Investigación científica expuso que no existen obligaciones legales para que los barcos ingresen con sus cascos limpios
La científica Karen Castro reveló que el número de organismos foráneos se triplicó en la última década debido al tráfico marítimo. Advirtió que, a diferencia del agua de lastre, no existen convenios internacionales que obliguen a los buques a limpiar las incrustaciones de sus cascos, lo que facilita la entrada de especies invasoras.
por REDACCIÓN CHUBUT 17/01/2026 - 20.01.hs
Un reciente estudio liderado por especialistas del CENPAT puso de manifiesto una preocupante realidad para el ecosistema marino de nuestra ciudad: Puerto Madryn se convirtió en el puerto más invadido de toda la Patagonia, superando a San Antonio Este. La investigación, encabezada por la científica Karen Castro, determinó que la cantidad de especies exóticas en nuestras aguas se triplicó en los últimos once años, impulsada por el aumento del tráfico comercial internacional.
El hallazgo principal apunta a un grave vacío legal, ya que actualmente no existen normativas que exijan a los barcos ingresar a los puertos con los cascos limpios, lo que convierte al «biofouling» o incrustaciones biológicas en una vía libre para la introducción de organismos que amenazan la biodiversidad local.
El muelle local bajo la lupa
La investigación comparó datos actuales con relevamientos realizados hace más de una década. Según explicó Castro a EL CHUBUT, “el número de especies exóticas se triplicó en los últimos once años, fecha del último relevamiento realizado”. Este cambio de paradigma sitúa a nuestra ciudad en una posición crítica: “Hace 11 años San Antonio Este era el puerto de Patagonia más invadido y hoy ese lugar lo ocupa Puerto Madryn”.
La científica detalló que este fenómeno es una consecuencia directa de la actividad económica global: “El aumento del tráfico internacional hacia los puertos es lo que genera un aumento de las introducciones de especies... el transporte marítimo es la principal forma de transporte del comercio en todo el mundo”. En el caso específico de nuestro muelle, Castro señaló que hoy se observa “muchísima cantidad de ascidias y también de briozoos”, organismos que antes no tenían una presencia tan marcada o registrada.
El vacío legal de los cascos
Uno de los puntos más alarmantes de la declaración de Castro se refiere a la falta de herramientas legales para combatir esta problemática. Mientras que el agua de lastre cuenta con controles y revisiones en Argentina bajo convenios internacionales, el panorama para las incrustaciones en la superficie de los barcos es muy distinto.
Al respecto, la investigadora fue tajante: “Para lo que es el biofouling, es decir, las incrustaciones en el casco, internacionalmente no hay convenios que regulen eso”. Castro explicó que, aunque se está trabajando en regulaciones, hoy por hoy “no hay convenios que le exijan a las empresas cómo tienen que limpiar sus embarcaciones” y tampoco existen “normativas que exijan que los barcos ingresen a los puertos con los cascos limpios”. Esta situación permite que los buques viajen con grandes cantidades de organismos adheridos, sin que haya forma de evitar esta vía de introducción.
Prevención y monitoreo temprano
Ante la imposibilidad de frenar el tráfico marítimo, la experta enfatizó que la clave reside en el control constante de los puertos, que son los «puntos de entrada».
Según Castro, el impacto de estas especies muchas veces no se conoce hasta que ya son muy abundantes y han generado cambios irreversibles en la comunidad nativa. “Los puertos son los lugares claves para monitorear de forma continua, para detectar tempranamente a las especies y poder realizar alguna acción antes que esas especies se dispersen”.
El trabajo propone estandarizar metodologías para que los científicos puedan comparar datos fehacientes y actuar antes de que la biodiversidad de nuestras costas se vea aún más comprometida.
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