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El día en que me hice periodista en EL CHUBUT

Por Ricardo Montacuto (*)
El autor reflexiona sobre su paso en el diario y la labor del periodismo, hoy, Día del Periodista.

Cubriendo una inundación en Trelew en 1991.
Por REDACCIÓN CHUBUT

Este es el Día del Periodista número 30 para mí, según dicen los almanaques. Aunque mi relación con el periodismo y los diarios había empezado mucho antes. Fui un ávido lector de la prensa antes de escribir mi primera crónica en EL CHUBUT tres décadas atrás. Antes que eso, había conocido el olor de la tinta y el papel acarreando gacetillas de ajedrez, o de los veranos en la pileta del Club Huracán de Trelew.
La primera vez que entré a la redacción en 1983 fue amor a primera vista. La fiebre de un diario no se parece a nada que haya conocido.
Fui cronista, redactor, jefe de deportes, editor, secretario de redacción, columnista, y años más tarde jefe de una agencia en este diario donde aprendí el oficio. Tengo en la retina las imágenes de Pablo Dratman, Roberto Maragliano, Carlos Cipolla, Carlos Guajardo, muchos referentes de los ochenta trabajando en la redacción, con don José Sáez a la cabeza. Ya en esos años, José María y Lilí comenzaban a andar la empresa que harían crecer y multiplicarían por toda la región años después.
Ser periodista vale la pena. Más, en esta época de confusión, hiperinformación y noticias falsas. Siento que somos los que podemos poner luz, para que la gente sepa qué decisiones debe tomar. Somos información y análisis, pero también servicio.
Como periodista me tocó cubrir, editar, reportar, supervisar, titular tapas de miles de diarios, desde la caída de Néstor Perl en Chubut, pasando por las inundaciones de Trelew que cubrimos remando en un bote, los cambios de gobierno, la hiperinflación, luego ya en Río Negro, la crisis estatal que terminó con el incendio de mansiones de funcionarios enriquecidos, los casos Carrasco, Priebke, los grandes incendios de Bariloche... más tarde en Mendoza, la caída del banco, la crisis de 2001, la caída de Fernando De la Rúa, el corralito, el corralón, la «década ganada», la llegada de Macri... y ahora, la pandemia de coronavirus. Cuando volví a Chubut en abril de 2005, por tres años, me agarró el paro de la pesca.
En el largo camino de treinta y tantos años de periodismo tuve que aprender sobre pesca, petróleo, turismo, fruticultura, vitivinicultura, minería, obra pública, grandes represas, energía... la esencia económica de cada lugar en el que me tocó vivir. Como gestor de redacciones, debí aprender sobre administración, eficiencia, gestión y recursos humanos.
No me considero un investigador del periodismo. Pero una investigación que nos llevó varios años y miles de datos, consiguió sacar del gobierno y enjuiciar a un poder corrupto y millonario. Los protagonistas de esa historia que en Mendoza se conoce como «Caso Lobos», ya tienen una condena firme, varias imputaciones, y llegó a juicio la causa por enriquecimiento ilícito. Como parte de la investigación, les colocamos un drone a 25 metros de altura en su mansión. Fue para mostrar sus bienes. Nuevas formas y tecnologías para contar una noticia. 
La carrera me llevó muy rápido a ser gerente, secretario de redacción, director periodístico, muchas veces. Conduje siete grandes redacciones en Trelew, General Roca, Neuquén y Mendoza. En 2011 luego de más de 20 años de periodismo empecé a hacer radio. Conseguí varias nominaciones y un Martín Fierro. Hoy, nos escucha medio millón de personas todos los días, en la radio de mayor alcance del oeste argentino. Estaba proyectando hacer televisión y nos tomó la pandemia. Pero no me olvido de la calle, del protagonismo de la noticia y de la gente. Eso, lo aprendí en diario EL CHUBUT.
Como periodista político me tocó tratar con muchos gobernadores en tres provincias. Hablo todas las semanas de mi vida con algún gobernador. De los presidentes y ex presidentes de la democracia, sólo me faltó entrevistar a Cristina. Sigo intentando.
Sin embargo, en esta larga carrera que describo para dar una dimensión de las cosas, lo que más he disfrutado fueron mis años en diario EL CHUBUT, donde empecé, medio en que sigo colaborando cada fin de semana. Siento orgullo de ese paso, de las primeras tareas en un diario absolutamente fundacional. Aprendíamos todo. Lo que aprendí con la gente del diario, con todos, me sirvió para toda la vida. Creo que por eso y por el cariño especial por la familia Sáez, que son como mis hermanos, es que sigo relacionado al diario a pesar de estar radicado en Cuyo, donde tenemos nuestro propio pequeño gran medio. Somos sólo una docena de personas y competimos en audiencias y en el registro de lo que ocurre con redacciones de ochenta personas. Mucho de todo eso es por lo que he aprendido aquí, en mi casa.
No me siento especial por ser periodista. No me gusta el aplauso. La mayoría de las veces no me gusta lo que escribo. Nunca vuelvo a escuchar un programa ya emitido, salvo por alguna necesidad específica. Los sinsabores son muchísimos. Más que las alegrías. Pero al final de la cuenta pesan menos.
Sí siento que lo que hacemos es especial. De mucho sacrificio y servicio. Dejando la vida personal y familiar -muchas veces- supeditada a un dato, una nota, un cierre, o una urgencia periodística, la que fuere. Sé que comparto esa pasión con José y Lilí, con los periodistas del diario, y con muchos de los colegas a los que he conducido o con quienes he compartido tareas en estos más de 30 años de periodismo.
Diario EL CHUBUT me dio la oportunidad de ser alguien cuando era un mocoso. No sabía nada. Ni de la vida, ni del periodismo. Sólo quería trabajar y aprender. Los años me dieron el sustento profesional y académico necesario para competir, desarrollarme, fundar medios enteros, hacer reingeniería de otros. Aunque sigo siendo un redactor. Pocas cosas me gustan más que escribir una buena crónica. Contar bien, como siempre digo, las buenas historias.
Aún en épocas difíciles, ser periodista es un regalo del cielo. Y siempre voy a estar agradecido de la profesión.
Gracias a todos. Por todo. Por este día, y por todos los días.

