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Las mentiras electoralistas
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Las mentiras electoralistas

Es evidente que hemos entrado en una campaña electoral en la provincia y algunos municipios. Lo demuestra, más allá del conocimiento que tenemos por los instrumentos legales y la comunicación por los medios, los discursos que comenzamos a escuchar en la presentación de candidatos.

Luis López Salaberry

 No existe, no se ha inventado, método alguno que nos pueda generar en nuestra percepción una división, patente y clara, de la verdad y de la mentira. No obstante, como se puede decir en un lenguaje jurídico, existen indicios que, al ser varios, coincidentes, y graves nos pueden dar, en su conjunto, la certeza que estamos en una vereda o en otra: verdad o mentira. 
También podemos utilizar los contra indicios que seguramente nos ayudarán. Pero para poder contrastar el discurso, con el presente y el pasado, sólo hay que tener capacidad de análisis de la realidad y memoria. Estas cualidades nos darán una visión que seguramente nos podrá ayudar, no solamente en calificar a los mentirosos sino también saber, aún en momentos difíciles, dónde deberíamos dirigir nuestras acciones para no equivocarnos nuevamente, si es que lo hicimos. Estamos frente a un elemento más que nos brinda la democracia: saber cuándo nos encontramos frente a un discurso ético o no. Observar si ese discurso, que pretende ser ético normalmente, tiene un vocero creíble o sus acciones pasadas lo hacen directamente convertirse en un hipócrita. ¿Estaremos dispuestos votar a los hipócritas? Yo creo que no, aunque todavía para estar frente a una verdadera democracia nos falte mucho.
Veamos un poco a nuestro alrededor. Hagamos como vulgarmente se dice un paneo para iniciar nuestra etapa de descubrimiento. Una verdadera aventura, aunque nos duela.
En primer lugar siempre se nos hizo creer que éramos ricos. Que nuestro país y nuestra provincia tenían las bendiciones de una naturaleza pródiga. Lo que nunca se aclaró es que la generación de riqueza es una creación y que la creación, lo que nos hace a los humanos diferenciables, entre otras cosas, implicaba trabajo. 
Ese trabajo, que no fue ni alentado ni generado, implicó en última instancia una distribución de la pobreza que la generalizó, a tal punto que hoy nadie de los actuales funcionarios se atreve a dar el producto bruto geográfico per cápita, por cuanto demostraría la incapacidad en la gestión de gobierno tanto a nivel provincial como en las actividades municipales donde el número de empleados excede los espacios disponibles. Hemos creado un estado débil, y extremadamente grande, que no presta los servicios que demanda la población en tiempo y forma y con calidad, que se ha olvidado del derecho administrativo, que le debe a sus proveedores y que reparte sus miserias al mejor estilo de un estado colectivista.  No solo sus miserias económicas, salvo este año por ser electoral. Desde el gobierno provincial se pide por una prórroga de la ley de emergencia económica, pero no se tiene ningún reparo de sostener, demagogia electoral, que se hará cargo de las deudas de las Cooperativas Eléctricas, sin siquiera permitirse previamente una auditoría independiente y cumplir con los trámites institucionales. También las miserias morales, que han demostrado conductas y hechos de funcionarios del actual gobierno y anteriores, calificables de delito, con el inicio de procedimientos judiciales por tantos actos de corrupción, pero con finales abiertos precisamente por contener otros funcionarios proclives a salvar sus aspiraciones personales que la verdadera administración de justicia. 
Estamos frente a un estado provincial cuyo gobierno tira las culpas hacia el pasado sin observarse en el espejo y descubrirse. Un Estado Provincial que tiene obligaciones y deudas de magnitud y que nunca pudo dar respuestas a los negocios espurios que se reflejaron en distintas actividades, como lo hemos explicado desde esta columna de reflexión, como el caso Ingentis S.A. ¿Seguimos soñando? Si estuvimos dormidos es hora de despertar.  Formando una sociedad autónoma con individuos autónomos es posible modificar el rumbo. La verdad puede no ser placentera, la realidad puede que sea dolorosa, pero seguramente el camino no es el que hemos transitado hasta ahora dado los resultados obtenidos. Un país saqueado, una provincia que acompañó la misma metodología y municipios empobrecidos merecen otras oportunidades. Nosotros también.


