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Ahora no habrá candidatos bendecidos, quedaron librados a su propia suerte
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Ahora no habrá candidatos bendecidos, quedaron librados a su propia suerte

Es posible que con el fallecimiento de Mario Das Neves el imperio del «dedo» desaparezca del panorama político chubutense y se reinstalen las elecciones internas como el método idóneo para elegir a los candidatos para la ocupación de las funciones públicas, conforme a elementales normas democráticas.

Rosendo Rodríguez Labat

Esa insana práctica nació cuando Perón se constituia en un descollante líder absoluto del avasallante movimiento popular al que, fiel a su formación militar, mantuvo disciplinado y manejó con singular severidad castrense. Y hasta también lo hizo, aunque no en la misma medida, el radicalismo. Pero generalmente optaba por los acuerdos de cúpulas. Tan antidemocrático uno como el otro. En ambos casos, los afiliados se convertían en «convidados de piedra». Seguramente, la generación de la prevalencia del personalismo, haya sido el motivo por el cual la aparición de nuevas figuras con sustento popular, más que escasa, podría afirmarse que ha sido nula en los últimos años.
En estos momentos esa situación la está viviendo el Chusoto, el partido provincial constituido por Mario Das Neves, de un desprendimiento del justicialismo. Con su muerte, cunde la desorientación en sus seguidores. No obstante su prolongada y exitosa trayectoria política que lo instaló en tres oportunidades en el gobierno de la Provincia, no ha dejado herederos. Por supuesto que, como ocurre siempre, abundan quienes se adjudican esa condición, pero ninguno de ellos cuenta ni con el mínimo de los méritos imprescindibles para ocupar el vacío que ha dejado. Ni en la Legislatura, como también en el Poder Ejecutivo, ni en las municipalidades, ha aparecido alguien con legítimos derechos para reclamar esa herencia, cuya vacancia les guste o no les guste, tendrán que aceptarla. Quienes soñaban con reemplazarlo en el 2019 porque creían que contarían con su bendición, han quedado huérfanos y librados a su propia suerte. Frente a ellos, un Mariano Arcioni que se juega una carta dificilísima, de ser o no ser. Si logra revertir la grave situación en la que ha recibido la provincia y se despega de la demagógica y chauvinista política que impide la explotación de los minerales que abundan en su territorio, puede convertirse, no obstante el escaso tiempo de su mandato, en una importante figura de la política chubutense. Caso contrario, su ocaso estará a la vuelta de la esquina. En estos momentos el escribano comodorense concentra la esperanza de que la normalidad se reinstale. Que «le cascotearán el rancho» desde muchos sectores a los que ha desplazado y a los que aún debe desplazar, no hay duda alguna, pero en la medida que se rodee de colaboradores capaces y honestos, seguramente podrá cumplir con el cometido propuesto.

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Ahora no habrá candidatos bendecidos, quedaron librados a su propia suerte

Es posible que con el fallecimiento de Mario Das Neves el imperio del «dedo» desaparezca del panorama político chubutense y se reinstalen las elecciones internas como el método idóneo para elegir a los candidatos para la ocupación de las funciones públicas, conforme a elementales normas democráticas.

Esa insana práctica nació cuando Perón se constituia en un descollante líder absoluto del avasallante movimiento popular al que, fiel a su formación militar, mantuvo disciplinado y manejó con singular severidad castrense. Y hasta también lo hizo, aunque no en la misma medida, el radicalismo. Pero generalmente optaba por los acuerdos de cúpulas. Tan antidemocrático uno como el otro. En ambos casos, los afiliados se convertían en «convidados de piedra». Seguramente, la generación de la prevalencia del personalismo, haya sido el motivo por el cual la aparición de nuevas figuras con sustento popular, más que escasa, podría afirmarse que ha sido nula en los últimos años.
En estos momentos esa situación la está viviendo el Chusoto, el partido provincial constituido por Mario Das Neves, de un desprendimiento del justicialismo. Con su muerte, cunde la desorientación en sus seguidores. No obstante su prolongada y exitosa trayectoria política que lo instaló en tres oportunidades en el gobierno de la Provincia, no ha dejado herederos. Por supuesto que, como ocurre siempre, abundan quienes se adjudican esa condición, pero ninguno de ellos cuenta ni con el mínimo de los méritos imprescindibles para ocupar el vacío que ha dejado. Ni en la Legislatura, como también en el Poder Ejecutivo, ni en las municipalidades, ha aparecido alguien con legítimos derechos para reclamar esa herencia, cuya vacancia les guste o no les guste, tendrán que aceptarla. Quienes soñaban con reemplazarlo en el 2019 porque creían que contarían con su bendición, han quedado huérfanos y librados a su propia suerte. Frente a ellos, un Mariano Arcioni que se juega una carta dificilísima, de ser o no ser. Si logra revertir la grave situación en la que ha recibido la provincia y se despega de la demagógica y chauvinista política que impide la explotación de los minerales que abundan en su territorio, puede convertirse, no obstante el escaso tiempo de su mandato, en una importante figura de la política chubutense. Caso contrario, su ocaso estará a la vuelta de la esquina. En estos momentos el escribano comodorense concentra la esperanza de que la normalidad se reinstale. Que «le cascotearán el rancho» desde muchos sectores a los que ha desplazado y a los que aún debe desplazar, no hay duda alguna, pero en la medida que se rodee de colaboradores capaces y honestos, seguramente podrá cumplir con el cometido propuesto.

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