Paraíso salvado: el Grupo de Trabajo sobre Energía Nuclear dice no a la energía nuclear en Hawái
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El informe final del Grupo de Trabajo de Energía Nuclear dice que la energía nuclear no es viable en Hawái y que el estado no debería cambiar sus leyes ni su constitución para habilitarla.
La Constitución de Hawái restringe la construcción de plantas de fisión nuclear, y la energía nuclear está excluida del Estándar de Cartera de Energías Renovables del estado. Estas restricciones se aplican independientemente del tamaño, diseño, tipo de combustible o marca del reactor. Los reactores modulares pequeños y los llamados reactores "avanzados" siguen siendo reactores de fisión nuclear, no admitidos por la constitución.
El grupo de trabajo recomendó no legalizar la energía nuclear en Hawái, eso requeriría una enmienda constitucional, un proceso que requiere dos tercios de la votación legislativa.
Más allá de la ley, la tecnología en sí sigue siendo inviable. Ningún reactor nuclear avanzado opera comercialmente en Estados Unidos, y no se espera que entre en funcionamiento en un plazo relevante para los objetivos energéticos o climáticos de Hawái. Los proyectos citados por los defensores de la energía nuclear siguen estancados en trámites de licencias, fases de demostración o programas piloto con fuertes subsidios.
Sin reactores en operación comercial, no existen estimaciones fiables de costos, cronogramas de construcción ni análisis de integración en la red. La energía nuclear no puede abordar eficazmente el cambio climático si no puede implementarse a gran escala.
El informe también reconoce que los residuos radiactivos constituyen un problema crucial y sin resolver. No existe un depósito de disposición permanente en funcionamiento en ningún lugar de Estados Unidos. Hawái no tiene capacidad para almacenar ni gestionar combustible nuclear gastado, y no existe ninguna instalación federal que lo acepte.
La Constitución de Hawái prohíbe explícitamente las instalaciones de almacenamiento y eliminación de residuos nucleares a menos que sean aprobadas por dos tercios de ambas cámaras legislativas.
Cualquier proyecto nuclear requeriría el almacenamiento indefinido de material radiactivo en la isla, lo cual contradice directamente la constitución, creando riesgos constantes relacionados con fallos de contención y transporte. Para un estado insular aislado, esta simple realidad hace que la energía nuclear sea poco realista.
La preparación para emergencias y la capacidad regulatoria refuerzan aún más esta conclusión. Hawái carece de una agencia reguladora nuclear, personal capacitado para la respuesta a emergencias nucleares, capacidad de planificación de evacuación ni terrenos aptos para zonas de exclusión. Estas no son deficiencias administrativas menores, sino que reflejan la ausencia de la capacidad institucional y física necesaria para responder a accidentes nucleares potencialmente catastróficos.
El análisis también sitúa la energía nuclear en el contexto de la historia de Hawái en el Pacífico, incluyendo las pruebas de armas nucleares y los daños a largo plazo a las comunidades isleñas e indígenas. No se puede dar por sentado que la confianza pública existe, y una evaluación pública significativa es imposible sin información concreta sobre el diseño de los reactores, los ciclos del combustible, la gestión de residuos y los escenarios de accidentes, información que no existe.
Hawái no es el único estado que se enfrenta a los esfuerzos de la industria por desmantelar las protecciones estatales. Durante la última década, varios estados con leyes que restringen o prohíben la construcción de nuevas centrales nucleares —incluidos Wisconsin, Kentucky, Montana, Virginia Occidental, Connecticut e Illinois— han derogado o debilitado dichas leyes para permitir las llamadas tecnologías nucleares avanzadas, como los reactores modulares pequeños, a menudo justificadas por argumentos relacionados con el clima o la fiabilidad de la red eléctrica.
Estos retrocesos se produjeron a pesar de la continua ausencia de reactores avanzados en funcionamiento comercial, la falta de un depósito permanente de residuos nucleares y la creciente evidencia de que la energía nuclear no puede desplegarse con la suficiente rapidez como para desempeñar un papel significativo en la lucha contra el cambio climático.
El único punto débil del informe es su sugerencia de que el estado revise la energía nuclear cada tres a cinco años. Incluso bajo las hipótesis más optimistas, los reactores nucleares avanzados, incluidos los SMR, no estarán comercialmente operativos, completamente probados ni serán económicamente viables dentro de ese plazo.
Cualquier reactor nuclear operado en Hawái requeriría que los residuos radiactivos permanezcan en la isla durante largos periodos para enfriarse antes de su transporte. Trasladar esa carga de residuos a otras tierras indígenas no es una solución ética y es incompatible con los valores del alohaʻāina.
La energía nuclear no es viable en Hawái y nunca lo será; el estado debería centrarse en la energía renovable, el almacenamiento, la eficiencia, la modernización de la red y una planificación centrada en la comunidad y basada en la realidad.
La presente nota expresa las opiniones de Lynda Williams, física y activista ambiental, formó parte del grupo de trabajo que elaboró el informe.
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