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Una tribuna de debate imprescindible y plural para todos los chubutenses
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Una tribuna de debate imprescindible y plural para todos los chubutenses

Cada 10 de octubre renovamos nuestro compromiso con los lectores. Este año es especial, por las circunstancias que rodean a los chubutenses.

Ayer. El tradicional armado tipográfico con plomo, luego reemplazado por el sistema offset que permitió dar un salto de calidad en la impresión del diario.
Por REDACCIÓN CHUBUT

Pocas veces en la historia del diario EL CHUBUT, nuestro aniversario nos tomó cruzando un río de aguas tan turbulentas e impredecibles. Un aluvión de noticias preocupantes -sobre todo desde la economía- que afectan a nuestra región, en la que estamos insertos y por la que vivimos, trabajamos y latimos desde el 10 de octubre de 1975. Ese día, José María Sáez, fundador y primer director del diario, descubría la plaqueta y daba por iniciadas las actividades de un medio que se transformaría -con el correr del tiempo- en uno de los más importantes del interior del país.

Gracias a un trabajo infatigable de la familia Sáez y los descendientes de José, de los empleados y colaboradores del diario, y al acompañamiento permanente de nuestros lectores y anunciantes, EL CHUBUT se ha transformado en una tribuna de debate permanente, donde todos los sectores están representados con su opinión. Hoy, con nuestra sociedad cruzada por males que amenazan con transformarse en endémicos, la tribuna que proponemos resulta imprescindible. Porque todos necesitamos dónde expresarnos, y un vehículo eficaz para buscar un camino que permita enderezar la situación general.

Cumplimos 43 años, y 21 años nuestra radio FM EL CHUBUT. Pero el brindis será austero y discreto. Este diario nació en medio del «Rodrigazo» y de un ajuste feroz de la economía en 1975. Ese año, la inflación superó el 1.300 %. Vivimos la crisis con un proceso económico que se fue degradando con mayor velocidad entre 1985 y 1989, cuando la hiperinflación de aquel año (más del 4.000 %) prácticamente liquidó el gobierno del radical Raúl Alfonsín. El fin de la Convertibilidad de Menem y Cavallo trajo desempleo récord, pobreza, recesión. Luego vino el cambio de signo político, De la Rúa y la enorme crisis de 2001. Otro ajuste feroz de la economía. Antes, pasamos el Tequila y la crisis de los Tigres Asiáticos que nos afectó, o después la crisis de las hipotecas de EEUU. Somos tan débiles que cualquier virus económico mundial nos mandaría a terapia intensiva. Luego, en los últimos 15 años, cuatro años de crecimiento, y otra vez el estancamiento. Inflación alta, pobreza, desempleo en alza. El país no creció en los últimos años de Cristina y no lo hará con Macri. Todas esas dificultades fueron más duras en nuestra provincia, como parte integrante de una Patagonia recordada sólo de a ratos.
Hoy la situación es de alarma general.

Nuestra región, particularmente el Valle, vive una crisis económica importante, achacable a las condiciones de la macroeconomía -el ajuste nos golpea a todos con fuerza- pero también a factores locales. Nuestra clase política pasa más tiempo en debates internos para repartir cargos y candidaturas o en ventilar chismes sobre los casos de corrupción que golpearon al poder político y empresario, que en buscar soluciones permanentes para los chubutenses.

No intentamos suplir a la política. No es ese el rol de los medios. Pero sí nos esforzamos cada día, y particularmente en el último año; en ser el lugar en que todos los sectores de Chubut discutan el presente y el futuro. Por eso, nos hemos ocupado del desempleo creciente (hoy, de los más altos del país), de la pobreza acuciante, del hambre que algunos funcionarios comenzaron a descubrir ahora, del mal aprovechamiento de nuestras riquezas, como la pesca, el agua, los boques, el viento, el petróleo, o de la discusión sobre la minería que divide a la población. Hablamos de la desocupación, pero también del trabajo en nuestras ciudades. Conglomerados urbanos que comienzan a «favelizarse», ante el estupor de una dirigencia que aún con buena voluntad, no acierta el camino. Así fue como nos fuimos empobreciendo.

Nos ocupamos de males terribles: narcotráfico, inseguridad, accionar de bandas que cometen delitos que nunca antes habían ocurrido en nuestra provincia. Y contamos la corrupción, que también empobrece. Nos ocupamos de la salud y de una educación devaluada como nuestra moneda.

