Opinión

Es insólito que un sindicalista use a los trabajadores en defensa propia

Hay cosas que solamente en nuestro país pueden ocurrir. Por ejemplo, que un dirigente gremial, acusado de la comisión de graves delitos de corrupción y abuso del poder, tenga la audacia de enfrentar al Gobierno nacional y a la Justicia con el anuncio de una multitudinaria concentración en la Capital Federal.

Hugo Moyano, el todopoderoso conductor del Sindicato de Camioneros, de quien estamos hablando, ha tomado esa insólita decisión, seguramente con el convencimiento de que no se animarán a sentarlo en el banquillo de los acusados, por los que ya han desfilado desde la ex presidente de la Nación, el vicepresidente e importantes funcionarios de los gobiernos kirchneristas que en doce años de estadía en la Casa Rosada, se las ingeniaron para convertir al país en un descarnado esqueleto.

Teniendo en cuenta que la concurrencia de camiones y colectivos correrá por cuenta de la mencionada entidad gremial, como así también de los trabajadores que trasladarán esos medios de transporte, no hay duda alguna que la movilización será importante. Como importante también será para muchos empleados y obreros que ese día no podrán ir a cumplir con sus tareas habituales.

Pero no todo huele a podrido. La mayoría de los principales dirigentes gremiales del país no lo acompañarán. En un acto de madurez elogiable, no lo apoyan. Entienden, y entienden bien, que esa concentración no responde a intereses de los trabajadores, sino que es pura y exclusivamente en defensa del hasta hace poco intocable sindicalista, que acorralado por la Justicia es posible que en su tropical imaginación anide la secreta esperanza de intimidar a quienes están dispuestos a investigarlo. 

Para los mal pensados que nunca faltan, esta desesperada actitud del sindicalista-empresario de comprometer a la entidad que representa, no lo libera de la sospecha de los ilícitos que le adjudican, sino que más bien no son pocos los que piensan que es un tácito reconocimiento de su autoría. Abonan ese concepto, que en un estado de derecho, como el que afortunadamente estamos viviendo, es a la Justicia a la que se debe recurrir. Esquivarla o buscar atajos para evitarla, siembran dudas. Y las dudas no disipadas, no necesitan riego para crecer.

 

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