El partido se rompió en momentos puntuales. Fue igualdad 2-2 en la Villa Deportiva. Y en esa lectura se detuvo el entrenador del CEC, Juan Samso, que no esquivó la polémica, pero eligió ir más allá. “La verdad que las expulsiones cambiaron mucho el transcurso del partido, porque venía siendo parejo, con acciones para los dos lados”, resumió.
En ese punto, diferenció situaciones. Sobre la primera roja no objetó, pero en la segunda fue más crítico: consideró que el árbitro, Gonzalo Suárez, “se excede” y que la jugada podría haberse resuelto con una amonestación. “Se podría haber manejado hablándolo”, sostuvo.
Más allá del arbitraje, el análisis puertas adentro apuntó a la autocrítica. “Tenemos que aprender de esos errores, personales o forzados por nosotros mismos, que nos terminan condenando más allá de las decisiones de los árbitros”, explicó, en línea con lo trabajado junto al cuerpo técnico.
El tramo final dejó la jugada que encendió la bronca: una mano rival que terminó en gol y que, según el entrenador, fue evidente. “La vio toda la cancha menos los que tienen que tomar decisiones. Pero puede pasar”, dijo, sin profundizar en la queja y reforzando la idea de sostener el rumbo. “Hay que seguir entrenando por el camino que venimos haciendo”, agregó.

Incluso en inferioridad numérica, Samso valoró la respuesta física del plantel. “Estar casi todo un tiempo con dos hombres menos y que los chicos lo aguanten así, habla bien de ellos”, remarcó.
En lo futbolístico, el equipo capitalizó cada espacio. El primer gol llegó de contraataque, cuando su equipo ya jugaba con uno menos: Mauricio Barriga enganchó hacia el medio y definió al ángulo. El segundo, también en transición rápida y con dos jugadores de más en cancha, tuvo otra vez a Barriga como protagonista: desbordó, definió cruzado, la pelota dio en el palo y convirtió en el rebote.
El cierre dejó además una preocupación. El arquero Matías Alcayaga debió salir lesionado y los estudios confirmaron una lesión muscular en el cuádriceps de la pierna derecha.
Como dato llamativo, el juez de línea César Ramoa reconoció ante los reclamos que había visto la mano, aunque aclaró que la decisión final no dependía de él: “Yo le aviso al árbitro, pero la decisión no recae en mí”, repetía mientras era rodeado por los jugadores.