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Carta del Lector

Uranio en Argentina IV

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En notas anteriores vimos les recursos disponibles en los siete yacimientos más importantes del país. Veamos ahora cómo se pasaría del recurso geológico a una explotación real: perforaciones, leyes, método minero, procesamiento, agua, inversión, vida útil y pasivos ambientales.

En realidad, los siete proyectos están muy lejos de encontrarse en una situación comparable entre si.

 

Cerro Solo tiene una historia de evaluación mucho más avanzada de lo que deja entender la etiqueta oficial actual de "exploración avanzada".

 

La cifra de recursos de Cerro Solo merece una explicación: las distintas publicaciones usan diferentes cortes y categorías. La tabla oficial de recursos de la Secretaría de Minería de 2025 utiliza 4.420 tU de recursos medidos/indicados + 3.760 tU inferidos; otras publicaciones conservan 4.810 tU inferidos bajo un umbral de costo diferente.

 

La CNEA ya hizo una verdadera evaluación de prefactibilidad. El proyecto se desarrolló intensivamente entre 1990 y 1997. En la etapa principal se perforaron 410 pozos, con mallas de hasta 25 × 25 metros en sectores de interés.

 

Además, se hicieron estudios geológicos, radiométricos, hidrogeológicos, mineralógicos, metalúrgicos, de lixiviación y económicos.

 

La documentación disponible indica unos 72.300 metros totales de perforación, de los cuales unos 47.800 metros corresponden específicamente al Proyecto Cerro Solo. Eso es muchísimo más que una simple "exploración".

 

La mineralización está aproximadamente entre 50 y 130 metros de profundidad, con un techo mineralizado promedio cercano a los 96 m.

 

Se han informado valores promedio del orden de 0,3–0,5 % U para su Ley, según el sector y el cut-off utilizado. Para un depósito de areniscas es una ley relativamente alta.

 

Originalmente la CNEA pensaba iniciar la explotación a cielo abierto con una excavación de hasta 65 metros de  profundidad aproximadamente y, desde allí, seguir en túneles. Actualmente se está estudiando la posibilidad de lixiviación in situ (ISL/ISR).

 

La propia documentación técnica de CNEA dice que estudió específicamente la factibilidad de aplicar por primera vez en Argentina esta tecnología. De ser factible no habría que abrir una gigantesca cantera.

 

Se inyectaría una solución lixiviante en el acuífero mineralizado, se disolvería el uranio y se bombearía nuevamente el fluido a superficie para recuperar el uranio.

 

Para este método el comportamiento hidrogeológico del acuífero pasa a ser una cuestión central. No hay en el mundo un yacimiento explotado con esta tecnología que haya conseguido restituir las condiciones de las aguas subterráneas a las anteriores a la explotación, siempre queda contaminado el acuífero.

 

Meseta Central, un caso todavía más dependiente del agua subterránea. Rodea prácticamente a Cerro Solo.

 

UrAmérica identificó aproximadamente 7.350 tU inferidas, con una ley media cercana a 260 ppm U, según la evaluación histórica de referencia.

 

La información histórica indica 178 perforaciones, 21.450 metros perforados, mineralización aproximadamente entre 40 y 140 m de profundidad, capas horizontales o suavemente inclinadas y espesores de hasta unos 15 m.

 

Aproximadamente 75 % del recurso estaría en capas de acuíferos confinados. Por eso se planteó estudiar la posibilidad de lixiviación in situ.

 

Es decir, Meseta Central no es simplemente un problema de "sacar roca".

 

Es fundamentalmente un problema de geología más hidrogeología más química del lixiviante más recuperación del uranio más restauración del acuífero.

 

Y por eso todavía no existe una factibilidad económica demostrada. De todas maneras, ya hay que ir pensando que si se explota por este método, las aguas subterráneas quedarán contaminadas con el producto lixiviante que se utilice y, por supuesto, con radiactividad.

 

Amarillo Grande, depósito Ivana. Es el proyecto privado más avanzado.

 

Aquí la situación es bastante diferente. Blue Sky Uranium ha llevado Ivana hasta una PEA y en 2026 hubo un paso significativo, se completó un programa de 328 perforaciones de relleno y se inició el trabajo de ingeniería y ensayos metalúrgicos destinado a avanzar hacia prefactibilidad/factibilidad.

 

La PEA contempla aproximadamente 520 tU/año de producción.

 

El costo de producción estimado históricamente fue de unos: 40 u$s/kg U₃O₈, neto de créditos por vanadio.

 

Esto es importante porque el proyecto no depende exclusivamente del precio del uranio: el vanadio aparece como coproducto.

 

Pero recordemos que una PEA no demuestra viabilidad comercial definitiva. La propia documentación de la industria minera advierte que una PEA puede utilizar recursos inferidos, que no son reservas minerales, y que no existe certeza de que los resultados económicos se materialicen.

 

Por eso, Ivana está en camino hacia prefactibilidad/factibilidad. No es todavía una mina financiada y lista para construirse.                                                                                                            

 

 Continúa...

 

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