Taiwanés donará una ambulancia al Hospital de Madryn en memoria de su esposa fallecida en accidente en Península Valdés hace 38 años
Puerto Madryn recibirá en las próximas semanas una unidad de terapia intensiva móvil de alta complejidad, donada por un ciudadano taiwanés en memoria de su esposa, fallecida en un trágico accidente vial en la zona hace casi cuatro décadas.
por REDACCIÓN CHUBUT 07/02/2026 - 21.17.hs
La iniciativa, que comenzó a gestarse en 2019 de la mano de un mediador argentino radicado en Australia, está en su etapa final de patentamiento tras la compra del vehículo en la provincia de Córdoba. El equipamiento será destinado al Hospital Ísola bajo una figura legal que garantiza su permanencia definitiva en nuestra ciudad.
La historia de este regalo inesperado comenzó a miles de kilómetros de la Patagonia, en la humedad remota de Pingtung, al sur de Taiwán. Allí, Alejandro, un cordobés que vive en Melbourne desde hace diez años, caminaba entre museos de pueblos originarios del Pacífico cuando fue sorprendido por un sonido imposible en ese rincón del mundo: un “hola, ¿cómo andan?” pronunciado con una tonada argentina impecable. El dueño de esa voz era Wer Ming Hsu, un hombre a quien todos llaman Andrés Hsu, y que llevaba años escrutando rostros occidentales con la esperanza de encontrar un compatriota que lo ayudara a saldar una deuda de honor.
Andrés no es un hombre que amasa grandes fortunas, sino de grandes voluntades. En los años 80, mientras disfrutaba de unas vacaciones familiares en Puerto Madryn manejando su Renault 11 modelo 86 por la ruta entre Caleta Valdés y Punta Norte en Península Valdés, sufrió una tragedia que partió su vida en dos: un accidente terminó con la vida de su esposa, Analía, dejando a Andrés y a su pequeña hija heridos en el lugar.
El recuerdo de Andrés se nutre de detalles mínimos que el tiempo no pudo borrar: el trabajo de los médicos locales que salvaron su vida y la de su hija, y el gesto de una enfermera que, en medio del caos de la emergencia, se tomó el tiempo para alimentar a la pequeña. Esa gratitud silenciosa se transformó en una misión de vida que lo llevó a trabajar durante veinte años en turnos extra de tratamientos quiroprácticos, ahorrando cada moneda con un único propósito: devolverle algo a la tierra donde perdió a su compañera de vida.
Existe en este gesto una profundidad espiritual que a menudo escapa a la lógica occidental de la filantropía institucional. En la cosmovisión de Andrés, esta donación busca «limpiar el karma» de Analía; al haber fallecido joven, ella no tuvo tiempo de acumular suficientes obras de bien, y su esposo dedicó décadas a realizarlas en su nombre. Es un acto de amor que trasciende la muerte, vinculando la sanación física de los futuros pacientes del Hospital Ísola con la reparación del alma de quien ya no está.
LA ODESEA DE COMPRAR UNA AMBULANCIA
Cuando Alejandro escuchó el relato en aquel mercado de Taiwán, supo que no podía ser un simple espectador y puso a disposición su experiencia en comercio exterior para sortear los laberintos burocráticos de nuestro país. Su primer consejo fue intentar importar un vehículo, algo sumamente complejo por las normativas sanitarias vigentes, lo ideal era adquirirlo directamente en Argentina para asegurar la transparencia y el cumplimiento técnico. Así, el sueño de Andrés comenzó a tomar forma tangible y un chasis real.
El camino, sin embargo, estuvo lleno de complicaciones. A finales de 2019, cuando el proyecto apenas tomaba impulso, la pandemia de COVID-19 paralizó el mundo y sumergió la iniciativa en una pausa obligada de varios años. Las fronteras cerradas y la incertidumbre global dilataron los tiempos.
La complejidad del sistema económico argentino añadió una capa extra de dificultad a la hora de transferir los fondos internacionales. Fue necesario diseñar una estrategia legal que permitiera que la plata llegara a destino, un proceso que incluyó la intervención de fundaciones y una gestión minuciosa de los marcos regulatorios para garantizar que cada centavo de Andrés se transformara en equipamiento médico de última generación.
Incluso la geopolítica jugó su papel en esta odisea, obligando a Andrés a realizar movimientos arriesgados en un mapa internacional convulsionado. Para certificar el poder legal necesario para que un apoderado gestionara los trámites en Argentina, el hombre debió viajar a Hong Kong en un momento de gran tensión regional y restricciones sanitarias. Aquel viaje fue el último gran escollo administrativo antes de que el pedido de la unidad pudiera finalmente concretarse en la planta de la empresa Valle, en Córdoba.
El marco jurídico elegido para esta entrega es el de «donación con cargo», una herramienta que asegura que el vehículo cumpla con el deseo exacto del donante: operar exclusivamente en Puerto Madryn. Este contrato no solo garantiza el destino geográfico del bien, sino que establece la obligatoriedad de colocar una placa conmemorativa con el nombre de Analía, sellando así el vínculo perpetuo entre su memoria y el servicio a la comunidad madrynense.
La articulación con el Ministerio de Salud de la provincia fue fundamental para que el proyecto llegara a buen puerto, especialmente con el apoyo de Denise Acosta, quien desde su rol como exdirectora del hospital y actual ministra, facilitó los nexos técnicos y legales.
CARACTERÍSTICAS
El vehículo en cuestión es un furgón acondicionado como unidad de terapia intensiva móvil, dotado de la tecnología necesaria para atender emergencias de alta complejidad en las rutas y calles de la zona. Alejandro, aprovechando su estadía en Córdoba durante estas fiestas, visitó personalmente la planta para inspeccionar la unidad terminada y confirmar que cada detalle técnico coincidiera con los requerimientos coordinados previamente con el personal del Hospital Ísola.
Actualmente, la ambulancia se encuentra en proceso de inscripción en el registro de dominio, un trámite que se estima demorará pocos días más. Las autoridades sanitarias esperan que el vehículo pueda ser trasladado a Puerto Madryn para antes que finalice el mes de febrero, integrándose de inmediato al sistema de emergencias del hospital local.
El final de esta larga travesía incluirá la visita de Andrés a nuestra ciudad, un viaje que planea realizar para ver con sus propios ojos la unidad circulando por las mismas calles que recorrió hace cuarenta años. Su anhelo más profundo es, quizás, el más humano: encontrarse con los enfermeros y médicos que cuidaron de su hija en aquel entonces, cerrando un círculo de gratitud que permaneció abierto durante casi media vida.
Puerto Madryn espera ahora el arribo de este regalo cargado de historia, un vehículo que llevará en su chasis no solo equipos de reanimación, sino el nombre de una mujer y el amor incondicional de un hombre que nunca dejó de ahorrar para darnos las gracias.
Últimas noticias
Más Noticias
