Opinión

A la mujer, «ni con el pétalo de una rosa»

Hoy haremos una pausa en nuestra frecuente tarea de ocuparnos de la nada celebrable situación de la provincia y de la nada elogiable posición de la mayoría de los miembros de los tres poderes del Estado y de la oposición.

  En materia de desaciertos comparten espacios similares en un clima de un desconcierto que parece haber llegado para quedarse.
Es el Día Internacional de la Mujer. Para quienes pertenecemos a una época donde no era necesario que el almanaque nos recordara una fecha determinada para agasajar a la mujer amada, y compartíamos el sentido de aquella poética afirmación de «no agredirla ni con el pétalo de una rosa», se ha determinado que hoy se celebre en todo el mundo y es posible, entonces, que hoy sean esperadas con un ramo de rosas rojas. 
Adherimos a tan grato acontecimiento y hemos considerado oportuno transcribir textualmente un poema de Sor Juana Inés de la Cruz, referido a la mujer, que en estos momentos cobra singular vigencia. Dice así: 
«Hombres necios que acusais a la mujer sin razón 
sin ver que sois la ocasión 
de lo mismo que culpais 
si con ansias sin igual 
solicitas su desdén 
porqué quereis que obren bien si la incitais al mal. 
Combatis su resistencia 
y luego con gravedad 
decís que fue liviandad 
lo que hizo la diligencia. 
Parecer quiere el denuedo 
de vuestro parecer loco 
al niño que pone el coco 
y luego le tiene miedo. 
Quereis con presunción necia 
hallar a la que buscais 
para pretendida Tais
y en la posesión Lucrecia
qué puede ser más raro
que el que falto de consejo
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro.
Con el favor y el desdén
teneis condición igual
quejándose si os tratan mal
burlando si os quieren bien.
Opinión ninguna gana
pues la que más se recata
si no os admite es ingrata 
y si os admite es liviana
siempre tan necios andais
que con desigual nivel
a una culpais por cruel
y a la otra por fácil culpais.
Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada.
Más entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere
bien haya la que no os quiere 
y queja en enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas
y después de hacerlas malas
las quereis hallar muy buenas.
Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada
la que cae de rogada
o el que ruega de caído.
O cual es más de culpar
aunque cualquiera mal haga
el que peca por la paga
o el que paga por pecar.
Pues para que os espantais
de la culpa que teneis
queredlas cual las haceis
o hacedlas cual las buscais.
Dejad de solicitar
y después con más razón
acusareis la afición
de la que os fuere rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia
pues en promesa e instancia
juntais, carne y mundo».

RegionalesEdición impresa