Almirante Storni: la historia que ni Sacheri se hubiera animado a escribir
POR GUSTAVO GOMEZ
por REDACCIÓN CHUBUT 02/08/2026 - 19.41.hs
Si Eduardo Sacheri se sentara frente a una hoja en blanco para escribir un cuento sobre fútbol, difícilmente se animaría a inventar una historia como esta. Quizás porque algunos relatos parecen demasiado increíbles para ser ficción. Un equipo que nace de un capricho. Que se arma entre amigos, negocios, asados y buenos vinos. Que reúne a los mejores futbolistas de la zona y que la prensa bautiza como “Los Galácticos”. Que debuta en la Liga de Fútbol del Valle del Chubut. Que llega a la última fecha casi sin posibilidades. Que empieza perdiendo 2-0. Que se queda con diez jugadores. Que necesita un milagro.
Y que, cuando todo parece terminado, convierte tres goles, el último en tiempo de descuento, para quedarse con el campeonato. Y después, como si todo eso no fuera suficiente, desaparece. Nunca más vuelve.
Almirante Storni fue campeón en su primera participación oficial. Y fue campeón una sola vez. No hubo segundo torneo. No hubo una nueva temporada. Hubo una vuelta olímpica. Y después, el silencio. Quizás por eso su historia tiene algo diferente. Algo de esas historias que el fútbol guarda en un rincón especial, porque no se parecen a ninguna otra.
LOS INICIOS
Carlos Destro había llegado desde Bahía Blanca y se había radicado en Puerto Madryn. Su historia estaba ligada afectivamente a Pacífico, el club de sus amores. En la ciudad había intentado acercarse a Alianza Fontana Oeste, con la intención de colaborar con la institución. Sin embargo, su personalidad, su manera de entender la dirigencia y su deseo de involucrarse cada vez más en las decisiones del club terminaron generando diferencias.
Destro se alejó y en ese alejamiento apareció una idea. Junto a su socio, Omar “Cura” Segundo, empresario que tiempo después ocuparía las primeras páginas de los diarios por razones muy diferentes a las deportivas, comenzaron a imaginar algo propio: Un club. Un equipo. Una aventura.
Cuentan que la idea tomó forma en la intimidad de un quincho, entre el humo de un asado y el vino compartido. El nombre lo eligió Segundo. Almirante Storni. La referencia estaba en el puerto, allí donde tenía sus negocios y su empresa. El verde fue elección de Destro. El verde de Pacífico. Y así, entre un nombre nacido del puerto y un color surgido de la nostalgia, comenzó a tomar forma un equipo que todavía no sabía que estaba a punto de escribir una de las páginas más extrañas del fútbol regional.
LOS GALÁCTICOS
El proyecto tenía una particularidad. La idea era competir y para competir, había que armar un equipo con las estrellas locales. Almirante Storni fue reuniendo a los mejores futbolistas de distintos equipos de la zona y sumó también algunos refuerzos foráneos. La prensa local observó aquel fenómeno y encontró rápidamente una manera de definirlo: “Los Galácticos”. El nombre parecía exagerado. Hasta que comenzó a jugar.
EL GRAN DT
En las primeras dos fechas, el entrenador fue Horacio Moyano, un hombre con experiencia en el fútbol regional. Pero aquella estructura particular que rodeaba al nuevo equipo no terminó de encajar con su manera de trabajar. Moyano entendía el fútbol desde un lugar más cercano al orden, al profesionalismo y a la planificación. Storni era otra cosa.
Moyano, empujado cuentan, dio un paso al costado. Y entonces apareció Omar Segundo. El empresario se convirtió en entrenador. Quizás no era la elección que habría imaginado cualquier manual de fútbol, pero tampoco había manual para Almirante Storni. Segundo era uno de los dueños del proyecto y, en aquella aventura, eso parecía ser suficiente. A mitad del campeonato se sumó Ramón Barral, un hombre conocido en el ambiente futbolístico local, que acompañó el proceso como ayudante.