(*) El autor fue desde 1988 cronista, redactor, editor, jefe de deportes, secretario de redacción y actualmente es columnista en EL CHUBUT desde 2005. Es cofundador, director periodístico y socio director del diario Mendoza Post en la provincia de Mendoza. En esa provincia condujo las redacciones de Los Andes, MDZ Online y MDZ Radio. Conduce «Te digo lo que Pienso», envío periodístico en Radio Nihuil. Ganó un Martín Fierro a Labor Periodística en Radio en 2014, y una distinción de Fopea al periodismo de investigación.

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El día en que me hice periodista en EL CHUBUT

Por Ricardo Montacuto (*)
El autor reflexiona sobre su paso en el diario y la labor del periodismo, hoy, Día del Periodista.

Este es el Día del Periodista número 30 para mí, según dicen los almanaques. Aunque mi relación con el periodismo y los diarios había empezado mucho antes. Fui un ávido lector de la prensa antes de escribir mi primera crónica en EL CHUBUT tres décadas atrás. Antes que eso, había conocido el olor de la tinta y el papel acarreando gacetillas de ajedrez, o de los veranos en la pileta del Club Huracán de Trelew.
La primera vez que entré a la redacción en 1983 fue amor a primera vista. La fiebre de un diario no se parece a nada que haya conocido.
Fui cronista, redactor, jefe de deportes, editor, secretario de redacción, columnista, y años más tarde jefe de una agencia en este diario donde aprendí el oficio. Tengo en la retina las imágenes de Pablo Dratman, Roberto Maragliano, Carlos Cipolla, Carlos Guajardo, muchos referentes de los ochenta trabajando en la redacción, con don José Sáez a la cabeza. Ya en esos años, José María y Lilí comenzaban a andar la empresa que harían crecer y multiplicarían por toda la región años después.
Ser periodista vale la pena. Más, en esta época de confusión, hiperinformación y noticias falsas. Siento que somos los que podemos poner luz, para que la gente sepa qué decisiones debe tomar. Somos información y análisis, pero también servicio.
Como periodista me tocó cubrir, editar, reportar, supervisar, titular tapas de miles de diarios, desde la caída de Néstor Perl en Chubut, pasando por las inundaciones de Trelew que cubrimos remando en un bote, los cambios de gobierno, la hiperinflación, luego ya en Río Negro, la crisis estatal que terminó con el incendio de mansiones de funcionarios enriquecidos, los casos Carrasco, Priebke, los grandes incendios de Bariloche... más tarde en Mendoza, la caída del banco, la crisis de 2001, la caída de Fernando De la Rúa, el corralito, el corralón, la «década ganada», la llegada de Macri... y ahora, la pandemia de coronavirus. Cuando volví a Chubut en abril de 2005, por tres años, me agarró el paro de la pesca.
En el largo camino de treinta y tantos años de periodismo tuve que aprender sobre pesca, petróleo, turismo, fruticultura, vitivinicultura, minería, obra pública, grandes represas, energía... la esencia económica de cada lugar en el que me tocó vivir. Como gestor de redacciones, debí aprender sobre administración, eficiencia, gestión y recursos humanos.
No me considero un investigador del periodismo. Pero una investigación que nos llevó varios años y miles de datos, consiguió sacar del gobierno y enjuiciar a un poder corrupto y millonario. Los protagonistas de esa historia que en Mendoza se conoce como «Caso Lobos», ya tienen una condena firme, varias imputaciones, y llegó a juicio la causa por enriquecimiento ilícito. Como parte de la investigación, les colocamos un drone a 25 metros de altura en su mansión. Fue para mostrar sus bienes. Nuevas formas y tecnologías para contar una noticia. 
