“Voluntario” - Últimas Noticias: El Chubut

Fin de Semana

“Voluntario”

Esta obra, de Dan Zamora, fue seleccionada por el jurado del Concurso literario de aventuras y ciencia ficción, integrado por la Asociación Educación y Valores de Chubut, el Voluntariado de Lectura de Chubut y el Cenpat.

por REDACCIÓN CHUBUT 06/08/2021 - 20.57.hs

Voluntario

 

Estaba sentado en una mesa en la vereda del bar cuando su amigo se sentó en la silla que estaba frente a él. Era la primera vez que lo veía desde que se había ofrecido voluntario para ese estudio, hace casi seis meses. Y se veía... distinto. Más inquieto. Más... ¿duro?

 

Se acercó a la mesa y lo miró a los ojos fijamente por un momento.

 

—¿Fran, te estás merqueando de nuevo? —preguntó, un poco molesto.

 

Su amigo soltó una gran carcajada.

 

—No, no, no... Es la medicación que estoy tomando. Me deja medio manija, pero sigo siendo yo, Carli, no te preocupés.

 

Le dio una palmada en el hombro y llamó al mozo. Pidió una cerveza.

 

—¿Y al fin podés hablar del famoso estudio o tenés que seguir callado?

 

Su amigo rió, y sacó un cigarrillo, lo encendió y dio una larga pitada.

 

—Ay sí, al fin me pude escapar un rato. Todavía no puedo contarle a nadie —Soltó el humo—. Pero a vos te voy a contar. Porque igual ya lo sabés.

 

Carlos no entendió a qué se refería con eso.

 

—¿Y qué onda? ¿Qué estás haciendo todavía en el hospital?

 

Su amigo dio una larga pitada antes de hablar.

 

—Estoy tomando un medicamento que me hace ver mi futuro.

 

Carlos tuvo que tragarse su risa, porque lo había dicho muy en serio.

 

—¿Qué? Me estás cargando.

 

Negó con la cabeza mientras el mozo llegaba con la botella y los vasos. Terminó su cigarrillo rápidamente y sirvió ambos vasos.

 

—Salud —dijo, y chocó el vaso que sostenía Carlos, todavía en silencio.

 

—¿Cómo que ver el futuro?

 

Asintió mientras daba el primer trago.

 

—Ver el futuro, como si tuvieras recuerdos pero del futuro.

 

Seguía sin entender.

 

—Y te lo estoy contando ahora porque sé que dentro de poco nos vamos a pelear, y cuando nos peleamos ya lo sabías.

 

Eso lo sorprendió.

 

—¿Nos vamos a pelear?

 

Dio otro sorbo y asintió.

 

—Sí, y feo. No nos vamos a hablar por un par de años.

 

La liviandad con la que lo había dicho le cayó muy mal.

 

—Pero, si sabés lo que va a pasar, ¿por qué no buscás la forma de que no pase?

 

Chistó, de la misma forma que hacía siempre que estaba molesto.

 

—No entendés, no es que veo lo que puede llegar a pasar. Es que... ya pasó. Lo que va a pasar ya pasó.

 

Lo miró sin entender.

 

—Pero todavía no pasó.

 

—Para vos. Para mí ya pasó.

 

—¿Pero cómo?

 

Negó con la cabeza, sacó otro cigarrillo y lo encendió, dio una larga pitada y soltó el humo por la nariz.

 

—Yo voy a morir de cáncer, dentro de diecisiete años.

 

Su amigo señaló el cigarrillo que tenía en su mano.

 

—¿Y sabiendo eso seguís fumando?

 

Dijo que no con la cabeza, mientras daba otra pitada.

 

—No, yo ya dejé de fumar, pero todavía no, porque todavía no tengo nada. Aparte morí de cáncer de hígado, esperando un donante.

 

Esas palabras le cayeron aún peor.

 

—¿Por qué me decís eso? —dijo con dolor.

 

—Porque ya te dije, ya pasó. No estoy haciendo nada nuevo, no estoy cambiando nada, todo esto ya pasó.

 

Seguía sin entenderlo.

 

—¿Me lo podrías explicar de una forma más... coherente?

 

Asintió, y dejó su cigarrillo un momento para servirse más cerveza.

 

—¿Te acordás de tus dieciocho? ¿De la fiesta?

 

—Obvio, si rompí la ventana de mis viejos y llene de vidrio la pileta.

 

—Te acordás de eso, pero si te pido que me digas momento a momento lo que pasó, con todos los detalles y todas las palabras que dijiste, ¿podrías?

