Sábado 29 de Abril de 2017, Chubut, Patagonia Argentina
Regionales|Por Rosendo Rodríguez Labat
Defender la democracia es un imperativo de conciencia
2 Abr 2017 00:15Momentos difíciles está viviendo la República. Muy difíciles, que nos recuerda un pasado al que ningún argentino bien nacido quiere volver. Sus eternos enemigos y los nuevos, se han unido para destruirla.

 Empresarios inescrupulosos que se acostumbraron a vivir con la corrupción y para ellos la Patria tiene forma de moneda, sindicalistas que se convirtieron en multimillonarios a costa del sacrificio y -por qué no decirlo- de la ingenuidad de los trabajadores a los que tienen rehenes de sus insaciables ambiciones.

Todo ello dentro de la infame complicidad de no menos inescrupulosos políticos que hicieron de la mentira y la demagogia las únicas herramientas para ganar elecciones y repiten promesas que ya antes nuestros bisabuelos escucharon. La mayoría, cobijados bajo la bandera de un populismo que es el principal responsable del hambre que hay en muchos países que gobiernan. Lo hemos dicho muchas veces y volvemos a repetirlo: creer que los gobiernos de esa tendencia terminarán con el analfabetismo y la pobreza es de un infantilismo realmente inconcebible. Si esos flagelos no existieran, el populismo ya haría rato que estaría borrado del mapa del mundo. Qué duda cabe.

Se dirá que bajo su imperio, los pobres viven mejor porque el Estado concurre con dádivas para paliar sus necesidades básicas, es cierto. Pero los condena a una pobreza humillada y a perpetuidad, que les sirve a esos impresentables políticos para tenerlos a su disposición, y la seguridad de que pueden contar con sus votos. No es lo expuesto una opinión personal. Simplemente repetimos un concepto del ex presidente de Brasil, Lula Da Silva, que compartimos. Dijo en una oportunidad el ex mandatario del país hermano, que el asistencialismo sin límites nunca terminará con esos flagelos, sino que los consolida. Creemos que el hombre que marcó un antes y un después en Brasil, es una voz autorizada en esa materia. Fue sindicalista antes que político. No toca de oído como muchos de nuestros dirigentes. Es necesario tomar conciencia de la gravedad de la situación en la que estamos inmersos y debemos aunar esfuerzos para defender la democracia. Y la democracia, en los países civilizados siempre es defendida sin importar quién está en sus gobiernos.

Nosotros también debemos hacerlo si realmente queremos dejar de ser una republiqueta, un país bananero. Es un imperativo de conciencia. Fue caro el precio pagado para recuperarla. Demasiado caro como para olvidarlo. Hoy, con estupor vemos que personajes de la peor calaña que tuvieron mucha responsabilidad en el drama desatado en 1976 y que buena parte de la historia se ha propuesto ignorar, se están moviendo subrepticiamente y no tan subrepticiamente, para que el actual gobierno no cumpla con el mandato constitucional. Y en esa antidemocrática y sediciosa tarea, vemos abrazados a políticos de indudable notoriedad pública, con nefastos profetas de la violencia. Muchos de ellos herederos de aquéllos que Perón echó de la plaza de Mayo cuando había regresado al país en busca de la unidad nacional.

En esa confabulación están quienes quieren recuperar el gobierno para seguir haciendo lo que ya hicieron y que les significó que el pueblo, hastiado de sus abusos, los devolviera a la calle. En cambio los otros, que siguen agitando las banderas de los expulsados de la histórica plaza, no abandonan el sueño de alinearnos con Venezuela. Y a falta de votos, apelan a la violencia.

Con relación a los gobiernos kirchneristas, lo expuesto tampoco es una opinión personal. Todo lo que ahora se diga o escriba carece de relevancia. Los hechos son públicos y notorios, son demasiado elocuentes. Además, por si había alguna duda, las pruebas están en los Tribunales y muchos de sus protagonistas -no todos-, ya hace rato que están encarcelados, esperando confiados que muy pronto tendrán la compañía de quienes en este momento son asiduos concurrentes a caros estudios jurídicos con la esperanza de que encuentren algún resquicio legal, porque no tienen ningún interés en compartir la «ranchada» con Báez, López, Jaime y Milani.