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¿Qué Argentina pretendemos y queremos?

Creo que uno de los elementos esenciales básicos para poder salir de una situación de crisis es la integración nacional. También para crecer simultáneamente. Ahora bien, si hemos permanentemente entrado en crisis es evidente que ha dominado el fenómeno de la desintegración.

Luis López Salaberry

Ello es constatable en nuestra historia y en nuestro presente. La historia del país del fin del mundo, tomando palabras del Papa Francisco al reflexionar desde donde llegaba a Roma. También en sus palabras la de aquél que, si le hubiera dejado al pueblo argentino elegir su nombre, le hubieran aconsejado la de Jesús I. ¿Parece una contradicción, no? Porque más allá de la ideología política del Papa, que se le atribuye por sus hechos y las palabras de jerarcas de la Iglesia Católica, que es teóricamente la mayoritaria en nuestro país, la cuestión, entiendo, se enmarca en la sociología: no constituir o temer constituir la figura de un dueño de esa integración. Para impedirlo, se profundiza la grieta. Pero nos vamos a tener que definir porque si no la tendencia hacia el futuro es que nos quedemos discutiendo cuestiones tribales, cuando la civilización avance descubriendo nuevos derroteros para un mejor vivir. Esta definición tiene plazos que están fijados por ley y faltan pocos días. Por lo pronto deberíamos reflexionar sobre lo que nos pasa en nuestra provincia, que es un ejemplo adecuado para tomar verdadera dimensión de lo que es un proceso donde las instituciones se diluyen en el caos. La cruda realidad nos muestra escuelas destrozadas, cortes de rutas, incendios de bienes públicos, amenazas de personas que ocupan cargos públicos, desconocimiento de las normas en personas que no puede admitirse tal ignorancia por las funciones que cumplen, ocupación de oficinas públicas convertidas en verdaderas tolderías, tanto por adultos como adolescentes, y tantas otras determinaciones que importan una verdadera anarquía. Hoy ya no se puede hablar de obligaciones y derechos. Creo que se han superado todos los límites, igual que el slogan que tenía el gobernador Das Neves y publicitaba durante su gestión. Aquellos que gobiernan, que por otra parte han dejado en el olvido que nuestra Constitución Provincial también  tiene un Preámbulo que la integra y que reza: «... con el objeto de garantizar a todos los habitantes el pleno goce de sus derechos, su protagonismo político y un desarrollo humano igualitario; consolidar los beneficios de la libertad, la educación, la justicia, la seguridad y la solidaridad...» y que establece obligaciones y funciones para reafirmar la identidad provincial,  dan la sensación que se han quedado en la fachada.
No es cierto que los países que han vivido crisis profundas puedan salir rápidamente de ellas. Todo lo contrario. Hay países que luego de vivir guerras, y han constatado el horror de los hechos, han podido superarlos y, es probable, que con mayor rapidez que aquéllos que no la han tenido, porque frente a cualquier contingencia aparecía el recuerdo del horror. De otra manera es imposible hoy observar como países europeos, caso Croacia, han podido resurgir aún con el Fondo Monetario Internacional en sus espaldas. Pero este no es el caso de Portugal que se quiere mostrar como un ejemplo. Portugal ha pasado por largos años de desencuentros, pobreza, altísimo desempleo y casi nula inversión. De su historia imperial no quedaba nada hace unos quince años atrás y hoy, es cierto que está saliendo, pero con un sacrificio previo y privaciones de muchos sectores que se vieron obligados a entender que sin el esfuerzo de todos, sin educación y capacitación para nuevos tipos de empleo, dejando de lado hasta parte de los sueldos, y sin el trabajo que acompañara las nuevas inversiones, era imposible ingresar en la unión europea y levantarse como país receptor de nuevas alternativas, receptor de quienes se habían ido y ofrecer bienestar a su población. El mundo nos da ejemplos para que podamos aprender y no tener que pasar por experiencias traumáticas. Seguramente en el cerebro de un reptil no entrarían estos ejemplos, pero nosotros los argentinos hemos demostrado en muchas oportunidades que, como seres humanos, somos capaces de lograr grandes cosas. Hoy podría ser una oportunidad para demostrarlo y de una vez por todas superar este permanente retorno al pasado. Para no dejar pasar por alto un buen augurio: El Preámbulo de nuestra Constitución termina diciendo: «... continuando la tradición de los hombres que nos dieron la independencia y organizaron la República e invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, ordenamos, decretamos y promulgamos esta Constitución para la Provincia del Chubut.» A nosotros nos toca cumplirla.
 