 

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Las mentiras electoralistas

Es evidente que hemos entrado en una campaña electoral en la provincia y algunos municipios. Lo demuestra, más allá del conocimiento que tenemos por los instrumentos legales y la comunicación por los medios, los discursos que comenzamos a escuchar en la presentación de candidatos.

 No existe, no se ha inventado, método alguno que nos pueda generar en nuestra percepción una división, patente y clara, de la verdad y de la mentira. No obstante, como se puede decir en un lenguaje jurídico, existen indicios que, al ser varios, coincidentes, y graves nos pueden dar, en su conjunto, la certeza que estamos en una vereda o en otra: verdad o mentira. 
También podemos utilizar los contra indicios que seguramente nos ayudarán. Pero para poder contrastar el discurso, con el presente y el pasado, sólo hay que tener capacidad de análisis de la realidad y memoria. Estas cualidades nos darán una visión que seguramente nos podrá ayudar, no solamente en calificar a los mentirosos sino también saber, aún en momentos difíciles, dónde deberíamos dirigir nuestras acciones para no equivocarnos nuevamente, si es que lo hicimos. Estamos frente a un elemento más que nos brinda la democracia: saber cuándo nos encontramos frente a un discurso ético o no. Observar si ese discurso, que pretende ser ético normalmente, tiene un vocero creíble o sus acciones pasadas lo hacen directamente convertirse en un hipócrita. ¿Estaremos dispuestos votar a los hipócritas? Yo creo que no, aunque todavía para estar frente a una verdadera democracia nos falte mucho.
Veamos un poco a nuestro alrededor. Hagamos como vulgarmente se dice un paneo para iniciar nuestra etapa de descubrimiento. Una verdadera aventura, aunque nos duela.
En primer lugar siempre se nos hizo creer que éramos ricos. Que nuestro país y nuestra provincia tenían las bendiciones de una naturaleza pródiga. Lo que nunca se aclaró es que la generación de riqueza es una creación y que la creación, lo que nos hace a los humanos diferenciables, entre otras cosas, implicaba trabajo. 
Ese trabajo, que no fue ni alentado ni generado, implicó en última instancia una distribución de la pobreza que la generalizó, a tal punto que hoy nadie de los actuales funcionarios se atreve a dar el producto bruto geográfico per cápita, por cuanto demostraría la incapacidad en la gestión de gobierno tanto a nivel provincial como en las actividades municipales donde el número de empleados excede los espacios disponibles. Hemos creado un estado débil, y extremadamente grande, que no presta los servicios que demanda la población en tiempo y forma y con calidad, que se ha olvidado del derecho administrativo, que le debe a sus proveedores y que reparte sus miserias al mejor estilo de un estado colectivista.  No solo sus miserias económicas, salvo este año por ser electoral. Desde el gobierno provincial se pide por una prórroga de la ley de emergencia económica, pero no se tiene ningún reparo de sostener, demagogia electoral, que se hará cargo de las deudas de las Cooperativas Eléctricas, sin siquiera permitirse previamente una auditoría independiente y cumplir con los trámites institucionales. También las miserias morales, que han demostrado conductas y hechos de funcionarios del actual gobierno y anteriores, calificables de delito, con el inicio de procedimientos judiciales por tantos actos de corrupción, pero con finales abiertos precisamente por contener otros funcionarios proclives a salvar sus aspiraciones personales que la verdadera administración de justicia. 
Estamos frente a un estado provincial cuyo gobierno tira las culpas hacia el pasado sin observarse en el espejo y descubrirse. Un Estado Provincial que tiene obligaciones y deudas de magnitud y que nunca pudo dar respuestas a los negocios espurios que se reflejaron en distintas actividades, como lo hemos explicado desde esta columna de reflexión, como el caso Ingentis S.A. ¿Seguimos soñando? Si estuvimos dormidos es hora de despertar.  Formando una sociedad autónoma con individuos autónomos es posible modificar el rumbo. La verdad puede no ser placentera, la realidad puede que sea dolorosa, pero seguramente el camino no es el que hemos transitado hasta ahora dado los resultados obtenidos. Un país saqueado, una provincia que acompañó la misma metodología y municipios empobrecidos merecen otras oportunidades. Nosotros también.


 

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