Opinión

El negocio del cordón cuneta

Cuando uno recorre los caminos del interior de la provincia tiene la sensación de que ha retrocedido en el tiempo. Muchos años.

El deterioro existente en las rutas pavimentadas y las condiciones de las de ripio demuestran el atraso que tenemos en una infraestructura que es vital para la integración. Podríamos sostener que hoy estamos más aislados que cuando se hizo el triángulo vial que intentaba unir a los chubutenses. No obstante el placer de conducir retorna nuevamente cuando se llega a un paraje o pequeña localidad, porque, oh sorpresa, las calles de la misma, si no se encuentran pavimentadas o empedradas en su totalidad, por lo menos tienen cordón cuneta. Pero la sorpresa no se detiene allí por cuanto se han entusiasmado tanto en las obras públicas realizadas que uno puede encontrarse con calles sin salida y sin ninguna casa en sus márgenes, gozando el mismo beneficio que el de la circunvalación de la plaza. Me estoy refiriendo a poblaciones como Ricardo Rojas, Facundo o Gualjaina, entre otras, verdaderas islas si observamos las dificultades de los habitantes queriendo salir de allí hacia un centro de mayor población. ¿Por qué ha ocurrido este derroche de dineros públicos? ¿Por una visión de futuro o porque era un buen negocio hacer cordones cuneta? Esto habría que analizarlo, porque la gente que vive en esas poblaciones no era precisamente lo que pretendía: tener cantidad de cuadras pavimentadas en las que no transita nadie y cordones cuneta de baldíos tras baldíos. Para completar el cuadro, y frente a la situación económica y financiera de la provincia, resulta un contrasentido el ruido permanente de los motores de las cooperativas eléctricas gastando litros y litros de combustible por día, para que la luz de sus farolas ilumine compitiendo con el sol. En el interín el viento castiga las plazas solitarias donde, en Facundo, ha desaparecido el fabuloso tronco petrificado de su centro, sosteniendo a una pequeña esfinge de San Martín y en la de Ricardo Rojas prácticamente ya no se reconoce a quien representa. 
Pero ¿importa la situación de los estoicos pobladores? En Paso de Indios prácticamente toda la población vive del Estado. El que no es empleado municipal es policía, docente o trabaja en el hospital. El que no, recibe una pensión o una ayuda del Estado. Se piensa hoy en la extracción de uranio como una maldición, sin analizar que nuestro país tiene actividad nuclear, más allá de que se instale o no una nueva central atómica de energía y que la explotación minera puede perfectamente ser realizada, como en su momento se efectuó. Paso de Indios entregó mineros que hoy están trabajando en otros lugares y podría perfectamente ser un centro de capacitación técnica para jóvenes que terminan sus estudios y no tienen en la actualidad ninguna proyección para el futuro. Como la treintena de jóvenes que terminaron sus estudios secundarios en Gualjaina y no están en condiciones de continuar sus estudios por motivos económicos, y ya se encuentran en la lista de desocupados, aunque puedan trasladarse por sus calles pavimentadas. Hoy se habla en el relato del futuro vitivinícola de las zonas aledañas al Lepá, de la pronta instalación de bodegas en la zona de Paso del Sapo, pero no se ha comenzado a trabajar en el aporte esencial: el agua.
Gualjaina podría rápidamente incorporarse a la actividad productiva de viñedos, y cultivos de fruta fina si se atendiera a la incorporación de más de 7.000 hectáreas que podrían ser regadas por las aguas del Río Lepá al efectuar la infraestructura de un embalse, que podría generar energía, con baja inversión y de acuerdo a los proyectos elaborados por el Consejo Federal de Inversiones como base. 
Hoy, que se descubren zonas productivas y que podrían ser en gran escala, se requiere que el Estado a través de sus funcionarios recorran las regiones, pero no para viaticar, sino para tomar contacto con los pobladores. 
Es necesario elaborar un plan a largo plazo, es prioritario recomponer la relación con las intendencias y comunas del interior. Se pueden establecer objetivos a corto, mediano y largo plazo. La experiencia ha demostrado que ha dejado de ser importante para un intendente tener las municipalidades llenas de gente sin capacitación, que los sistemas asistenciales no hacen vivir mejor a la gente. Que se necesitan inversiones pero no las impuestas para aumentar una obra pública, un nuevo cordón cuneta, que cuando termina no finaliza con la frustración de la población.
Es de esperar que se termine el ciclo de la pereza moral y se trabaje para el bien de todos. 
 

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