Opinión

No era oro todo lo que brillaba

Sin duda alguna que Mario Das Neves ha sido el gobernador que más atención prestó a las pequeñas poblaciones del interior provincial, a los que llevó servicios públicos esenciales, de los que la mayoría de ellos carecían totalmente.

El mejoramiento de la calidad de vida de sus esforzados y abnegados habitantes fue notable. Y del reconocimiento de los mismos, el fallecido mandatario recibió siempre un inalterable apoyo cuando eran convocados a las urnas. Sus triunfos se descontaban. No hacían faltas encuestas. Podrían ser ilustres desconocidos o extrapartidarios, pero los candidatos que proponía el Chusoto, -el partido creado y liderado por él-, eran votados sin reservas. Es cierto que en determinado momento tuvo en sus manos generosos presupuestos que no tuvieron la mayoría de quienes lo precedieron en el gobierno de la Provincia. Y ese, precisamente, fue el argumento al que apelaban para defenderse y justificar la diferencia quienes se sentían afectados por las duras y muchas veces injustas acusaciones del oficialismo. No les faltaban razones. 
Las gestiones de los gobernantes deben juzgarse de acuerdo a sus presupuestos, y al uso que hicieron de ellos. «Con dinero en el bolsillo, -dice un proverbio judío-, se es inteligente, atractivo y, además, se canta bien».
Ironías aparte, lo cierto es que la mayoría de la gente del interior se sentía atendida como muy pocas había sido antes. Y «el Das Neves lo hizo», afloraba sin necesidad de preguntas previas.
Hasta ahí todo bien. Pero evidentemente no todo se hizo bien, o no fue concretado por quienes tenían la responsabilidad de hacerlo. Surge esta apreciación observando que en estos momentos la situación que están viviendo los habitantes de la mayoría de esas poblaciones, es realmente angustiante porque muchos de los servicios públicos que pomposamente fueron anunciados o inaugurados, no se concretaron o dejaron de funcionar. A ello se suma una incesante desocupación, y municipios que deben hacer verdadero malabarismo para pagar los sueldos a su recargada planta de empleados. Como la herencia ha sido paterna, no son aconsejables los reproches. 
Además nada se ganaría «llorar sobre la leche derramada». Hay que confiar en el optimismo de Arcioni que asegura que si consigue el apoyo de la rebelde Legislatura logrará revertir la situación, no obstante el corto plazo que le queda para cumplir con su mandato. Lo que si ha quedado descubierto, con relación a la primera parte del gobierno que continúa el escribano comodorense, que no todo lo que brillaba era oro. Y viene a cuento aquello que decía Plutarco Elías Calles, político y militar mexicano: «En el gallinero de la política, la gallina más alabada no es la que pone el mejor huevo, sino la que mejor sabe cacarearlo».
 
 

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