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Pasan los años, pasan gobiernos y la educación sigue esperando
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Pasan los años, pasan gobiernos y la educación sigue esperando

Salvo escasas excepciones, la educación pública fue prioridad en los gobiernos constitucionales de la República. Pero sí fue prioridad en los discursos de la mayoría de los políticos en las campañas electorales. Que «educar al soberano», como lo reclamaba Domingo Faustino Sarmiento, no les quitaba el sueño, se refleja en la indetenible decadencia que en los últimos años se ha agravado ostensiblemente.

Rosendo Rodríguez Labat

Lo que está ocurriendo en estos momentos es realmente preocupante, y realmente condenable es la pasiva actitud de los últimos gobiernos que tuvo la provincia. En el actual curso escolar son muy pocos los días de clases que se ha tenido. En algunos lugares aún no se han iniciado. Muy lejos han quedado los tiempos cuando la educación pública argentina era elogiada en el mundo. 
Hoy nos sentimos avergonzados del maltrato a los maestros. Nos sentimos avergonzados que un maestro gane mucho menos que otros empleados del Estado donde sus sueldos duplican y hasta triplican a los que perciben quienes tienen la noble y altruista misión de preparar los futuros ciudadanos de la Patria. Es inadmisible la torpeza de confundir a los educadores con otros trabajadores. Y lo preocupante es que lo hacen mandatarios y encumbrados funcionarios, que deben saber que sin educación no hay progreso posible. Seguramente que lo saben. Pero también saben que un pueblo instruído difícilmente los voten. La razón de la existencia de gobiernos populistas, es el analfabetismo y la pobreza. Son hábiles administradores de esos flagelos. 
Creemos que ha llegado la hora que en los presupuestos la educación pública tenga el espacio que se merece para que el comienzo de las clases sea el previsto y no un enigma, como ocurre siempre. Nada justifica que el maestro al reingresar a las aulas no sepa cual será su sueldo. Y su sueldo, repetimos, debe estar acorde con la función que en la sociedad cumple.

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Pasan los años, pasan gobiernos y la educación sigue esperando

Salvo escasas excepciones, la educación pública fue prioridad en los gobiernos constitucionales de la República. Pero sí fue prioridad en los discursos de la mayoría de los políticos en las campañas electorales. Que «educar al soberano», como lo reclamaba Domingo Faustino Sarmiento, no les quitaba el sueño, se refleja en la indetenible decadencia que en los últimos años se ha agravado ostensiblemente.

Lo que está ocurriendo en estos momentos es realmente preocupante, y realmente condenable es la pasiva actitud de los últimos gobiernos que tuvo la provincia. En el actual curso escolar son muy pocos los días de clases que se ha tenido. En algunos lugares aún no se han iniciado. Muy lejos han quedado los tiempos cuando la educación pública argentina era elogiada en el mundo. 
Hoy nos sentimos avergonzados del maltrato a los maestros. Nos sentimos avergonzados que un maestro gane mucho menos que otros empleados del Estado donde sus sueldos duplican y hasta triplican a los que perciben quienes tienen la noble y altruista misión de preparar los futuros ciudadanos de la Patria. Es inadmisible la torpeza de confundir a los educadores con otros trabajadores. Y lo preocupante es que lo hacen mandatarios y encumbrados funcionarios, que deben saber que sin educación no hay progreso posible. Seguramente que lo saben. Pero también saben que un pueblo instruído difícilmente los voten. La razón de la existencia de gobiernos populistas, es el analfabetismo y la pobreza. Son hábiles administradores de esos flagelos. 
Creemos que ha llegado la hora que en los presupuestos la educación pública tenga el espacio que se merece para que el comienzo de las clases sea el previsto y no un enigma, como ocurre siempre. Nada justifica que el maestro al reingresar a las aulas no sepa cual será su sueldo. Y su sueldo, repetimos, debe estar acorde con la función que en la sociedad cumple.

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