De octubre del año pasado a hoy, los chubutenses vivimos crisis institucional y política, espiral descendente de la economía, causas judiciales que desnudaron una corrupción nunca vista. Ex funcionarios y empresarios presos. Una complejísima relación con Nación que devino en el virtual abandono de la Patagonia a su suerte. Huelgas paralizantes, y crisis social. Evidentemente, la resiliencia de los chubutenses es a prueba de casi todo.

En nuestras páginas cobraron vida historias pequeñas, pero de solidaridad enorme. Casi las únicas buenas noticias reales vinieron de la mano de los chubutenses «de a pie» que se reflejaron en el diario.

El mundo editorial del país vive un proceso de transformación y cambio de propietarios muy intenso desde hace un lustro, por lo menos. Las noticias de despidos y retiros voluntarios de periodistas y trabajadores de los medios inundan redes sociales, minutos de radio y TV, lo mismo que la compra-venta de muchos medios alineados a intereses políticos, económicos, sectoriales del color que fuere. Sin embargo, nuestro mayor orgullo es la identidad. Somos chubutenses, del Valle; profundamente periodistas y nos dedicamos a hacer un diario que, aún con dificultades y el compromiso del centenar de familias que aquí trabaja, resiste. Ya sean los embates de la economía, los avances de la política, o la lucha diaria por el sostenimiento de la actividad. Lo hacemos sin ajustar por el lado de las personas; y apuntando al interés general de nuestros conciudadanos, proponiendo una tribuna de debate imprescindible, caliente, plural, democrático, respetuoso y firme. Porque aquí vivimos, de aquí somos, aquí crecen y se desarrollan nuestras familias, nuestros amigos, nuestros lectores, nuestra industria, nuestro comercio, nuestros jóvenes. Es nuestra comunidad.

Hoy, para quienes hacemos EL CHUBUT, renovar el compromiso es más fuerte que nunca, porque nos necesitamos entre todos. No se trata de palabras de tarjeta social entre copas de champagne. Es darse la mano con todos, con firmeza; debatiendo y discutiendo los problemas y soluciones de Chubut de frente y con sinceridad. Nuestras páginas son el reflejo fiel de ese debate, con el fin último y único de una vida mejor para todos los chubutenses. Esa es nuestra línea editorial, la del bienestar conseguido con sacrificio, inteligencia, trabajo y gestión que como comunidad demandamos a los dirigentes.

Gracias por acompañarnos en estos 43 años. Brindamos con ustedes, por muchos años más.
 

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Una tribuna de debate imprescindible y plural para todos los chubutenses

Cada 10 de octubre renovamos nuestro compromiso con los lectores. Este año es especial, por las circunstancias que rodean a los chubutenses.

Pocas veces en la historia del diario EL CHUBUT, nuestro aniversario nos tomó cruzando un río de aguas tan turbulentas e impredecibles. Un aluvión de noticias preocupantes -sobre todo desde la economía- que afectan a nuestra región, en la que estamos insertos y por la que vivimos, trabajamos y latimos desde el 10 de octubre de 1975. Ese día, José María Sáez, fundador y primer director del diario, descubría la plaqueta y daba por iniciadas las actividades de un medio que se transformaría -con el correr del tiempo- en uno de los más importantes del interior del país.

Gracias a un trabajo infatigable de la familia Sáez y los descendientes de José, de los empleados y colaboradores del diario, y al acompañamiento permanente de nuestros lectores y anunciantes, EL CHUBUT se ha transformado en una tribuna de debate permanente, donde todos los sectores están representados con su opinión. Hoy, con nuestra sociedad cruzada por males que amenazan con transformarse en endémicos, la tribuna que proponemos resulta imprescindible. Porque todos necesitamos dónde expresarnos, y un vehículo eficaz para buscar un camino que permita enderezar la situación general.

Cumplimos 43 años, y 21 años nuestra radio FM EL CHUBUT. Pero el brindis será austero y discreto. Este diario nació en medio del «Rodrigazo» y de un ajuste feroz de la economía en 1975. Ese año, la inflación superó el 1.300 %. Vivimos la crisis con un proceso económico que se fue degradando con mayor velocidad entre 1985 y 1989, cuando la hiperinflación de aquel año (más del 4.000 %) prácticamente liquidó el gobierno del radical Raúl Alfonsín. El fin de la Convertibilidad de Menem y Cavallo trajo desempleo récord, pobreza, recesión. Luego vino el cambio de signo político, De la Rúa y la enorme crisis de 2001. Otro ajuste feroz de la economía. Antes, pasamos el Tequila y la crisis de los Tigres Asiáticos que nos afectó, o después la crisis de las hipotecas de EEUU. Somos tan débiles que cualquier virus económico mundial nos mandaría a terapia intensiva. Luego, en los últimos 15 años, cuatro años de crecimiento, y otra vez el estancamiento. Inflación alta, pobreza, desempleo en alza. El país no creció en los últimos años de Cristina y no lo hará con Macri. Todas esas dificultades fueron más duras en nuestra provincia, como parte integrante de una Patagonia recordada sólo de a ratos.
Hoy la situación es de alarma general.

