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El zonal del valle

Isidro, el inmigrante que trajo la magia a un pueblo

Nuestro país ha sido cuna y cobijo de cientos de inmigrantes, que llegaron en la búsqueda de un futuro mejor, Isidro Jaime José Samso Almirall, fue uno de ellos. 

por REDACCIÓN CHUBUT 06/03/2019 - 13.35.hs

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Había nacido un 29 de agosto de 1891 en Piera - Barcelona, llegó a la Argentina junto a un hermano, huyendo de la crisis económica y política que su país estaba transitando.
Con solo 14 años de edad se radicó en el Valle, precisamente en Gaiman. Como todo inmigrante, trabajó arduamente dedicándose al comercio, brindando al pueblo de aquellos años, un toque mágico. A través de las tertulias en el conocido bar de Samso o de las funciones que en su cine brindaba, con películas en blanco y negro, acompañadas por la música de la pianola que las manos de un joven aventurado inventaba para ese momento.
Hoy quedan los recuerdos de todos aquellos momentos, de los que uno de sus cinco hijos (Rosa, Juan, Ana, Domingo), Isidro rememora y nos trasmite con nostalgia.

 

RECUERDOS DE SU HIJO ISIDRO
“En el año 1912, papá compró el lugar donde antes había una herrería, comenzó con un negocio de ramos generales, donde también funcionaba una mercería, que atendía mi mamá, Antonia Santos” (Isidro conserva aún la bandera Argentina que su madre solía colocar en el lugar).

 

INICIOS DEL BAR “ARMONIA” Y EL INOLViDABLE CINE EN GAIMAN
Dos años después inauguró el conocido bar “Armonía” ubicado sobre la avenida principal del pueblo, siendo el principal lugar de encuentro de chacareros e inmigrantes; protagonistas del auge que se vivía en el valle durante aquellos años.
Luego llegó el cine, donde no solo eran proyectadas las películas en blanco y negro, sino también se hacían espectáculos artísticos llegando a recibir artistas famosos Mercedas Sosa, Gina María Hidalgo, Horacio Guaraní, Hernán Figueroa Reyes entre otros. A Isidro padre, lo ayudaba su hijo Domingo “Chiche” atender el bar y el cine.
Isidro dice, “en el año 1950, papá agrandó el salón del cine hasta el canal y trajo maquinas nuevas”. “Yo iba a veces en un Ford A a Trelew para buscar las películas que se pasaban en el cine de ahí y esa misma noche las proyectábamos acá (por Gaiman)”. “El cine de Trelew lo tenía Roque González y también estaba José María Sáez (fundador del diario EL CHUBUT)”. Roque González también tenía cine en Comodoro Rivadavia y Chile”. 
Pero si hablamos del cine, no debe ser difícil para los antiguos pobladores de Gaiman, recordar que sus instalaciones oficiaron de iglesia, para realizar algunos casamientos durante una de las últimas inundaciones en el Valle, debido a que la iglesia del pueblo había sido presa del agua.
“El viejo fue además, protagonista y testigo de varios casamientos por civil, cuando el Juzgado de Paz funcionaba en una habitación que él alquilaba por $18 al lado del cine”.
“Cuando salió la televisión, en el año 1974, y falleció papá, cerramos el cine” cuenta con nostalgia Isidro. 

 

LA SODERIA
Además del bar y cine, la familia Samso ofreció durante varios años el reparto de soda a domicilio. Los encargados de ello fueron Isidro y Juan inicio.
Isidro cuenta, “en el año 1959 empecé a trabajar repartiendo soda, cuando empezamos ¡dios mío!, repartimos solamente dos cajones de soda (ríe)”. “La gente estaba acostumbrada a comprarle al sodero Krebs. “Seguimos y después al otro día dejamos un poquito más”. “Repartíamos en un Chevrolet 4, y menos mal que teníamos al nene Thomas que siempre nos atendía muy bien con el tema mecánico”.
Pero no solo era la mecánica lo que a veces complicaban los repartos, debía sortear además los problemas de los caminos de ripio, algunos casi intransitables de aquel momento. 
“Teníamos que parchar las cubiertas, las que no eran como ahora, tenían llantas artillera como se las llamaba”.
“Una vez fui a dejar soda a un picnic, en la zona de Bryn Gwyn al Club Defensores del Valle, cuando volvía cerca de las seis de la tarde, pinché una goma”. “Fui a la chacra de un vecino, que me prestó un caballo para llegar al pueblo, pero como el animal estaba acostumbrado a ir a un boliche cerquita de esa chacra, se metió ahí y no lo pude sacar (ríe)”. “Tuve que venir caminando, ese día fue fatal porque llegamos con el coche a las once de la noche”.
“Al principio, usábamos sifones de vidrio grueso y por eso los cajones pesaban muchísimo”. “Salíamos a las nueve de la mañana y en aquellos años en invierno, se congelaban y era peligroso, porque teníamos que tener cuidado que no explotaran”. 
Entre tantas de sus anécdotas, Isidro recuerda también que una vez, mientras repartían en las chacras con un Ford A que no teníamos frenos, pasaron de largo atravesando una tranquera pero el chacarero no se hizo problema causándole mucha gracia. 
Hoy quedan esos hermosos recuerdos, que don Isidro dejó no solo a su familia sino también a todos los pobladores que conocieron y disfrutaron de su impronta.   
 

 

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