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La Ley del Talión
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La Ley del Talión

En el siglo XVIII antes de Cristo el rey Hammurabi de Babilonia implantó lo que denominó la Ley del Talión, por la cual se condenaba al infractor a una pena equivalente al mal cometido. Si había asesinado pagaba con su vida, ya que era ajusticiado con la muerte, los violadores eran castrados y en el caso de los que robaban se les amputaban las manos. ¿Se imaginan cuántos mancos habría en la actualidad?

Emilio Balado

Uno piensa que antiguamente todo era barbarie a juzgar por lo que nos cuenta la historia, aunque indudablemente también pasaron cosas muy lindas que fueron dando forma al mundo actual, proyectando un futuro que nos va brindando más comodidad, pero que lamentablemente también nos va trayendo cada vez más complicaciones, a juzgar por lo que ocurre.
Ya en la antigüedad las malas costumbres tenían sus reglas y hasta en el mismo Sermón de la Montaña se trata el tema, como el ojo por ojo, atenuado desde ya por la misericordia del Señor, pero que deja en claro la preocupación que existía por los malos procederes. Hoy la cosa se ha complicado y en un mundo convulsionado los males se han incrementado. Tal es así que no es extraño el horror de la guerra, el tráfico de armas, el narcotráfico, y muchos más etcéteras que nos acompañan cotidianamente, sin que se vea lo mucho que se puede corregir pese a todos los procedimientos que se intentan. Así las cosas, la delincuencia se ha apropiado de gran parte de nuestras vidas, sin que pareciera que se le puede poner freno. Las leyes (que hacen los hombres) no alcanzan a cubrir una justa compensación a tanto despropósito.
Entonces el común de la gente se pregunta: ¿qué pasa con los tan sonados casos de corrupción en el Chubut, de contrabando de drogas, de la delincuencia cotidiana, de la nueva denuncia de corrupción en el gobierno y tantos otros casos que pareciera no son resueltos a juzgar por el tiempo que transcurre sin que se sepa en qué terminarán? Aún andan sueltos y sin purgar culpas muchos bandidos, que se pasean alegremente por las calles protegidos no sabemos por qué códigos, de tal manera que da la impresión que fueron hechos por los infractores y no por nuestros representantes, que deberían procurar acentuar las leyes a los límites correctos, sin necesidad de que pensemos que como en la antigüedad deba aplicarse la Ley del Talión. ¿O es que aquéllos eran más inteligentes que nosotros, más justos, o más realistas de las situaciones que les tocó vivir?
En unas semanas más volverán las elecciones y los candidatos afloran por todas partes y el ciudadano inocente otra vez votará y es muy probable que no sea a los mejores, porque todos tienen muy buena dialéctica, pero como dice el refrán «en la cancha se ven los pingos», y por cierto que ya hemos visto bastantes aprendices de jinetes que en la práctica nos han defraudado bastante. Sepa el pueblo votar, decía alguien, y por cierto, que sí es necesario saber votar. Entonces no tendríamos que recordar que existió una Ley del Talión, para curar males.
 

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La Ley del Talión

En el siglo XVIII antes de Cristo el rey Hammurabi de Babilonia implantó lo que denominó la Ley del Talión, por la cual se condenaba al infractor a una pena equivalente al mal cometido. Si había asesinado pagaba con su vida, ya que era ajusticiado con la muerte, los violadores eran castrados y en el caso de los que robaban se les amputaban las manos. ¿Se imaginan cuántos mancos habría en la actualidad?

Uno piensa que antiguamente todo era barbarie a juzgar por lo que nos cuenta la historia, aunque indudablemente también pasaron cosas muy lindas que fueron dando forma al mundo actual, proyectando un futuro que nos va brindando más comodidad, pero que lamentablemente también nos va trayendo cada vez más complicaciones, a juzgar por lo que ocurre.
Ya en la antigüedad las malas costumbres tenían sus reglas y hasta en el mismo Sermón de la Montaña se trata el tema, como el ojo por ojo, atenuado desde ya por la misericordia del Señor, pero que deja en claro la preocupación que existía por los malos procederes. Hoy la cosa se ha complicado y en un mundo convulsionado los males se han incrementado. Tal es así que no es extraño el horror de la guerra, el tráfico de armas, el narcotráfico, y muchos más etcéteras que nos acompañan cotidianamente, sin que se vea lo mucho que se puede corregir pese a todos los procedimientos que se intentan. Así las cosas, la delincuencia se ha apropiado de gran parte de nuestras vidas, sin que pareciera que se le puede poner freno. Las leyes (que hacen los hombres) no alcanzan a cubrir una justa compensación a tanto despropósito.
Entonces el común de la gente se pregunta: ¿qué pasa con los tan sonados casos de corrupción en el Chubut, de contrabando de drogas, de la delincuencia cotidiana, de la nueva denuncia de corrupción en el gobierno y tantos otros casos que pareciera no son resueltos a juzgar por el tiempo que transcurre sin que se sepa en qué terminarán? Aún andan sueltos y sin purgar culpas muchos bandidos, que se pasean alegremente por las calles protegidos no sabemos por qué códigos, de tal manera que da la impresión que fueron hechos por los infractores y no por nuestros representantes, que deberían procurar acentuar las leyes a los límites correctos, sin necesidad de que pensemos que como en la antigüedad deba aplicarse la Ley del Talión. ¿O es que aquéllos eran más inteligentes que nosotros, más justos, o más realistas de las situaciones que les tocó vivir?
En unas semanas más volverán las elecciones y los candidatos afloran por todas partes y el ciudadano inocente otra vez votará y es muy probable que no sea a los mejores, porque todos tienen muy buena dialéctica, pero como dice el refrán «en la cancha se ven los pingos», y por cierto que ya hemos visto bastantes aprendices de jinetes que en la práctica nos han defraudado bastante. Sepa el pueblo votar, decía alguien, y por cierto, que sí es necesario saber votar. Entonces no tendríamos que recordar que existió una Ley del Talión, para curar males.
 

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