Fake news y oportunistas entre ballenas: cuando los tiempos de la ciencia no son los tiempos de las redes sociales
Queda entonces la pregunta de a quién le sirve todo ese montaje. ¿Es solo para sumar likes en un posteo? ¿Es solo el enojo de un vecino que exige respuestas? Las páginas de Facebook que copian y pegan sin chequear y el rol de las ONGs
por REDACCIÓN CHUBUT 15/10/2026 - 10.16.hs
Mientras científicos, técnicos y personal de campo trabajaban en las playas del Golfo Nuevo para establecer qué provocó los recientes varamientos de ballenas, otra marea avanzó en paralelo y sin control alguno, la de la desinformación. En pocas horas, en este contexto delicado que atraviesa la ciudad, las redes sociales se llenaron de mensajes alarmistas, versiones sin firma y supuestas prohibiciones que nadie dictó.
El caso más evidente fue el de la presunta prohibición de nadar o acercarse a las playas céntricas de Puerto Madryn. No hubo error ni malentendido, porque esa orden nunca existió. El Municipio la desmintió y precisó que ni la Secretaría de Ecología y Protección Ambiental ni Prefectura Naval la habían dado, y que los especialistas habían descartado que el agua estuviera en esas condiciones. Alguien inventó una norma inexistente, la hizo circular como si fuera oficial y obligó al Estado a gastar un día entero en desmentirla. Eso no se llama imprudencia. Se llama montar una fake news que, dicho sea de paso, puede tener consecuencias legales si se decide ir a fondo.
Queda entonces la pregunta de a quién le sirve todo ese montaje. ¿Es solo para sumar likes en un posteo? ¿Es solo el enojo de un vecino que exige respuestas? Con elecciones en el horizonte, no resulta ingenuo preguntarse si hay un propósito político detrás. Tampoco lo es preguntarse si hay organizaciones que descubrieron que una alarma bien montada abre puertas de financiamiento externo para quienes se presentan como salvadores del planeta. También es sabido que siempre hay un grupo tan minúsculo de corte talibán que instala ideas anti sistema, anti industrias de las que luego, paradójicamente, gozan de sus frutos.
Todavía no hay pruebas de nada de eso, y corresponde decirlo. Pero quien convierte una tragedia ambiental en material de campaña o de recaudación tiene mucho que explicar, y la sospecha es el precio que paga quien opera a oscuras.
Hay además un tercer actor, más común y por eso más dañino. Son las páginas y usuarios anónimos de Facebook que se disfrazan de portales de noticias y especialistas y no hacen otra cosa que copiar y pegar lo que encuentran en las redes. No llamaron a una sola fuente ni consultaron a un solo especialista, y tampoco distinguieron un dato de un rumor. Eso no es periodismo, ni siquiera periodismo malo. Es una fotocopiadora con logo que busca una imagen espectacular o un video para crear el reel con más reproducciones.
Esa forma subirse a una indignación popular en lugar de buscar respuestas, confunde al vecino y erosiona la credibilidad de quienes sí hacen el oficio con responsabilidad. Por eso importa la diferencia entre quienes firman con nombre y apellido y responden por lo que dicen, y quienes se esconden detrás de una cuenta sin rostro.
Mientras ese copiar y pegar avanza en las redes sociales, los que de verdad saben del tema están con los pies en la arena. Hay una tarea conjunta entre la Red de Fauna Costera, el Plan de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, los municipios de Puerto Madryn y Puerto Pirámides, las áreas protegidas y el Ministerio de Turismo.
La ciencia necesita tomar muestras, analizarlas, cruzar variables y descartar hipótesis antes de afirmar algo. Los tiempos de la ciencia no son los tiempos de las redes sociales. La biología no es matemática y no existe un botón que entregue la respuesta cuando el público la reclama. Las redes funcionan al revés, porque premian la velocidad y no la exactitud. En ese mercado, una mentira completa y bien presentada le gana a una verdad todavía en proceso.
Hay motivos para esperar. La región ya vivió un evento de ballenas ligado a la marea roja y otro de lobos marinos asociado a la gripe aviar, y en los dos casos la comunidad científica terminó dando la explicación.