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¿Qué Argentina pretendemos y queremos?

Creo que uno de los elementos esenciales básicos para poder salir de una situación de crisis es la integración nacional. También para crecer simultáneamente. Ahora bien, si hemos permanentemente entrado en crisis es evidente que ha dominado el fenómeno de la desintegración.

Ello es constatable en nuestra historia y en nuestro presente. La historia del país del fin del mundo, tomando palabras del Papa Francisco al reflexionar desde donde llegaba a Roma. También en sus palabras la de aquél que, si le hubiera dejado al pueblo argentino elegir su nombre, le hubieran aconsejado la de Jesús I. ¿Parece una contradicción, no? Porque más allá de la ideología política del Papa, que se le atribuye por sus hechos y las palabras de jerarcas de la Iglesia Católica, que es teóricamente la mayoritaria en nuestro país, la cuestión, entiendo, se enmarca en la sociología: no constituir o temer constituir la figura de un dueño de esa integración. Para impedirlo, se profundiza la grieta. Pero nos vamos a tener que definir porque si no la tendencia hacia el futuro es que nos quedemos discutiendo cuestiones tribales, cuando la civilización avance descubriendo nuevos derroteros para un mejor vivir. Esta definición tiene plazos que están fijados por ley y faltan pocos días. Por lo pronto deberíamos reflexionar sobre lo que nos pasa en nuestra provincia, que es un ejemplo adecuado para tomar verdadera dimensión de lo que es un proceso donde las instituciones se diluyen en el caos. La cruda realidad nos muestra escuelas destrozadas, cortes de rutas, incendios de bienes públicos, amenazas de personas que ocupan cargos públicos, desconocimiento de las normas en personas que no puede admitirse tal ignorancia por las funciones que cumplen, ocupación de oficinas públicas convertidas en verdaderas tolderías, tanto por adultos como adolescentes, y tantas otras determinaciones que importan una verdadera anarquía. Hoy ya no se puede hablar de obligaciones y derechos. Creo que se han superado todos los límites, igual que el slogan que tenía el gobernador Das Neves y publicitaba durante su gestión. Aquellos que gobiernan, que por otra parte han dejado en el olvido que nuestra Constitución Provincial también  tiene un Preámbulo que la integra y que reza: «... con el objeto de garantizar a todos los habitantes el pleno goce de sus derechos, su protagonismo político y un desarrollo humano igualitario; consolidar los beneficios de la libertad, la educación, la justicia, la seguridad y la solidaridad...» y que establece obligaciones y funciones para reafirmar la identidad provincial,  dan la sensación que se han quedado en la fachada.
No es cierto que los países que han vivido crisis profundas puedan salir rápidamente de ellas. Todo lo contrario. Hay países que luego de vivir guerras, y han constatado el horror de los hechos, han podido superarlos y, es probable, que con mayor rapidez que aquéllos que no la han tenido, porque frente a cualquier contingencia aparecía el recuerdo del horror. De otra manera es imposible hoy observar como países europeos, caso Croacia, han podido resurgir aún con el Fondo Monetario Internacional en sus espaldas. Pero este no es el caso de Portugal que se quiere mostrar como un ejemplo. Portugal ha pasado por largos años de desencuentros, pobreza, altísimo desempleo y casi nula inversión. De su historia imperial no quedaba nada hace unos quince años atrás y hoy, es cierto que está saliendo, pero con un sacrificio previo y privaciones de muchos sectores que se vieron obligados a entender que sin el esfuerzo de todos, sin educación y capacitación para nuevos tipos de empleo, dejando de lado hasta parte de los sueldos, y sin el trabajo que acompañara las nuevas inversiones, era imposible ingresar en la unión europea y levantarse como país receptor de nuevas alternativas, receptor de quienes se habían ido y ofrecer bienestar a su población. El mundo nos da ejemplos para que podamos aprender y no tener que pasar por experiencias traumáticas. Seguramente en el cerebro de un reptil no entrarían estos ejemplos, pero nosotros los argentinos hemos demostrado en muchas oportunidades que, como seres humanos, somos capaces de lograr grandes cosas. Hoy podría ser una oportunidad para demostrarlo y de una vez por todas superar este permanente retorno al pasado. Para no dejar pasar por alto un buen augurio: El Preámbulo de nuestra Constitución termina diciendo: «... continuando la tradición de los hombres que nos dieron la independencia y organizaron la República e invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, ordenamos, decretamos y promulgamos esta Constitución para la Provincia del Chubut.» A nosotros nos toca cumplirla.
 

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