Hibakusha: 81 años después - Últimas Noticias: El Chubut

Carta del Lector

Hibakusha: 81 años después

Tiempo de lectura 5 minutos
En agosto de 2026 se cumplen 81 años de los bombardeos atómicos de Hiroshima (5 de agosto de 1945) y Nagasaki (9 de agosto de 1945). Los hibakusha, "personas afectadas por la explosión", constituyen una población única en la historia: sobrevivieron al ataque inicial y durante ocho décadas han permitido comprender las consecuencias médicas, psicológicas y sociales de la radiación ionizante y de las armas nucleares.

¿Quiénes son los hibakusha?

 

El término japonés hibakusha designa a los sobrevivientes de las explosiones atómicas, a personas expuestas a la radiación en los días posteriores y, en algunos casos, quienes estuvieron expuestos durante las tareas de rescate.

 

Se estima que alrededor de 650.000 personas sobrevivieron inicialmente a los bombardeos, aunque muchas fallecieron posteriormente por quemaduras, traumatismos y enfermedades relacionadas con la radiación.

 

Hoy la generación hibakusha se encuentra en la última etapa de su existencia.

 

En 2025 el número de hibakusha oficialmente reconocidos descendió por primera vez por debajo de los 100.000. La edad promedio supera los 86 años. Cada año fallecen miles de sobrevivientes, por lo que la transmisión de sus testimonios se ha convertido en una prioridad histórica.

 

Consecuencias para la salud

 

Ochenta años de investigación, principalmente por la Radiation Effects Research Foundation (RERF), constituyen la base científica más importante sobre los efectos biológicos de la radiación en seres humanos.

 

Los estudios han demostrado aumento significativo del riesgo de leucemia, especialmente en los primeros años posteriores, incremento del riesgo de numerosos cánceres sólidos, mayor frecuencia de cataratas y otras enfermedades relacionadas con la exposición a dosis elevadas y una relación entre la dosis recibida y el aumento del riesgo de enfermedad, que ha servido de fundamento para la radioprotección moderna.

 

¿Qué ocurrió con sus hijos y nietos?

 

Ésta ha sido una de las preguntas científicas más importantes.

 

Después de ocho décadas de seguimiento no se ha demostrado un aumento importante de enfermedades hereditarias en los hijos de los hibakusha comparable al observado en los propios sobrevivientes, continúan investigaciones sobre posibles efectos muy pequeños o difíciles de detectar, pero hasta ahora la evidencia disponible no muestra incrementos claros de malformaciones congénitas, cáncer o mortalidad atribuibles a mutaciones heredadas por la radiación de los padres.

 

Las secuelas no fueron solamente físicas, muchos hibakusha padecieron trastorno por estrés postraumático, ansiedad permanente, pesadillas recurrentes, duelo por la pérdida de familiares, "culpa del sobreviviente" y temor constante a desarrollar cáncer.

 

Además, durante décadas sufrieron discriminación social. Muchas personas evitaban casarse con hibakusha por miedo, equivocado, según el conocimiento científico actual, a que sus hijos nacieran con enfermedades hereditarias. Otros tuvieron dificultades para conseguir empleo o seguros médicos.



 

 

De víctimas a educadores

 

Con el paso de los años, miles de hibakusha decidieron contar públicamente su experiencia.

 

Visitaron escuelas, universidades, parlamentos y organismos internacionales relatando la explosión, las quemaduras, la lluvia negra, la destrucción de las ciudades y el sufrimiento durante las semanas y meses posteriores.

 

Su objetivo fue resumido en una frase que se volvió universal: "No more Hibakusha" ("Nunca más hibakusha").

 

El desafío para el futuro

 

A los 81 años de Hiroshima y Nagasaki, el mayor desafío ya no es únicamente médico. Es también histórico y moral. En pocos años ya no quedarán testigos presenciales.

 

La memoria dependerá de archivos, grabaciones, museos, investigaciones científicas y de las nuevas generaciones que decidan mantener vivo su testimonio.

 

Los hibakusha representan uno de los grupos humanos más estudiados de la historia de la medicina y, al mismo tiempo, uno de los símbolos más poderosos del costo humano de la guerra nuclear. Ocho décadas de investigación han permitido comprender mejor los efectos de la radiación, mientras que ocho décadas de testimonios han recordado al mundo que detrás de cada dato epidemiológico hubo personas, familias y comunidades cuya vida cambió para siempre.

 

¿Querés recibir notificaciones de alertas?