Argentina: la “Arabia Saudita del uranio”
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Al anunciar el nombramiento del Secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, el Gobierno señaló que Argentina está en condiciones de convertirse en la “Arabia Saudita del uranio”.
Entrevistado por INFOBAE, el flamante funcionario manifestó que se propone potenciar las capacidades de las empresas del sector para alcanzar escala industrial y generar oportunidades de exportación, indicó que “…es una de las prioridades que tenemos, por el simple hecho que Argentina cuenta, como capacidad latente, con buena parte de la cadena de agregación de valor para ese uranio. Obviamente, tenemos que incrementar las capacidades a escala industrial…”
Continuó manifestando que existe en nuestro país el conocimiento necesario para transformar el concentrado de mineral de uranio, como sale de la planta de tratamiento de las minas, en dióxido de uranio o, eventualmente, en hexafluoruro de uranio.
Luego el abogado destacó el momento, la actual producción de uranio apenas alcanza para abastecer a los reactores en funcionamiento y que, como “el mundo está incrementando sus capacidades nucleares de forma sostenida, Argentina debe aprovechar que tiene los recursos y las tecnologías para explotarlos de forma sustentable”.
Aquí es preciso meditar un poco sobre estas dos afirmaciones.
Es cierto que se publicita abundantemente sobre un presunto resurgimiento nuclear, pero en cuanto a consumo de uranio, también habría que considerar que en el mundo hay cientos de reactores envejecidos que poco a poco se tendrán que ir desmantelando y dejarán de consumir uranio.
Es posible que Argentina disponga la tecnología para explotar yacimientos de uranio en forma sustentable, pero la experiencia es absolutamente contraria a esta segunda afirmación.
La primera explotación de uranio en Argentina fue un proyecto experimental y de pequeña escala, realizado en nuestra provincia por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), poco después de su creación.
Tanto esa mina denominada La Estela, en el distrito Pichiñan, cuyo inicio de explotación experimental se verificó en 1952, como las comerciales posteriores Los Adobes y Cerro Cóndor, incluso la planta de tratamiento Pichiñán en Paso Berwyn, quedaron sus sitios abandonados sin efectuarse la correspondiente remediación.
¿Será que el naciente secretario considera que puede considerarse sustentable la minería del uranio dejando las minas abandonadas?
Y no solo fue así en Chubut, más de dos decenas de sitios contaminados con radiactividad están en el país sin remediar, es decir sin evitar la afectación del ambiente y de las poblaciones cercanas.
Antes de permitir el inicio de explotación de nuevos yacimientos, nuestro gobierno provincial debiera exigir la remediación efectiva de los sitios contaminados.
Durante años la CNEA dispuso partidas presupuestarias para estudiar Cerro Solo, y nunca tuvo recursos para remediar los sitios contaminados.
El nuevo funcionario se mostró plenamente economicista y trató el tema exclusivamente desde el punto de vista de la economía.
Sin embargo, parece desconocer que las explotaciones de uranio EN TODO EL MUNDO han sido y son contaminantes.
Sindo nuestro presidente un reconocido economista, lo que en realidad necesita es asesoramiento en los aspectos sociales, morales, culturales, de salud, etc. De economía sabe bastante, pero tal vez desconozca los efectos negativos y desastrosos que la minería del uranio ha producido en el mundo.
En estas páginas venimos advirtiendo, y lo seguiremos haciendo, los efectos perjudiciales de esta minería radiactiva. (Fuente: Entrevista de Mariano Roca Infobae)
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