INICIO DE TORNEO
Once goles para empezar a soñar. La primera presentación fue una advertencia. Gaiman recibió a los “Galácticos” y se encontró con una tormenta verde. Almirante Storni ganó 11-1. Una goleada de esas que parecen decirlo todo antes de tiempo. Nadie dudaba demasiado. El nuevo equipo parecía destinado a ser campeón.
Pero el fútbol nunca se deja contar tan fácilmente. En la tercera fecha llegó la derrota ante Alianza Fontana Oeste. En la quinta, Alumni también consiguió vencerlo, y aquel equipo que parecía destinado a caminar sin obstáculos comenzó a tropezar.
La tabla se fue apretando. Las certezas comenzaron a desaparecer. Los “Galácticos” dejaron de ser invencibles y cuando llegó el final del torneo, casi nadie se animaba a apostar por ellos.
Parecía que aquella aventura terminaría como terminan tantas otras. Con un buen equipo. Con una gran inversión. Con una historia curiosa, envuelta en el fracaso.
LA TARDE EN QUE TODO PARECÍA PERDIDO
La última jornada tenía dos nombres arriba de todos en la tabla general. Germinal y Alianza Fontana Oeste, ambos con 24 puntos. Storni llegaba detrás, con 22 unidades.
Para ser campeón necesitaba que sucedieran varias cosas. Demasiadas. Casi todas improbables.
Pero aquel domingo, una tras otra, comenzaron a ocurrir. Alianza perdió 4-2 con Deportivo Madryn y Alumni derrotó 2-1 a Germinal en El Fortín, consiguiendo, además, algo que nunca antes había logrado: vencer por primera vez en su historia al conjunto germinalista en su propia cancha.
El campeonato se escapaba de las manos de los que habían llegado como favoritos. Pero Storni tenía un problema. Perdía 2-0 ante Independiente y para completar la escena, Adolfo Otero fue expulsado. Diez hombres y dos goles abajo.
Con esos resultados, cuatro equipos quedaban igualados en 24 puntos: Germinal, Alumni, Alianza y Madryn. Había que jugar un cuadrangular desempate.
Storni quedaba afuera. Quinto. Con 22 puntos.
Los “Galácticos” estaban a minutos de convertirse simplemente en una anécdota.
EL MILAGRO
Y entonces ocurrió el milagro. A los 21 minutos del segundo tiempo, Sánchez descontó. Cinco minutos después, Walter Dencor encontró el empate. La hazaña comenzaba a tomar forma pero no alcanzaba.
Empatar era quedar afuera. El equipo necesitaba ganar. El reloj avanzaba y la tarde se terminaba. Y cuando ya casi no quedaba tiempo, apareció Mansilla. La última jugada. El último suspiro. El último intento.
El balón encontró la red. Gol. 3-2. El equipo que había comenzado la tarde perdiendo 2-0. El equipo que había quedado con diez jugadores. El equipo que estaba condenado a terminar quinto, que necesitaba una combinación de resultados casi imposible. Ese equipo acababa de ser campeón. El fútbol había decidido burlarse de todas las previsiones. Y había elegido el último minuto para hacerlo.
SIN REDES, SOLO LA RADIO
La AM local había preparado un operativo especial. Una transmisión central y periodistas repartidos en los escenarios donde se definía el campeonato.
Y entre ellos, Juan Mondragón. Le tocó estar en la cancha de Independiente. En principio, su tarea parecía sencilla. Contar qué pasaba con Storni. Informar. Dar una salida y volver a la transmisión central entre Alianza y Madryn.
Entre todos los candidatos, aquel equipo verde parecía ser el que menos posibilidades tenía. Pero las salidas comenzaron a crecer. Primero fue el descuento, después el empate y finalmente, el gol del triunfo.
En el medio de los festejos, la radio fue a buscar a Omar “Cura” Segundo. Y Segundo, con la naturalidad de quien sabe que acaba de vivir una historia que probablemente no vuelva a repetirse, dejó una frase que parecía escrita para cerrar el cuento.
“Ahora me retiro como el técnico más ganador del fútbol local: un campeonato y una vuelta olímpica. ¿Para qué más?”.
Quizás tenía razón. Un capricho. Un puñado de grandes jugadores convertido en “Los Galácticos”. Tan solo un torneo. Ser campeón. Y después irse para nunca más volver.
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