exacerbante que internacionalmente nos había aislado.

Pero, si con eso no alcanzara para justificar el estado de postración en que estaba el país, en el 2003 apareció en escena el matrimonio Kirchner-Fernández, que si por algo los recordará la historia, seguramente será por haber instalado una corrupción cuya gravedad ha trascendido nuestras fronteras y por la cual están entre rejas altos funcionarios de esos gobiernos, y procesados ambos integrantes de la fórmula presidencial que el voto popular desalojó de la Casa Rosada. 
Una nueva etapa comenzaba a vivirse en el país. Una nueva y esperada etapa, que para muchos que ya peinan canas, tenía un cercano parentesco con aquélla que en 1958 iniciaba Arturo Frondizi y que cuatro años después era interrumpida por un golpe militar. La integración y desarrollo de la Nación recobraba vigencia por impulso de Mauricio Macri, que llegaba a Balcarce 50 precedido del prestigio logrado por su muy buena gestión frente al gobierno de la Capital Federal. Sus primeras medidas fueron duras y tuvieron negativa repercusión en vastos sectores de la sociedad que obligó a frecuentes rectificaciones y anulaciones, lo que en cierta medida ponía de manifiesto que la inexperiencia o el excesivo optimismo acerca de un rápido crecimiento de la economía nacional atenuaría el impacto de los exorbitantes aumentos, especialmente en los servicios públicos, tuvieron un papel preponderante en esas decisiones. 
No obstante, con singular estoicismo el pueblo soportó la dureza del proyecto económico del machismo y cuando tuvo la oportunidad de expedirse acerca del mismo, en las elecciones legislativas, lo hizo favorablemente por amplia mayoría. El gobierno nacional obtenía un apoyo que sorprendió a propios y extraños. Quedaba claro el generalizado convencimiento de que no había otra forma de salir del estancamiento en que se estaba. Ha comprendido que el camino es largo y sinuoso pero la meta amerita su recorrido y está dispuesto a hacerlo.
Volver al pasado lo aterroriza. La Argentina vuelve a ser mirada en el mundo con atención. Sólo falta crear las condiciones para que lleguen las inversiones necesarias para la explotación integral de los inmensos recursos naturales que abundan en su vasto territorio.

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