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Maravilloso encuentro de mujeres; una tarde muy especial bajo el lema: “Sanando heridas”
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Maravilloso encuentro de mujeres; una tarde muy especial bajo el lema: “Sanando heridas”

Fue una tarde más que especial, la presencia de la señora Helle Telk, escritora y conferencista de nivel internacional, nos dejó a más de una algo para reflexionar.

Por REDACCIÓN CHUBUT

Su estadía desde muy pequeña en un hogar, creo fue lo que la llevó a madurar más pronto que el resto. Pero creo también, recibió un regalo divino, y como dice ella: “a los seis años acepte a Cristo en el corazón”.   

Este es un breve relato de su historia:
Helle nació en Austria y cuando tenía dos años viajó a la Argentina, junto a sus padres y dos hermanos y dice: “cuando tomamos ese barco grande a buscar nuevos horizontes, mamá una mujer estoniana, dura y fría, que no podía demostrar sus sentimientos, vivió la guerra del 46, su primer esposo murió en la guerra y mis dos hermanos estuvieron en campos de concentración. Cuando yo entré en el hogar tenía cuatro años, y cada vez que lo cuento revivo otra vez esa experiencia. Recuerdo haber viajado mucho con mi mamá en un tren. Llegamos a un lugar grande donde vivían 80 niños, mamá tocó el timbre de ese lugar tan grande y nos abrió una celadora con delantal blanco; nos hizo pasar, atravesamos un pasillo muy largo hasta el fondo donde había un patio, allí estaban esos 80 niños que esperaban a la nena nueva.
Mi mamá me dijo, bueno Helle ahora te vas a quedar acá, esos 80 niños van hacer tus amigos y esas personas de delantal blanco te van a cuidar, y se dio media vuelta me dio un beso y se fue. Me visitó por dos o tres años y después no la vi nunca más.
Sentir el abandono cuando uno es pequeño es lo peor que le puede pasar a un niño, sentir el abandono es muy triste.
Mamá había desaparecido, mis hermanos también, papá me visitó dos o tres veces y cada vez que me visitaba me decía, Helle yo voy a comprar una casa grande y te voy a llevar conmigo. 
Yo soñaba con esa casa, le creí mucho a mi papá, era más cariñoso que mi mamá.  
Esos 14 años en el hogar me permitieron soñar, era mi válvula de escape, soñaba con lo que podía llegar a hacer. En ese momento cuando papá me prometía la casa yo era feliz y yo decía algún día mi papá me va a llevar, pero papá falleció. 
En ese momento me sentí realmente sola, a pesar de estar rodeada de 80 niños, no había familia, casa, dinero, a veces no había comida, era muy difícil. 
Durante estos 14 años y durante toda mi vida sentí muchas desilusiones, pero no lástima”.
El silencio inundó la capilla Bethel, lugar donde nos encontrábamos, y Helle continuó diciendo “ésta charla es sobre la vida y de la buena, es una historia triste, pero es sobre la vida buena que Dios te puede dar”.
Todos los días nos leían la Biblia, una de las primeras cosas que aprendí fui a leerla y la segunda a orar. Yo tenía 6 años, acepte a Cristo en mi corazón.  
Una celadora que se llamaba Angélica me dijo, vení Helle que te voy a enseñar algo. 
Me llevó hasta una puerta que siempre estaba cerrada y había un cartel que decía cuarto de oración y me dijo; cualquier cosa que necesites Helle, podés venir a este cuarto, arrodillarte y pedirle a Dios lo que quieras, le pregunte ¿todo lo que yo le pida?, ella me dijo absolutamente todo, y pensé voy a vivir arrodillada. Desde ese momento mi vida cambio; esto no es mentira, es real, cada vez que necesitaba algo iba al cuarto de oración hablaba con Dios y él me respondía”. 
El encuentro estuvo compuesto en dos partes. Durante el primero Helle nos hizo reflexionar sobre la importancia de la oración, diciendo: “cuando uno tiene que sanar heridas, una de las cosas muy importantes, es la oración, es el motor que mueve a los seres humanos que tienen a Cristo en el corazón.
En una oración tengo que sentir que el espíritu me guía a pedir lo que Dios quiere, no lo que yo quiero. cada pedido tiene que ser guiado por el espíritu para que sea exitoso.
Antes de comenzar la segunda parte del encuentro, se compartió un té, y Helle firmó algunos ejemplares de su nuevo libro “Hasta la Cima en el conocimiento de Dios”, realizado junto a Silvia Chozas.
Durante el segundo momento, Helle habló sobre el perdón, comentando sobre cuando decidió perdonar a su madre, aquella que la había dejado en el hogar con solo 4 años y dijo “Dios va sanando heridas cuando uno perdona, uno siente como empieza a tomar el interior y es vaciado del rencor y la amargura”. “Es empezar a vivir de nuevo”.
Sin lugar a dudas fue una tarde para cultivar el espíritu, compartir las experiencias de Helle como yo lo estoy haciendo en esta nota, rescatando estas valiosas palabras “hay que ir trabajando nuestro interior, nuestro interior no se arregla solo, yo lo tengo que trabajar y eso es en la vida cotidiana, todo el tiempo”.
 

