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El hijo de Romina Yan, Valentín, contó que vivió un infierno con su padre y que fueron rescatados por su abuelo materno

El joven corredor de autos contó su historia. Cómo vivió la muerte de su madre y lo que atravesó con su padre después de eso. "Era un infierno dijo".

por Gabriela Moreno 11/10/2026 - 21.33.hs

A los 23 años, Valentín Yankelevich, hijo de la actriz Romina Yan, quien falleció el 28 de septiembre de 2010, durante una entrevista para Infobae con Tatiana Schapiro, quiso relatar lo que había vivido luego con su padre, Darío Giordano, cuando tenía sólo 8 años. 

 

Hoy es piloto del TC2000 y dijo que su abuelo materno, Gustavo Yankelevich, fue quién lo salvó a él y a sus hermanos, Franco y Azul. Valentín no puede decirle papá a Giordano y sostiene que fue su abuelo quien los crío, luego de obtener la tenencia legal de los varones.

 

El joven relató cómo sufrió maltrato físico y psicológico durante años. Contó que se enteró de la muerte de su mamá cuando tenía 7 años y desde ese momento todo cambió en sus vidas. "Han pasado muchas cosas. Siento que llegó el momento de poder contar y sacarme una mochila que vengo cargando hace bastante tiempo".

 

Al recordar a su madre dijo que "ella era una gran mamá, muy, muy, muy presente. Se encargaba de siempre estar ahí para nosotros. Ha llegado a cancelar trabajo solo para poder tener más tiempo con nosotros. Era muy divertida. Gran cocinera, nos hacían muy ricos postres. Era todo perfecto hasta ese momento".

 

Fue entonces cuando contó que si bien Giordano les aseguró que iban a salir todos adelante como familia, ya nada fue igual. "Cuando yo tenía 10 años, 9 años, empecé a sufrir violencia física y psicológica de parte de Darío. Mi hermano también. Era un dolor incomprensible. Realmente era un infierno vivir en esa casa".

 

Y comenzó a decir cómo era la relación con su padre. "Eran golpes, gritos, maltrato. A mí nunca me gustó estudiar. Ahora, las ocho horas que yo pasaba en el colegio eran las mejores ocho horas del día porque no volvía a mi casa. Yo sabía que volvía y se desataba el infierno. Era constante. Sabía que no tenía escapatoria. Desde agarrarme de los pelos, llevarme por la escalera, pegarme, dejarme encerrado en el cuarto, traerme la comida cuatro horas después fría, apoyarla en el piso, ´tomá, comé. Más allá de los golpes y la violencia, la persona que supuestamente nos tenía que cuidar después de perder a nuestra mamá… Era todo durísimo´".

 

Dijo que en un momento le contaron lo que pasaba a sus abuelos paternos, pero que recibieron como respuesta que tenían que entenderlo, porque estaba pasando por un momento difícil. 

 

"Lo que a mí me ha dicho él no se lo he escuchado decir a nadie en toda mi vida ni se me cruzaría por la cabeza decirle las barbaridades que me ha llegado a decir. Ni hablar de los golpes. Pero viendo en retrospectiva mucho de ese daño psicológico a veces hiere más adentro que un golpe. Y ahí fue cuando empezamos a hablar y al principio no nos escucharon. A las primeras personas que les contamos lo que estaba pasando en mi casa fue a nuestros abuelos paternos"

 

Después de sentir que no eran escuchados, fue el papá de Romina Yan quien empezó a notar que algo raro estaba pasando. "Nosotros le empezamos a pedir que no queríamos vivir más en esa casa, que queríamos vivir con él y nos escuchó. Él fue la primera persona que nos escuchó", dijo Valentín. 

 

"Más allá de contar mi historia, es si alguien puede escuchar esto, tanto adultos como niños, que los niños hablen porque alguien los va a escuchar. Como a mí me escuchó mi abuelo Gustavo, alguien los va a escuchar siempre. Y si la primera persona no te escucha, vas a otra. Y si esa no te escucha, así hasta que alguien te escuche. Y a los adultos que escuchen a los niños, porque los niños te dicen la verdad, te cuentan lo que les está pasando. Y si realmente les está pasando algo y lo están contando es porque tiene una gravedad importante", dijo dando a entender por qué quiso contar ahora lo que habían vivido.

 

A sus 23 años admitió que "llegó un momento que realmente no tenía ganas de vivir, tuve muchos pensamientos con la muerte. Hasta decía voy con mi mamá, voy a estar mejor que acá. No tiene sentido seguir así". 

 

Cuando Gustavo Yankelevich se enteró de todo esto inició un proceso legal para obtener la custodia de sus dos nietos varones, que eran los que estaban sufriendo los maltratos. La más chiquita quedó viviendo con su padre, pero viendo a sus hermanos en la casa de su abuelo.

 

Hoy Azul vive en Estados Unidos, Franco no ha dado declaraciones y Gustavo Yankelevich realizó un posteo para apoyar a su nieto e incluso salió en defensa de su nieta cuando algunas usuarias de redes sociales indicaron que debía ser igual que el padre.

 

Valentín se cambió el apellido cuando cumplió 18 años. No mantiene vínculo con Giordano, ni con sus abuelos paternos. 

 

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