 

—Imposible. Con el pedo que tenía...

 

—Bueno, el futuro es algo similar para mí —Tomó su cigarrillo de nuevo—. Es algo que ya pasó. No es algo que se viene, y que puedo cambiar si hago algo distinto. No es que me acuerdo todos los detalles. Son recuerdos de algo que ya pasó. Ya me casé, y ya tuve dos hijos. Ya la conozco a mi mujer, bueno eso sí es verdad, porque ya sé quién es. Pero ella todavía no me reconoce, porque todavía no tuvimos nuestro primer encuentro de verdad. En este momento no me entra en la cabeza cómo me pude enamorar de ella, pero me acuerdo de pensar que haría cualquier cosa por ella. Y de desear tener más tiempo, y ver crecer a mis hijos. Pero son recuerdos. De la misma forma que me acuerdo de haber sacado mi carnet de manejo, ¿pero vos te acordás de cuando sacaste el tuyo? —Carlos asintió seguro de sí mismo—. A ver, sin mirar la fecha, decime ahora mismo cuándo lo sacaste.

 

Se quedó en silencio un momento, haciendo cálculos. Tenía diecinueve cuando lo sacó, hace... trece años. Había nacido en el ’92.

 

—En el 2011. Creo.

 

—Y eso que no me dijiste mes y día. Con suerte pudiste redondear el año. Ahora... imagina eso pero para adelante. ¿Vos crees que yo sé exactamente cuándo va a ser el día que voy a hablar por primera vez con mi mujer? ¡No! Con suerte me acuerdo de dónde fue... Y la verdad, ni eso, porque no me acuerdo bien si yo estaba entrando o saliendo de ese shopping.

 

Lo miró en silencio un momento. Era su mejor amigo, pero se sentía distinto a como había sido todos los años que habían compartido.

 

—Vos me estás cargando —dijo con una risita y bebió.

 

—No, boludo, ¿cómo te voy a joder con esto?

 

Se miraron en silencio.

 

—Decime algo entonces, algo que va a pasar.

 

Francisco rió despacio.

 

—Te dije que no funciona así, aparte si te digo algo, ¿vas a tener que esperar un año o dos hasta que se cumpla para recién creerme?

 

Bebió de nuevo, con ansia. Carlos lo miró, ahora comenzaba a molestarse.

 

—¿Y por qué nos peleamos?

 

Francisco terminó su vaso. Se sirvió de nuevo, no lo miró a los ojos. Terminó su cigarrillo antes de hablar.

 

—Por lo de tu hermana.

 

Carlos retrocedió en su silla.

 

—¿Qué con mi hermana?

 

Francisco seguía sin levantar la mirada. Se mordió un labio.

 

—Sabés, capaz que hubiera sido mejor si no te decía nada.

 

—¿Qué va a pasar con mi hermana?

 

Su amigo sacó su teléfono y revisó algo, su expresión se transformó.

 

—Uhh... —dijo y lo guardó de nuevo, tomó su vaso y lo terminó rápidamente.

 

—¿Qué pasa?

 

—Me tengo que ir, tengo que volver al hospital antes que llegue mi médico.

 

Se puso de pie y sacó la billetera. Él se puso de pie un segundo después.

 

—Alto, pará, ¿qué le va a pasar a mi hermana?

 

Francisco lo miró a los ojos, y Carlos pudo notar dolor en su rostro. Francisco lo abrazó, fuertemente. Le habló al oído.

 

—No me odiés, Carli. Sos mi mejor amigo y sabés que siempre voy a estar.

 

Le dio un beso en la mejilla. Dejó un billete sobre la mesa y volteó sin mirar atrás. Le hizo seña a un taxi y en menos de un minuto había desaparecido.

 

Se dejó caer en la silla. Sin palabras. Francisco nunca le había mentido, y no haría nada para lastimarlo. Pero esto había sido distinto. No podía creerlo. No quería creerlo. Sacó su teléfono y marcó, desesperado. Sintió el tono.

 

—¿Hola?

 

—¿Marce? —preguntó de inmediato—. ¿Estás bien?

 

—Ah, Carli, hola. Sí, estoy bien, ¿por qué? ¿Pasó algo?

 

—No, nada, nada... Ya hablamos después —cortó rápidamente.

 

Su hermana había sonado como siempre. Miró el vaso vacío sobre la mesa. Francisco no le mentiría. Él nunca le mentiría. Diecisiete años. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Porque sabía que no era mentira.

 

¿Cuánto tiempo le quedaba a ella?

 

¿Querés recibir notificaciones de alertas?