Opinión

«No habría un manso para acollarar a un arisco»

Estos muchachos y muchachas que han gobernado al país y a nuestra provincia desde el 2003 han sido capaces de agarrar a un tero dormido, o sacarle varios metros de ventaja en una carrera de avestruces.

Nunca en la República, donde ha pasado de todo, hubo un equipo tan homogéneo y disciplinadamente ordenado, como el dirigido por el «totuer» -como diría un presidente uruguayo- y su consorte, oriunda de La Plata, que es capaz de pactar con el diablo con tal de recuperar la presidencia de la Nación. Seguramente, para llevarse lo que en el apuro no pudo, cuando se encontró con la dolorosa sorpresa de que el pueblo le había dado una patada allí donde la columna vertebral cambia de nombre.
Si bien en el orden nacional el escándalo supera con creces lo imaginable, en el Chubut las proporciones son similares. El matrimonio santacruceño ha tenido alumnos que en ese aspecto nada tenían para envidiarlos. Y, muchos de ellos, seguramente «ya habían sido relojeados para el nacional», como dice un tango que cantaba Gardel. Pero, brilló tanto la luz propia que irradiaban, que iluminó la curiosidad de la Justicia que hoy los tiene enjaulados, compartiendo ranchadas, recreos y cuitas con otros delincuentes como ellos.
Frente a ese oscuro panorama, la desorientación del ciudadano de todo el país, como el del Chubut es unánime. ¿Votar a quién? En el kirchnerismo y sus diversos ismos, todos los que en ese lapso han tenido funciones públicas o las siguen teniendo, han sido salpicados. Por comisión u omisión. Tiene hombres y mujeres de la vieja guardia de indudables méritos, pero se mantienen alejados. 
En la vereda de enfrente, Cambiemos. Una promesa anhelada que seguramente, si se concreta, vivirán mejor los sobrevivientes, pero una gran mayoría de argentinos que solamente comen una vez por día y mal, puedan llegar a conocer las anunciadas bondades del plan macrista. 
En ese cuadro, el radicalismo, que pudo ser una alternativa interesante para el 2019, cumple con singular éxito el papel de los «hijos de la pavota», como dicen en el barrio. Y frente a los reclamos populares, «se hacen los mochos» para que no los enlacen, como diría un hombre de campo. Soportan humillaciones, burlas, tomadas de pelo y todo cuanto se les ocurra en la Casa Rosada cuando tienen ganas de divertirse a costa de ellos. Dios te salve, Patria.

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