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Argentina y Estados Unidos
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Argentina y Estados Unidos

Por Emilio Balado: Analizando nuestra historia y también el presente, nos damos cuenta del avance  a los tropezones que tenemos como país, cuando nuestro destino debería ser recto como una pista de aterrizaje.

Por REDACCIÓN CHUBUT

¿Qué nos ha pasado? Es una buena pregunta. Un país grande y rico, casi despoblado, con todo lo que el mundo puede imaginar dentro de las fronteras y que hoy podría ser una gran potencia, como lo auguraron muchos otros países del mundo. Sin embargo aquí estamos estancados a pesar de los más de dos siglos de independencia. Claro está, si nos remontamos a la historia nos daremos cuenta rápidamente de nuestros desencuentros y nuestra falta de planificación hacia metas precisas que fueran sostenidas en el tiempo, en un proyecto de nación con rumbos fijos y respetados por toda la ciudadanía y los dirigentes que nos tocó como gobernantes. Pero no. Que los anti a un lado y los anti al otro como si fuera un partido Boca- River, no  permiten ver un futuro  de grandeza que nos merecemos.

Seguimos discutiendo si hacemos aquello o aquello otro y el tiempo se nos escurre de la mano como un chorro de agua y de esos primeros puestos en el ranking mundial hemos bajado escalones hasta echar miedo. Fuimos una cuasi colonia económica y giramos así un populismo sin destino del cual aún hoy estamos pagando las consecuencias. Fuimos ricos y aún lo somos pero endeudados hasta la médula. Para colmo la educación que debió existir para que los habitantes adquirieran conciencia de trabajo, respeto ciudadano y otras cosas más se esfumó en el tiempo y en estos momentos podemos palpar la irresponsabilidad en las calles.

Tenemos un litoral enorme, riquísimo y desprotegido. Las naciones del mundo se nos acercan para poder aprovechar tanta riqueza que nosotros no sabemos usar. Faltan inversiones con una buena flota, con fábricas y mercados para poder  exportar como debiéramos. Poseemos agua abundante para abastecer a un mundo cada vez más sediento y no tenemos una planificación de su utilización a futuro. En fin, podríamos seguir enumerando tantas cosas y posibilidades más pero no solucionaríamos nada, porque parece que estamos ciegos.

Un viejo diccionario español de las primeras décadas del siglo XX (que tengo la suerte de poseer) señalaba en su análisis general y de información de nuestro país, que: «Difícil es predecir el curso de los sucesos, pero todo hace creer que la República Argentina está llamada a rivalizar en su día con los Estados Unidos de la América del Norte, tanto por la riqueza y extensión de sus suelo, como por la actividad de sus habitantes y el desarrollo e importancia de su industria y su comercio, cuyo progreso no puede ser más visible».

Entonces debemos preguntarnos: ¿Qué nos pasó?  Y es allí que debemos remontarnos a mi comentario del principio. ¿Podremos alguna vez enderezar el rumbo? En los argentinos está la repuesta.

 

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Argentina y Estados Unidos

Por Emilio Balado: Analizando nuestra historia y también el presente, nos damos cuenta del avance  a los tropezones que tenemos como país, cuando nuestro destino debería ser recto como una pista de aterrizaje.

¿Qué nos ha pasado? Es una buena pregunta. Un país grande y rico, casi despoblado, con todo lo que el mundo puede imaginar dentro de las fronteras y que hoy podría ser una gran potencia, como lo auguraron muchos otros países del mundo. Sin embargo aquí estamos estancados a pesar de los más de dos siglos de independencia. Claro está, si nos remontamos a la historia nos daremos cuenta rápidamente de nuestros desencuentros y nuestra falta de planificación hacia metas precisas que fueran sostenidas en el tiempo, en un proyecto de nación con rumbos fijos y respetados por toda la ciudadanía y los dirigentes que nos tocó como gobernantes. Pero no. Que los anti a un lado y los anti al otro como si fuera un partido Boca- River, no  permiten ver un futuro  de grandeza que nos merecemos.

Seguimos discutiendo si hacemos aquello o aquello otro y el tiempo se nos escurre de la mano como un chorro de agua y de esos primeros puestos en el ranking mundial hemos bajado escalones hasta echar miedo. Fuimos una cuasi colonia económica y giramos así un populismo sin destino del cual aún hoy estamos pagando las consecuencias. Fuimos ricos y aún lo somos pero endeudados hasta la médula. Para colmo la educación que debió existir para que los habitantes adquirieran conciencia de trabajo, respeto ciudadano y otras cosas más se esfumó en el tiempo y en estos momentos podemos palpar la irresponsabilidad en las calles.

Tenemos un litoral enorme, riquísimo y desprotegido. Las naciones del mundo se nos acercan para poder aprovechar tanta riqueza que nosotros no sabemos usar. Faltan inversiones con una buena flota, con fábricas y mercados para poder  exportar como debiéramos. Poseemos agua abundante para abastecer a un mundo cada vez más sediento y no tenemos una planificación de su utilización a futuro. En fin, podríamos seguir enumerando tantas cosas y posibilidades más pero no solucionaríamos nada, porque parece que estamos ciegos.

Un viejo diccionario español de las primeras décadas del siglo XX (que tengo la suerte de poseer) señalaba en su análisis general y de información de nuestro país, que: «Difícil es predecir el curso de los sucesos, pero todo hace creer que la República Argentina está llamada a rivalizar en su día con los Estados Unidos de la América del Norte, tanto por la riqueza y extensión de sus suelo, como por la actividad de sus habitantes y el desarrollo e importancia de su industria y su comercio, cuyo progreso no puede ser más visible».

Entonces debemos preguntarnos: ¿Qué nos pasó?  Y es allí que debemos remontarnos a mi comentario del principio. ¿Podremos alguna vez enderezar el rumbo? En los argentinos está la repuesta.

 

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