Protección de la ciudadanía frente a la energía nuclear II
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido acusada de minimizar determinados riesgos, y, entre otras cosas, de no haber desarrollado una vigilancia sanitaria independiente y prolongada de las poblaciones afectadas.
¿Quién protege la salud frente a la energía nuclear? Un punto particularmente cuestionable: los efectos de dosis bajas.
Una de las críticas más importantes contra las evaluaciones internacionales es que los efectos estadísticamente detectables son mucho más difíciles de identificar cuando las dosis individuales son bajas.
La propia OMS reconoce que la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), órgano intergubernamental que forma parte de la OMS, publicó una proyección de aproximadamente 25.000 cánceres adicionales en Europa hasta 2065, atribuibles a Chernóbil, de los cuales unos 16.000 podrían ser mortales.
Fachada sureste de la nueva sede del IARC en Lyon. La fotografía se tomó durante la ceremonia de inauguración del nuevo centro del IARC el 20 de enero de 2023.
Eso ya muestra una dificultad fundamental: una cosa es observar directamente un cáncer y atribuirlo individualmente a Chernóbil; otra muy diferente es calcular estadísticamente cuántos cánceres adicionales produce una exposición colectiva.
Los primeros son demostrables epidemiológicamente con mucha mayor facilidad. Los segundos pueden quedar estadísticamente diluidos dentro de la enorme incidencia natural de cáncer.
Una crítica científica publicada sobre la evaluación de Chernóbil señaló precisamente que no era seguro extrapolar la baja mortalidad observada inicialmente por cáncer de tiroides al futuro, y reclamó estudios a largo plazo mucho más intensos.
Fukushima presenta un problema diferente. En Fukushima la OMS adoptó una posición que, desde el punto de vista epidemiológico, es más matizada.
Su evaluación de 2013 concluyó que para la población general los riesgos estimados eran bajos y no esperaba un incremento apreciable del cáncer por encima de las tasas normales. Pero al mismo tiempo reconoció aumentos de riesgo en determinados grupos.
Y la OMS finalmente reconoció que era necesario mantener vigilancia sanitaria durante décadas. Afirmó que el seguimiento médico de las personas de mayor riesgo constituiría un componente importante de la respuesta sanitaria durante décadas.
La estrecha relación OMS–OIEA es probablemente el punto más crítico, es insuficiente su independencia institucional.
¿Es institucionalmente apropiado que la evaluación sanitaria internacional de los accidentes nucleares se realice dentro de un sistema donde una de las instituciones centrales tiene como misión promover los usos de la energía nuclear? Es natural sospechar que la información sobre la evolución sanitaria será sesgada.
Si una población recibe una pequeña dosis adicional de radiación, puede ser imposible identificar individualmente qué cáncer fue causado por esa radiación. Eso no significa que el riesgo sea cero. Significa que el método epidemiológico tiene dificultades para detectarlo.
Se ha llegado a decir que, por el accidente de Fukushima, nadie murió por efecto de la radiación, cuando la realidad es que no ha sido posible determinarlo.
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