Nuestra región, particularmente el Valle, vive una crisis económica importante, achacable a las condiciones de la macroeconomía -el ajuste nos golpea a todos con fuerza- pero también a factores locales. Nuestra clase política pasa más tiempo en debates internos para repartir cargos y candidaturas o en ventilar chismes sobre los casos de corrupción que golpearon al poder político y empresario, que en buscar soluciones permanentes para los chubutenses.

No intentamos suplir a la política. No es ese el rol de los medios. Pero sí nos esforzamos cada día, y particularmente en el último año; en ser el lugar en que todos los sectores de Chubut discutan el presente y el futuro. Por eso, nos hemos ocupado del desempleo creciente (hoy, de los más altos del país), de la pobreza acuciante, del hambre que algunos funcionarios comenzaron a descubrir ahora, del mal aprovechamiento de nuestras riquezas, como la pesca, el agua, los boques, el viento, el petróleo, o de la discusión sobre la minería que divide a la población. Hablamos de la desocupación, pero también del trabajo en nuestras ciudades. Conglomerados urbanos que comienzan a «favelizarse», ante el estupor de una dirigencia que aún con buena voluntad, no acierta el camino. Así fue como nos fuimos empobreciendo.

Nos ocupamos de males terribles: narcotráfico, inseguridad, accionar de bandas que cometen delitos que nunca antes habían ocurrido en nuestra provincia. Y contamos la corrupción, que también empobrece. Nos ocupamos de la salud y de una educación devaluada como nuestra moneda.

De octubre del año pasado a hoy, los chubutenses vivimos crisis institucional y política, espiral descendente de la economía, causas judiciales que desnudaron una corrupción nunca vista. Ex funcionarios y empresarios presos. Una complejísima relación con Nación que devino en el virtual abandono de la Patagonia a su suerte. Huelgas paralizantes, y crisis social. Evidentemente, la resiliencia de los chubutenses es a prueba de casi todo.

En nuestras páginas cobraron vida historias pequeñas, pero de solidaridad enorme. Casi las únicas buenas noticias reales vinieron de la mano de los chubutenses «de a pie» que se reflejaron en el diario.

El mundo editorial del país vive un proceso de transformación y cambio de propietarios muy intenso desde hace un lustro, por lo menos. Las noticias de despidos y retiros voluntarios de periodistas y trabajadores de los medios inundan redes sociales, minutos de radio y TV, lo mismo que la compra-venta de muchos medios alineados a intereses políticos, económicos, sectoriales del color que fuere. Sin embargo, nuestro mayor orgullo es la identidad. Somos chubutenses, del Valle; profundamente periodistas y nos dedicamos a hacer un diario que, aún con dificultades y el compromiso del centenar de familias que aquí trabaja, resiste. Ya sean los embates de la economía, los avances de la política, o la lucha diaria por el sostenimiento de la actividad. Lo hacemos sin ajustar por el lado de las personas; y apuntando al interés general de nuestros conciudadanos, proponiendo una tribuna de debate imprescindible, caliente, plural, democrático, respetuoso y firme. Porque aquí vivimos, de aquí somos, aquí crecen y se desarrollan nuestras familias, nuestros amigos, nuestros lectores, nuestra industria, nuestro comercio, nuestros jóvenes. Es nuestra comunidad.

Hoy, para quienes hacemos EL CHUBUT, renovar el compromiso es más fuerte que nunca, porque nos necesitamos entre todos. No se trata de palabras de tarjeta social entre copas de champagne. Es darse la mano con todos, con firmeza; debatiendo y discutiendo los problemas y soluciones de Chubut de frente y con sinceridad. Nuestras páginas son el reflejo fiel de ese debate, con el fin último y único de una vida mejor para todos los chubutenses. Esa es nuestra línea editorial, la del bienestar conseguido con sacrificio, inteligencia, trabajo y gestión que como comunidad demandamos a los dirigentes.

Gracias por acompañarnos en estos 43 años. Brindamos con ustedes, por muchos años más.
 

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