Opinión

Lloro por ti, Chubut

Mirando el mapa político de la Provincia y viendo la cantidad y calidad de los que se presentan como candidatos a competir, un escozor corre por mi cuerpo, porque parece que nadie se tiene lástima a la hora de presentarse, desde ya que el pobre votante tendrá que pensar mucho y en el último de los casos, como en la ruleta rusa, apostar a ciegas y que el Supremo nos ayude.

Jugar a la política es grave, porque todos tienen derecho a postularse, pero a lo que no tienen derecho es a engañar a la gente. Hemos escuchado desde los que no tienen idea de cómo se maneja un presupuesto, hasta de saber qué es una carta orgánica, pero siguen en su propósito, apostando a poder llegar, no se sabe si para mejorar las cosas o para mejorarse ellos.
En algunos lugares del mundo para poder participar como político debe irse a la escuela, donde se enseña de qué se trata y entonces por lo menos tienen el conocimiento básico para poder participar de la contienda cívica. Nosotros no tenemos esa facilidad, pero lo menos que debería pedirse a un postulante es tener los mínimos conocimiento para manejar la cosa pública. Mientras eso no ocurra seguiremos teniendo aprendices de políticos que en la práctica ya vemos a qué nos conduce. Las ideas no aparecen por ningún lado.
Generalmente los más afectados son los cuerpos colegiados, donde por inercia de la participación en la lista llegan a ocupar un cargo. Desde el costo de la palabra que pronuncian hasta la falta de presentación de proyectos viables (porque también hay de los otros) le cuestan al Estado cifras nada despreciables. Todo en aras de la necesidad de llenar listas para cumplir con los cupos y de esta manera cualquiera puede llegar, y después vemos los resultados.
Qué diferente sería si los cargos fueran ad honorem o a los sumo con un sueldo mínimo para compensar tanto atrevimiento, aunque pensándolo un poco quizás se conformen con el traslado de influencias y todo marcha bien.
Desde ya que este comentario sólo servirá para que, como ocurre en tantas otras cosas caiga en saco roto, y en las próximas elecciones, todo siga igual. Ni hablar del costo extra que significa desdoblar esas elecciones, total el pobre pueblo aguanta y entonces nos enteramos que dinero que podría haberse destinado a paliar tantas necesidades se «tira» en una nueva patriada.
En fin seguir machacando sobre el mismo tema no sirve de nada, ya que aparentemente nadie pone en funcionamiento el cerebro para dar una verdadera respuesta al ciudadano que pacientemente debe soportar tanta desinteligencia. Y vendrán las elecciones y vendrán los candidatos y otra vez a esperar que el milagro se realice y el ciudadano común y corriente pueda decir de una vez por todas: «Valió de algo mi esfuerzo por conseguir algo mejor», pero como estamos en la Patagonia también rememoremos esa vieja película: «Lo que el viento se llevó».
 

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