Miguel Bottazzi participará en Tasmania del plenario de la Comisión Ballenera Internacional - Últimas Noticias: El Chubut

Puerto Madryn

Miguel Bottazzi participará en Tasmania del plenario de la Comisión Ballenera Internacional

Buscará lograr que se apruebe el Santuario del Atlántico Sud para evitar la caza de ballenas.

por REDACCIÓN CHUBUT 21/09/2026 - 20.10.hs

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El madrynense Miguel Bottazzi volverá a representar a la Argentina en el ámbito conservacionista durante la 80° Reunión de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), que se realizará en Hobart, Tasmania, Australia, entre el 27 de septiembre y el 2 de octubre próximos, en el marco del aniversario de la creación del organismo, que este año convoca a más de 90 países.

Bottazzi ya había participado activamente en 2014 y 2016 junto al Instituto de Conservación de Ballenas, oportunidades en las que realizó dos intervenciones ante los delegados de cancillería presentes, en representación de las ONGs conservacionistas que impulsaban la creación del Santuario del Atlántico Sur. En esta nueva convocatoria, participará junto a la ONG Cethus y lo hará además con un rol de mayor peso institucional: fue nombrado recientemente uno de los dos miembros asesores del área de Whale Watching de la Comisión Ballenera Internacional.

Su objetivo en Hobart será volver a insistir con uno de los reclamos históricos del sector conservacionista, que hasta el momento no logró reunir los votos necesarios en las últimas reuniones: la aprobación del Santuario del Atlántico Sur, un área que abarcaría desde el sur de Brasil hasta la zona pre antártica, en dirección a Sudáfrica, dentro de la cual quedaría prohibida de manera permanente la caza de ballenas.

Para dimensionar el contexto en el que se da esta discusión, la Comisión Ballenera Internacional fue creada en 1946 con el objetivo de administrar las cuotas de caza de ballenas, en un momento en que el recurso comenzaba a escasear a nivel mundial. Con el descubrimiento del petróleo, la materia prima que se extraía de las ballenas fue reemplazada progresivamente por los derivados del «oro negro», y con el correr de las décadas la mayoría de los países fueron adoptando posturas conservacionistas, orientando el aprovechamiento de la especie hacia el ecoturismo.

Japón, en cambio, siguió un camino distinto. Tras la Segunda Guerra Mundial y la posguerra de Hiroshima, el país encontró en la caza de ballenas un recurso accesible y económico para una población que se encontraba en pleno proceso de reconstrucción. Aunque en la actualidad, con una economía ya recuperada, la carne de ballena prácticamente no es consumida por la población japonesa, distintas comunidades continúan dedicadas a esa actividad desde hace décadas, lo que obliga al Estado a subsidiarla para evitar su desaparición, dado que se trata del único oficio al que históricamente se dedicaron. En ese marco, Japón desarrolló una campaña de «investigación científica» para continuar justificando la caza de ballenas, pese a que su consumo interno ya resulta marginal.

Frente a la fuerte presión ejercida por los países conservacionistas, Japón decidió retirarse de la Comisión Ballenera Internacional luego de 2016, para continuar cazando cetáceos dentro de sus propias aguas jurisdiccionales, con la intención declarada de regresar en el futuro a la actividad en aguas internacionales. 

Pese a su salida formal del organismo, el país continúa ejerciendo una fuerte influencia sobre naciones nórdicas, centroamericanas y africanas, promoviendo la caza de ballenas en esos territorios y condicionando, según se advierte desde el sector conservacionista, las decisiones que estos países toman dentro de la Comisión Ballenera Internacional.

 

 

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