“Oveja” Hernández y Richotti, un lazo que trasciende la pasión por el basquetbol - Últimas Noticias: El Chubut

Puerto Madryn

“Oveja” Hernández y Richotti, un lazo que trasciende la pasión por el basquetbol

En el corazón de Puerto Madryn, donde el verano se mezcla con la vida deportiva, Sergio “Oveja” Hernández se reencontró con el básquet de una manera especial. Invitado por Marcelo Lorenzo Richotti al campus organizado por el Club Guillermo Brown, el histórico entrenador no solo compartirá su vasto conocimiento con jóvenes promesas, sino que también revivió la memoria de una conexión que trasciende la técnica y la estrategia: su vínculo con Richotti, un símbolo de respeto y admiración mutua.
 

por REDACCIÓN CHUBUT 16/01/2025 - 00.00.hs

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Hernández, alejado momentáneamente de los bancos de suplentes tras sus últimas etapas en Zaragoza y Puerto Rico, habló con sinceridad durante la conferencia de prensa en la sede del club. Entre reflexiones sobre su carrera y el presente del deporte, dejó escapar un atisbo de nostalgia que encendió las expectativas: “me está picando el bichito. Estoy viendo mucho básquet, me volví a enganchar. Quizás, en algún momento, vuelva a dirigir”.
Sin embargo, más allá de lindo título que dejó esa frase, el evento tuvo un aire especial, marcado por la presencia de Marcelo Richotti. Dos figuras que, aunque trazaron sus caminos desde roles distintos, se cruzaron en momentos significativos que quedaron grabados en la historia del básquet argentino.

 

LA NOCHE DE LA DESPEDIDA
El 13 de abril de 2001 será siempre una fecha cargada de emociones para Richotti. Esa noche, Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia enfrentaba a Estudiantes de Olavarría en la final de la Liga Sudamericana. El equipo de Hernández se coronó campeón con un contundente 100-78, cerrando la serie 3-1. Pero lo que debía ser una despedida gloriosa para Richotti, quien jugaba su último partido como profesional, se convirtió en una amarga experiencia.
“Lo que dolió no fue la derrota, eso es parte del deporte, sino no haber tenido ni un solo minuto en cancha. Todos sabían que era mi último partido, pero el entrenador no me dio esa oportunidad” recordaría Richotti años después.
En medio de esa frustración, surgieron dos gestos que dieron un nuevo significado a la noche. Gabriel Díaz, a quien Richotti había guiado en sus inicios, lo abrazó con una gratitud que trascendió el resultado. Pero el momento que marcó esa despedida llegó de la mano de Hernández, el entrenador rival.
Con su equipo celebrando el título, Hernández hizo algo que pocos esperaban: se acercó a Richotti y, con respeto genuino, le dedicó unas palabras que todavía resuenan en su memoria. Pero el gesto que quedaría grabado para siempre fue el regalo que le hizo: la corbata que había usado durante la final. “En aquella época, las corbatas eran casi un símbolo para los entrenadores. Yo sabía que Marcelo iniciaba una nueva etapa como técnico, y me salió hacerle ese regalo. Fue mi manera de decirle cuánto lo admiraba” recordó Hernández con humildad.
Para Richotti, esa corbata fue mucho más que un trozo de tela. Fue su medalla, su cierre simbólico.

 

LEGADO COMPARTIDO
Hoy, en Puerto Madryn, ese vínculo sigue vivo. Hernández, con su estilo único para transmitir conocimientos, se suma al campus organizado por Richotti para compartir tres días de entrenamientos con jóvenes de entre 11 y 16 años. En el gimnasio “Benito García”, los chicos y chicas no solo aprenderán de uno de los entrenadores más prestigiosos de la historia, sino que también serán testigos de un legado que se construye sobre el respeto mutuo y la pasión compartida.
Hernández y Richotti son exponentes de una época del básquet que no solo dejó títulos y medallas, sino también historias humanas. Historias que hablan de sacrificios, derrotas, aprendizajes y gestos que trascienden lo deportivo.
El viernes, durante una charla abierta en el auditorio del Ecocentro, la comunidad tendrá la oportunidad de escuchar las reflexiones del “Oveja”. Quizás ahí, entre anécdotas y recuerdos, resurja aquella corbata como símbolo de lo que hace grande al básquet: no solo las victorias, sino los lazos que se tejen entre quienes dedican su vida a este deporte.

 

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