Una superautopista hacia el infierno nuclear I
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Una grave preocupación de la humanidad es que llegue al poder de un país que disponga armas nucleares, una persona que haya perdido la razón, la cordura o el equilibrio emocional. Bueno, eso ya está sucediendo.
Solo un desquiciado así, puede en Estados Unidos, impulsar un ataque al Capitolio como el sucedido el 6 de enero de 2021. Trump con la esperanza de anular el resultado de las elecciones presidenciales de 2020, había convocado a Washington a un numeroso grupo de alborotadores y los había instado a marchar hacia el Capitolio. No es de hoy que es volcánico.
Fue uno de los actos antiestadounidenses más vergonzosos de la historia del país. Tras la puesta del sol, el Congreso volvió a reunirse para ratificar la victoria de Joe Biden.
Empieza a materializarse el riesgo de un trastornado en la Casa Blanca. El 23 de mayo pasado emitió imprudentes y aceleradas órdenes nucleares que destruirán la supervisión de seguridad y pondrán en peligro al pueblo norteamericano y, ojalá me equivoque, a la población mundial.
Recordemos que un desorbitado militar y político alemán de origen austriaco, fue el responsable del inicio de la Segunda Guerra Mundial y de la muerte de millones de personas, que así se convirtió en una de las figuras históricas más temidas de la modernidad, cuando aún no existían las armas nucleares.
Las órdenes ejecutivas que suscribió el 23 de mayo:
- la reforma de la Comisión Reguladora Nuclear;
- la revitalización de la base industrial nuclear;
- la reforma de las pruebas de reactores nucleares en el Departamento de Energía; y
- la implementación de tecnologías avanzadas de reactores nucleares para la seguridad nacional.
Toda esta locura se anunció en un comunicado de prensa titulado “El presidente Trump firma órdenes ejecutivas para impulsar un renacimiento nuclear”.
En conjunto, las cuatro órdenes que se centraron en el sector nuclear reducirán y socavarán la ya inadecuada autoridad de supervisión de seguridad de la Comisión Reguladora Nuclear (NRC), acelerarán proyectos de nuevos reactores no probados sin tener en cuenta los impactos en la seguridad, la salud o el medio ambiente; debilitarán los ya insuficientes estándares de exposición a la radiación; y reabrirán el camino entre los sectores civil y militar, todo intentando desatar la expansión de la energía nuclear en un cronograma acelerado peligroso y absolutamente irreal.
"Es hora de la energía nuclear, y vamos a hacerlo a lo grande", dijo Trump a los ejecutivos de la industria cuando firmó las órdenes.
Y no solo en el tema nuclear son los desvaríos. En la Casa Blanca, Trump organizó una ceremonia oficial en la que recibió de manos de Maria Corina Machado la medalla del Nobel, como si se tratara de un premio real. Esta extraña escena parece sacada directamente de un delirio de un rey shakespeariano…
Una persona cuerda ¿puede pretender y gestionar un premio Nóbel? Trump, le dijo al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, que ya no se sentía “obligado a pensar únicamente en la paz” después de que el Comité Nobel noruego no le otorgara el Premio Nobel de la Paz. Una actitud sin precedentes.
¿Debemos tomarnos en serio la hipótesis de que Donald Trump está loco?
Al respecto la reconocida psicóloga Élisabeth Roudinesco dijo:“Fue la expresión de un delirio, lo que no significa por ello que el presidente estadounidense esté clínicamente psicótico, es decir, loco”
Tras la escena shakespeariana en la que Trump recibió un imaginario Nobel surge nuevamente la cuestión de la salud mental.
Continúa...
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