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Aborto: ponemos el carro  delante del caballo
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Aborto: ponemos el carro  delante del caballo

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Por REDACCIÓN CHUBUT

Sr. Director
Las imágenes en diarios y televisión mostraban marchas a favor y en contra del aborto. Las manifestaciones a favor las arengan los que apuntan a la confrontación, conocidos de siempre, a una audiencia de muchos adultos ya formados, y jóvenes de ambos sexos; entre ellos, el discurso exaltado de mujeres jóvenes, que exigen el aborto legal, gratuito, «porque quiero ser dueña de mi cuerpo», enfatizan.


En tanto, los congresistas estudian el tema, invitando a disertar a quienes les dicen lo que ellos quieren escuchar.
Los juristas sostienen que no existen leyes que impidan, tanto a hombres como mujeres, «ser dueños de su cuerpo». Todos pueden trabajar, vagar, comer, suicidarse, tambíen matar, robar..., claro que dentro de una sociedad, el respeto por el otro, obliga a tener leyes que castigan toda acción que perjudique o violente al otro.
Los científicos escriben, desde siempre, que el ser humano tiene arraigado el deseo de procrear, para perpetuar la especie. Tanto hombres como mujeres, tienen en sus células reproductivas, un proyecto de vida compuesto de sólo el 50% de los genes necesarios, por lo que es necesario un acto volitivo, para que se unan y originen un engendro.
La gran diferencia es un proceso notable de evolución, y la mujer es quien le da cobijo y sustento a la célula inicial, para completar su desarrollo.
Visto así, el desear o no concebir, es tarea del hombre y de la mujer, y evitar esa unión, o no. En cualquier caso, ambos deben asumir el compromiso y la voluntad de decidir. Si el deseo es no concebir, el camino es poner en práctica los numerosos métodos que desde hace 4.000 años se mencionan para evitarlo. La abstención, el derrame, el lavaje, apósitos, líquidos, geles, protectores, barreras, pastillas, parches, inyecciones, ligaduras, vasectomía, entre otros.
En cualquier relación, casual o permanente, el compromiso es tanto del hombre como de la mujer. Podemos coincidir que poco se enseña, que poco se conoce, que poco se difunde, que no existen campañas masivas de ilustración, pero, podemos cambiar si cada uno de los actores se ocupa de informarse, y verá, que existe una Ley Nacional, que pone a disposición de quien lo necesite y lo solicite, en forma gratuita, muchos de estos métodos anticonceptivos.
Quizá éste sea un buen momento para poner el caballo delante del carro, si queremos avanzar en algo tan importante.

Bebe Graci.
 

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Sr. Director
Las imágenes en diarios y televisión mostraban marchas a favor y en contra del aborto. Las manifestaciones a favor las arengan los que apuntan a la confrontación, conocidos de siempre, a una audiencia de muchos adultos ya formados, y jóvenes de ambos sexos; entre ellos, el discurso exaltado de mujeres jóvenes, que exigen el aborto legal, gratuito, «porque quiero ser dueña de mi cuerpo», enfatizan.


En tanto, los congresistas estudian el tema, invitando a disertar a quienes les dicen lo que ellos quieren escuchar.
Los juristas sostienen que no existen leyes que impidan, tanto a hombres como mujeres, «ser dueños de su cuerpo». Todos pueden trabajar, vagar, comer, suicidarse, tambíen matar, robar..., claro que dentro de una sociedad, el respeto por el otro, obliga a tener leyes que castigan toda acción que perjudique o violente al otro.
Los científicos escriben, desde siempre, que el ser humano tiene arraigado el deseo de procrear, para perpetuar la especie. Tanto hombres como mujeres, tienen en sus células reproductivas, un proyecto de vida compuesto de sólo el 50% de los genes necesarios, por lo que es necesario un acto volitivo, para que se unan y originen un engendro.
La gran diferencia es un proceso notable de evolución, y la mujer es quien le da cobijo y sustento a la célula inicial, para completar su desarrollo.
Visto así, el desear o no concebir, es tarea del hombre y de la mujer, y evitar esa unión, o no. En cualquier caso, ambos deben asumir el compromiso y la voluntad de decidir. Si el deseo es no concebir, el camino es poner en práctica los numerosos métodos que desde hace 4.000 años se mencionan para evitarlo. La abstención, el derrame, el lavaje, apósitos, líquidos, geles, protectores, barreras, pastillas, parches, inyecciones, ligaduras, vasectomía, entre otros.
En cualquier relación, casual o permanente, el compromiso es tanto del hombre como de la mujer. Podemos coincidir que poco se enseña, que poco se conoce, que poco se difunde, que no existen campañas masivas de ilustración, pero, podemos cambiar si cada uno de los actores se ocupa de informarse, y verá, que existe una Ley Nacional, que pone a disposición de quien lo necesite y lo solicite, en forma gratuita, muchos de estos métodos anticonceptivos.
Quizá éste sea un buen momento para poner el caballo delante del carro, si queremos avanzar en algo tan importante.

Bebe Graci.
 

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