Germinal, en el último suspiro alcanzó una victoria que vale más que tres puntos
En la fresca y ventosa mañana del domingo, en el estadio Raúl Conti, Germinal de Rawson escribió un capítulo valioso en su historia reciente en el Federal A. Lo hizo con una remontada agónica, de esas que levantan el ánimo, consolidan procesos y se graban en la memoria colectiva. Superó 2 a 1 a Guillermo Brown en un partido que, hasta los 30 del segundo tiempo, parecía condenado al letargo del olvido. Pero el fútbol, tan impredecible como implacable, le regaló a los capitalinos una alegría que a 15 minutos del final parecía fuera de su alcance.
por REDACCIÓN CHUBUT 19/05/2025 - 00.00.hs
La victoria de Germinal, la segunda en lo que va del torneo, fue trabajada, sufrida, casi impensada. No se dio desde la fluidez ni el dominio, sino desde la insistencia, el aprovechamiento de errores ajenos y una cuota de fortuna que esta vez le fue favorable. Y también desde el temple, porque dar vuelta un resultado en condición de visitante, ante un equipo que aún con uno menos supo neutralizar buena parte del partido, no es poca cosa.
Durante gran parte del encuentro, el equipo de Darío Gigante volvió a mostrar algunas de sus limitaciones: falta de peso en ataque, escasa claridad en los metros finales y una endeblez estructural que parecía difícil de revertir. Sin embargo, encontró en el penal cometido por Franco Rodríguez una puerta que Brown dejó abierta por impericia propia, y la atravesó con decisión.
Ese penal, transformado en gol y en impulso emocional, reactivó a Germinal y desnudó la fragilidad del local. Porque si algo quedó claro, es que Brown no supo sostener la ventaja ni cerrar el partido, pese a haberse adelantado en el marcador con el oportunismo de Matías Persia y a jugar todo el segundo tiempo en inferioridad numérica. La falta de respuestas tácticas y anímicas terminó costándole caro al equipo que tuvo a Martín Rolle como técnico interino tras la salida de Gabriel Nasta.
Lo de Brown fue una combinación letal de errores arbitrales, decisiones internas que aún no encuentran rumbo y una evidente falta de experiencia para manejar los tiempos del partido. Con siete cambios respecto del once anterior, el equipo no mostró ni renovación ni solidez, y terminó entregando un triunfo que parecía tener controlado.
En ese contexto, Germinal hizo lo que debía: esperar su momento, resistir y golpear cuando el rival dejó de protegerse. El cabezazo final de Martín González, casi en la última jugada del encuentro, fue el broche inesperado de un partido mal jugado, pero emocionante en su desenlace.
Esta victoria no sólo le permite a Germinal sumar tres puntos que lo mantienen en carrera, sino que aporta oxígeno a un proyecto en construcción, que bajo el mando de Gigante parece encontrar, de a poco, algo de identidad. La revancha ante Brown, tras la caída en la primera fecha, es también simbólica: muestra que, aún con limitaciones, el equipo está dispuesto a pelear.
En la próxima jornada, Germinal recibirá a Villa Mitre, con el desafío de sostener lo hecho y seguir creciendo. Porque este triunfo puede ser una bisagra si logra capitalizarse con trabajo, autocrítica y continuidad. Hoy, al menos, tiene razones para creer.
Más Noticias