Opinión

Lo que se le atribuía a Darwin parece ser el concepto del PRO

Durante muchos años, no pocos historiadores argentinos generaron el repudio nacional a Charles Robert Darwin al adjudicarle la calificación de «tierra maldita» a la Patagonia, luego de su aventura de dar la vuelta al mundo en el velero HMS Beagle, entre diciembre de 1831 y octubre de 1836. 

En su detallado y largo relato habla con singular crudeza de la desolación de ese vasto territorio y de la pésima impresión que le había causado su desolación y la agresividad de su clima, donde los huracanados vientos eran permanentes y en más de una oportunidad la posibilidad del naufragio estuvo presente. De manera que su irritación era comprensible. Había encontrado en esa aventura pocos motivos para el elogio.

Pero mucho tiempo después quedó en claro que sus palabras habrían sido tergiversadas, como generalmente suele ocurrir aún hoy, cuando las historias se escriben con anteojeras. Este excéntrico pasajero del mencionado velero, comandado por Robert Fitz Roy, nunca dijo lo que se le adjudicaba con relación a su concepto sobre la Patagonia, sino que «sobre esta tierra pesa la maldición de la esterilidad».

De acuerdo a lo que actualmente está aconteciendo en el país, no han sido pocos los que piensan que a los dirigentes del PRO, que gobierna en alianza con un descolorido radicalismo, parece que no los ha convencido esa aclaración. Y todo hace suponer que siguen considerando que la Patagonia es tierra maldita, habida cuenta que no solamente se la ignora, sino que cuando se acuerdan de ella el maltrato a sus habitantes parece responder a un plan preconcebido, al que con ovejuna mansedumbre han adherido los radicales que vienen soportando humillantes burlas y que en esa alianza «son los últimos orejones del tarro».


 

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