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Maravilloso encuentro de mujeres; una tarde muy especial bajo el lema: “Sanando heridas”

Fue una tarde más que especial, la presencia de la señora Helle Telk, escritora y conferencista de nivel internacional, nos dejó a más de una algo para reflexionar.

Su estadía desde muy pequeña en un hogar, creo fue lo que la llevó a madurar más pronto que el resto. Pero creo también, recibió un regalo divino, y como dice ella: “a los seis años acepte a Cristo en el corazón”.   

Este es un breve relato de su historia:
Helle nació en Austria y cuando tenía dos años viajó a la Argentina, junto a sus padres y dos hermanos y dice: “cuando tomamos ese barco grande a buscar nuevos horizontes, mamá una mujer estoniana, dura y fría, que no podía demostrar sus sentimientos, vivió la guerra del 46, su primer esposo murió en la guerra y mis dos hermanos estuvieron en campos de concentración. Cuando yo entré en el hogar tenía cuatro años, y cada vez que lo cuento revivo otra vez esa experiencia. Recuerdo haber viajado mucho con mi mamá en un tren. Llegamos a un lugar grande donde vivían 80 niños, mamá tocó el timbre de ese lugar tan grande y nos abrió una celadora con delantal blanco; nos hizo pasar, atravesamos un pasillo muy largo hasta el fondo donde había un patio, allí estaban esos 80 niños que esperaban a la nena nueva.
Mi mamá me dijo, bueno Helle ahora te vas a quedar acá, esos 80 niños van hacer tus amigos y esas personas de delantal blanco te van a cuidar, y se dio media vuelta me dio un beso y se fue. Me visitó por dos o tres años y después no la vi nunca más.
Sentir el abandono cuando uno es pequeño es lo peor que le puede pasar a un niño, sentir el abandono es muy triste.
Mamá había desaparecido, mis hermanos también, papá me visitó dos o tres veces y cada vez que me visitaba me decía, Helle yo voy a comprar una casa grande y te voy a llevar conmigo. 
Yo soñaba con esa casa, le creí mucho a mi papá, era más cariñoso que mi mamá.  
Esos 14 años en el hogar me permitieron soñar, era mi válvula de escape, soñaba con lo que podía llegar a hacer. En ese momento cuando papá me prometía la casa yo era feliz y yo decía algún día mi papá me va a llevar, pero papá falleció. 
En ese momento me sentí realmente sola, a pesar de estar rodeada de 80 niños, no había familia, casa, dinero, a veces no había comida, era muy difícil. 
Durante estos 14 años y durante toda mi vida sentí muchas desilusiones, pero no lástima”.
El silencio inundó la capilla Bethel, lugar donde nos encontrábamos, y Helle continuó diciendo “ésta charla es sobre la vida y de la buena, es una historia triste, pero es sobre la vida buena que Dios te puede dar”.
Todos los días nos leían la Biblia, una de las primeras cosas que aprendí fui a leerla y la segunda a orar. Yo tenía 6 años, acepte a Cristo en mi corazón.  
Una celadora que se llamaba Angélica me dijo, vení Helle que te voy a enseñar algo. 
Me llevó hasta una puerta que siempre estaba cerrada y había un cartel que decía cuarto de oración y me dijo; cualquier cosa que necesites Helle, podés venir a este cuarto, arrodillarte y pedirle a Dios lo que quieras, le pregunte ¿todo lo que yo le pida?, ella me dijo absolutamente todo, y pensé voy a vivir arrodillada. Desde ese momento mi vida cambio; esto no es mentira, es real, cada vez que necesitaba algo iba al cuarto de oración hablaba con Dios y él me respondía”. 
El encuentro estuvo compuesto en dos partes. Durante el primero Helle nos hizo reflexionar sobre la importancia de la oración, diciendo: “cuando uno tiene que sanar heridas, una de las cosas muy importantes, es la oración, es el motor que mueve a los seres humanos que tienen a Cristo en el corazón.
En una oración tengo que sentir que el espíritu me guía a pedir lo que Dios quiere, no lo que yo quiero. cada pedido tiene que ser guiado por el espíritu para que sea exitoso.
Antes de comenzar la segunda parte del encuentro, se compartió un té, y Helle firmó algunos ejemplares de su nuevo libro “Hasta la Cima en el conocimiento de Dios”, realizado junto a Silvia Chozas.
Durante el segundo momento, Helle habló sobre el perdón, comentando sobre cuando decidió perdonar a su madre, aquella que la había dejado en el hogar con solo 4 años y dijo “Dios va sanando heridas cuando uno perdona, uno siente como empieza a tomar el interior y es vaciado del rencor y la amargura”. “Es empezar a vivir de nuevo”.
Sin lugar a dudas fue una tarde para cultivar el espíritu, compartir las experiencias de Helle como yo lo estoy haciendo en esta nota, rescatando estas valiosas palabras “hay que ir trabajando nuestro interior, nuestro interior no se arregla solo, yo lo tengo que trabajar y eso es en la vida cotidiana, todo el tiempo”.
 

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