Carta del Lector

Riesgos de la reforma reguladora nuclear de Trump I

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La política nuclear actual estadounidense, es decir la política de Trump, reduce las atribuciones de la Comisión Reguladora Nuclear (NRC). Veamos los riesgos que genera esta política.

La administración de Trump ha firmado órdenes ejecutivas para reformar la NRC, enfocadas en acelerar permisos y ampliar el uso de energía nuclear como parte de su política energética doméstica y otras para impulsar la industria nuclear.

 

La NRC (Nuclear Regulatory Commission) es una de las autoridades nucleares más respetadas del mundo, aun cuando ha recibido innumerables críticas.

 

Cuando se habla de reducir sus atribuciones, acelerar licencias o limitar su margen de acción, los riesgos no son inmediatos, tipo “mañana hay un accidente”, sino sistémicos y acumulativos.

 

Menos regulación aumenta los riesgos y aumenta el temor a la Energía Atómica

 

Si la NRC pierde capacidad para imponer requisitos técnicos estrictos, exigir estudios independientes, y frenar proyectos que no cumplan estándares, entonces aumenta el riesgo de diseños insuficientemente probados, especialmente con reactores “avanzados” o con los pequeños reactores que se están poniendo “de moda” (SMR), operación con márgenes de seguridad más ajustados, menor cultura de “defensa en profundidad”.

 

Estados Unidos no se vuelve “inseguro” de golpe, pero se reduce el colchón de seguridad que históricamente ha evitado accidentes graves.

 

Paradójicamente, debilitar al regulador puede generar más incertidumbre, no menos.

 

Empresas serias prefieren reglas claras y estables. Si la NRC pierde autoridad técnica y se vuelve más política, las decisiones pueden percibirse como arbitrarias o cambiantes. Esto puede derivar en litigios,

 

retrasos, y falta de confianza de inversores internacionales.

 

O sea, el intento de la reforma de “acelerar” puede acabar retardando.

 

Aunque la NRC no es un organismo de salvaguardias internacionales cumple un rol clave en control de materiales nucleares, licencias de exportación, y trazabilidad de tecnología sensible.

 

Si su rol se reduce, aumenta la presión sobre otros organismos, se fragmenta el control, y se abre la puerta a zonas grises regulatorias.

 

Estados Unidos ha sido históricamente exportador de normas, referente regulatorio, y modelo para otros países. Si baja el estándar, otros países pueden justificar regulaciones más laxas.

 

Con reactores avanzados y SMR, el riesgo es doble, porque estas tecnologías aún no tienen décadas de experiencia operativa. La revisión técnica debe ser profunda justo en esta fase, de no ser así aumenta la probabilidad de errores de diseño.

 

Muchos expertos dicen: “si vas a innovar rápido, necesitas un regulador fuerte, no débil”.

 

Si la reforma es quirúrgica y bien diseñada, pueden obtenerse estos beneficios: reducción de trámites redundantes, licencias por etapas, procesos más predecibles, etc.

 

En concreto, reducir atribuciones a la NRC puede implicar:

 

a) más riesgo técnico a largo plazo;

 

b) debilitamiento del control de materiales;

 

c) menor credibilidad internacional y

 

d) más incertidumbre jurídica.

 

Es decir se puede obtener beneficios de una reforma de la NRC si se hace con mucho cuidado. La reforma de Trump es potencialmente preocupante porque afecta la independencia y capacidad técnica de la NRC.

 

Trump quiere acelerar despliegue nuclear, atraer inversión privada y competir con China. Pero…debilitar la NRC va en la dirección opuesta, porque           los inversores serios quieren certeza regulatoria, además los mercados internacionales confían en el “sello NRC”. El costo del capital baja cuando el regulador es creíble.

 

Menos NRC fuerte produce más riesgo percibido, no menos.                             

 

Continúa...

 

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