La realidad de Pirámides y el agua: cisternas gigantes, auditorías que nunca llegaron y un pueblo harto de esperar
Puerto Pirámides vive en un loop: la planta desalinizadora se rompe, los vecinos se quejan, las autoridades «arreglan» el problema como pueden, y todo vuelve a empezar. El agua no va a sobrar nunca en Península Valdés, pero si lo poco que hay se distribuye bien, estos grandes problemas no estarían. Hay zonas que no reciben una gota de agua por días, y otras llenando cisternas de 30 mil litros.
por REDACCIÓN CHUBUT 27/01/2025 - 00.00.hs
Hubo un tiempo que había un vecino encargado del agua. Se había interiorizado en el tema, esperaba a la llegada de los camiones, se fijaba él mismo qué nivel había en la cisterna, y coordinaba a los camiones para ver dónde descargar el agua según las zonas donde faltaba. Claro está que Pirámides es un pueblo chico que, si se recorre, se aprende fácilmente su dinámica.
Cuentan que todo empeoró meses atrás cuando alguien denunció al vecino que con su auto buscaba agua de la planta desalinizadora y se la vendía a un costo razonable a los que no tenían. Servicios Públicos actuó y prohibió la maniobra.
Ahí empezó un problema mas serio porque empezó a salir a la luz toda la gente que no recibía agua en su casa. Las discusiones empezaron a exponer que había casas donde se recibía agua de red con una presión como nunca antes, y otras donde no llegaba una gota. La falta de esa coordinación dejó al desnudo el problema real, que iba más allá de lo estructural de lo insuficiente que es la planta desalinizadora instalada en 2016.
Lo que más molesta a los vecinos no es solo la falta de agua, sino la desigualdad en la distribución. Hay casas donde no ven agua durante días, mientras que al lado, una cisterna de 30 mil litros se llena sin que nadie controle nada. Y en este caos, las grandes empresas de avistaje de ballenas parecen tener su parte de responsabilidad. Cuando conectaron sus galpones nuevos a la red, los vecinos cercanos directamente dejaron de recibir agua. «No somos todas» apuraron en aclarar a este medio.
La gente está harta y no es para menos. No solo ven cómo estas empresas llenan cisternas gigantes, sino que, además, sienten que las autoridades locales miran para otro lado. El Municipio, la Cooperativa y Servicios Públicos. Hasta que esas cisternas no se llenan, el agua no llega a las casas de al lado. Esto no debería pasar, pero nadie lo regula. En octubre pasado, Servicios Públicos en una reunión con vecinos prometió hacer una auditoría para revisar estas conexiones, pero, como siempre, todo quedó en palabras.
Entonces nadie está interiorizado realmente en cómo debe distribuirse, quiénes son los que no reciben una gota y tampoco quiénes los que instalaron ilegalmente bombas a la red para forzar la entrada de agua.
Si bien hay un problema estructural que es que la planta no produce lo necesario, también hay cuestiones menores que con una sencilla gestión se solucionan: camiones que no llegan porque se rompen, choferes sin viáticos, y repuestos para la planta que tardan semanas en llegar. Mientras tanto los turistas llegan a caudales y las autoridades parecen no considerar el impacto que tienen en el consumo de agua. En lugar de eso, culpan a los vecinos de derrocharla. Pero en Pirámides, todos saben cuidar el agua. Con 500 litros, una familia hace magia y sobrevive una semana.
RESPUESTAS VACIAS
La sensación de abandono es generalizada. «Nos dan las mismas respuestas vacías que ellos recibían cuando no eran autoridades», sostiene una comerciante de la primera bajada.
La reunión previa al verano fue un claro ejemplo de esta desidia. Los funcionarios les dijeron a los vecinos que, si veían bombas o conexiones irregulares, ellos mismos las sacaran. Obviamente, se negaron. Esa no es su responsabilidad. Servicios Públicos prometió encargarse de esto, pero nunca empezaron la auditoría.
Los vecinos conviven enredados con la información de un sin fin de tecnicismos sobre el funcionamiento de la planta y sus roturas cotidianas, que no tiene ningún sentido. Hasta ellos mismos plantearon la idea que haya un protocolo para cuando se rompe la planta desalinizadora.
La Cooperativa sigue cobrando por el agua. Ya hubo vecinos que empezaron a reclamar para que no se les cobre el ítem, pero la respuesta de la Cooperativa era obvia: «No nos encargamos de la producción ni de la distribución, de eso se ocupa Servicios Públicos». En fin, una maraña de tecnicismos que el ciudadano no tiene por qué saber y que se involucra a drede para solucionarlo sin llegar a ningún lado.
Por eso en los últimos días se volvió a pedir que haya alguien que realmente se ocupe del tema, que entienda cómo funciona el circuito de agua en el pueblo y priorice a las familias que no tienen ni una gota hace semanas. Todos saben que el problema es complejo y que no se va a resolver de un día para el otro, pero insisten en que, con lo que hay ahora, la situación podría ser mucho mejor.
Entre tanto se espera que llegue la nueva planta desalinizadora. Llega en junio, dicen. «Esta vez sí, ya está» confió Gabriella Bellazzi, aunque nadie sabe decir a ciencia cierta si está retenida en la Aduana, si la están ensamblando o por qué hay que seguir esperando.
La única solución inmediata parece ser la auditoría que Servicios Públicos prometió. Es necesario revisar casa por casa, comercio por comercio, y eliminar las bombas y las conexiones de cisternas gigantes que están conectadas directamente a la red. Si alguien necesita una cisterna de 20 mil litros, que la llene con un camión cisterna, no desde la red. Pero para esto hace falta decisión política y voluntad de las autoridades.
Mientras, los vecinos siguen esperando. Algunos ya exigen que no se les cobre por un servicio que no reciben. Otros piden que se implemente un protocolo claro para los cortes y reparaciones de la planta. Pero lo que más preocupa es la indiferencia de los representantes locales, que parecen más interesados en evitar conflictos que en buscar soluciones reales.
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