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Necesitamos una  Ley de Educación Sexual Integral
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Necesitamos una  Ley de Educación Sexual Integral

Sr. Director:
Hoy en día por los medios se ha criticado mucho al doctor Albino, por su afirmación de que el preservativo no impide el traspaso del virus del sida. A fines de la década del ochenta trabajé en el laboratorio del Hospital infectocontagioso San Juan de Dios de la ciudad de La Plata, Buenos Aires.

Por REDACCIÓN CHUBUT

Allí ingresaba el primer caso de sida de nuestro país con resultado mortal, trabajaba como técnico de laboratorio mientras estudiaba abogacía. En el microscopio óptico, con 30 aumentos (30x), podíamos ver en las muestras de orina muchas veces presencia de espermatozoides. Si con ese aumento ponemos un preservativo también podemos verlo como si fuera una red llena de agujeros. En cambio al virus del sida, como a cualquier otro virus, no se le podía ver con microscopios ópticos, había que utilizar fosforescencia y un microscopio electrónico de 100.000 aumentos (100.000 x). Por eso ya en esa época nos explicaban que el preservativo es lo más seguro pero no seguro del todo para impedir el contagio del sida y que la única forma de prevenir la propagación de la enfermedad era volver a la pareja monogámica. En otras palabras volver a la fidelidad. Se ha confundido educación sexual con educación genital reproductiva y anti reproductiva, se enseñan métodos anticonceptivos, pero no se explican los problemas y riesgos de los mismos. Pareciera que estos programas estuviesen financiados por los laboratorios farmacéuticos. Es necesario que se incluyan valores como fidelidad, respeto, amor, sin connotaciones religiosas o políticas que generan rechazo por quienes no comparten religiones o partidos. La formación sexual integral debe basarse en la verdad en la ética y la moral. La mentira más peligrosa es aquella que oculta parte de la verdad. Por eso hay que enseñar el pro pero también la contra de todos y cada uno de los métodos anticonceptivos. Es necesario educar para la libertad, no para el libertinaje, para el respeto al propio cuerpo y el del otro, para la verdad y no para la mentira.

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Necesitamos una  Ley de Educación Sexual Integral

Sr. Director:
Hoy en día por los medios se ha criticado mucho al doctor Albino, por su afirmación de que el preservativo no impide el traspaso del virus del sida. A fines de la década del ochenta trabajé en el laboratorio del Hospital infectocontagioso San Juan de Dios de la ciudad de La Plata, Buenos Aires.

Allí ingresaba el primer caso de sida de nuestro país con resultado mortal, trabajaba como técnico de laboratorio mientras estudiaba abogacía. En el microscopio óptico, con 30 aumentos (30x), podíamos ver en las muestras de orina muchas veces presencia de espermatozoides. Si con ese aumento ponemos un preservativo también podemos verlo como si fuera una red llena de agujeros. En cambio al virus del sida, como a cualquier otro virus, no se le podía ver con microscopios ópticos, había que utilizar fosforescencia y un microscopio electrónico de 100.000 aumentos (100.000 x). Por eso ya en esa época nos explicaban que el preservativo es lo más seguro pero no seguro del todo para impedir el contagio del sida y que la única forma de prevenir la propagación de la enfermedad era volver a la pareja monogámica. En otras palabras volver a la fidelidad. Se ha confundido educación sexual con educación genital reproductiva y anti reproductiva, se enseñan métodos anticonceptivos, pero no se explican los problemas y riesgos de los mismos. Pareciera que estos programas estuviesen financiados por los laboratorios farmacéuticos. Es necesario que se incluyan valores como fidelidad, respeto, amor, sin connotaciones religiosas o políticas que generan rechazo por quienes no comparten religiones o partidos. La formación sexual integral debe basarse en la verdad en la ética y la moral. La mentira más peligrosa es aquella que oculta parte de la verdad. Por eso hay que enseñar el pro pero también la contra de todos y cada uno de los métodos anticonceptivos. Es necesario educar para la libertad, no para el libertinaje, para el respeto al propio cuerpo y el del otro, para la verdad y no para la mentira.

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