La carrera me llevó muy rápido a ser gerente, secretario de redacción, director periodístico, muchas veces. Conduje siete grandes redacciones en Trelew, General Roca, Neuquén y Mendoza. En 2011 luego de más de 20 años de periodismo empecé a hacer radio. Conseguí varias nominaciones y un Martín Fierro. Hoy, nos escucha medio millón de personas todos los días, en la radio de mayor alcance del oeste argentino. Estaba proyectando hacer televisión y nos tomó la pandemia. Pero no me olvido de la calle, del protagonismo de la noticia y de la gente. Eso, lo aprendí en diario EL CHUBUT.
Como periodista político me tocó tratar con muchos gobernadores en tres provincias. Hablo todas las semanas de mi vida con algún gobernador. De los presidentes y ex presidentes de la democracia, sólo me faltó entrevistar a Cristina. Sigo intentando.
Sin embargo, en esta larga carrera que describo para dar una dimensión de las cosas, lo que más he disfrutado fueron mis años en diario EL CHUBUT, donde empecé, medio en que sigo colaborando cada fin de semana. Siento orgullo de ese paso, de las primeras tareas en un diario absolutamente fundacional. Aprendíamos todo. Lo que aprendí con la gente del diario, con todos, me sirvió para toda la vida. Creo que por eso y por el cariño especial por la familia Sáez, que son como mis hermanos, es que sigo relacionado al diario a pesar de estar radicado en Cuyo, donde tenemos nuestro propio pequeño gran medio. Somos sólo una docena de personas y competimos en audiencias y en el registro de lo que ocurre con redacciones de ochenta personas. Mucho de todo eso es por lo que he aprendido aquí, en mi casa.
No me siento especial por ser periodista. No me gusta el aplauso. La mayoría de las veces no me gusta lo que escribo. Nunca vuelvo a escuchar un programa ya emitido, salvo por alguna necesidad específica. Los sinsabores son muchísimos. Más que las alegrías. Pero al final de la cuenta pesan menos.
Sí siento que lo que hacemos es especial. De mucho sacrificio y servicio. Dejando la vida personal y familiar -muchas veces- supeditada a un dato, una nota, un cierre, o una urgencia periodística, la que fuere. Sé que comparto esa pasión con José y Lilí, con los periodistas del diario, y con muchos de los colegas a los que he conducido o con quienes he compartido tareas en estos más de 30 años de periodismo.
Diario EL CHUBUT me dio la oportunidad de ser alguien cuando era un mocoso. No sabía nada. Ni de la vida, ni del periodismo. Sólo quería trabajar y aprender. Los años me dieron el sustento profesional y académico necesario para competir, desarrollarme, fundar medios enteros, hacer reingeniería de otros. Aunque sigo siendo un redactor. Pocas cosas me gustan más que escribir una buena crónica. Contar bien, como siempre digo, las buenas historias.
Aún en épocas difíciles, ser periodista es un regalo del cielo. Y siempre voy a estar agradecido de la profesión.
Gracias a todos. Por todo. Por este día, y por todos los días.

(*) El autor fue desde 1988 cronista, redactor, editor, jefe de deportes, secretario de redacción y actualmente es columnista en EL CHUBUT desde 2005. Es cofundador, director periodístico y socio director del diario Mendoza Post en la provincia de Mendoza. En esa provincia condujo las redacciones de Los Andes, MDZ Online y MDZ Radio. Conduce «Te digo lo que Pienso», envío periodístico en Radio Nihuil. Ganó un Martín Fierro a Labor Periodística en Radio en 2014, y una distinción de Fopea al periodismo de investigación.

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