Pasión y Vocación de servicio
Roxana y Anabella, dos mujeres que forman parte del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Gaiman nos cuentan su historia
por REDACCIÓN CHUBUT 23/06/2024 - 10.54.hs
Roxana Montoya y Anabella son madre e hija y ambas son bomberos en el cuartel de Gaiman. Las dos comparten la pasión por lo que hacen y una gran vocación de servicio a la comunidad. Este mes estuvo cargado de emociones y festejos para ellas, ya que el 2 de Junio se conmemoró el día del bombero voluntario y el 17 de junio su cuartel cumplió 35 años.
Roxana Montoya se crio en la zona de chacras del valle. Hoy en día es bombero, y forma parte del cuartel de Gaiman hace ya casi 14 años. Su vocación se despertó casi de casualidad, ya que nunca le había llamado la atención ni se había interesado por conocer algo sobre el tema.
De esta manera, confiesa “en el 2008 tuve que pasar por algunas cosas complicadas personales, y necesitaba una motivación. Estaba en una situación muy mala y enojada con Dios y los que se me cruzaban. Escuché por radio que llamaban para formar parte del cuartel, una conocida dijo que ella iba a ir, y asique me mandé. Yo no sabía mucho del tema, pero me acerqué a la institución, me anoté y comencé el curso”.
En aquel entonces, viajaba hasta Madryn todos los sábados a cursar. “Gracias a mis hijas pude hacerlo. Me apoyaron mucho y cuidaron a su hermanito que era chiquito. Yo pude hacer todo lo que me propuse, y la familia es fundamental, son un gran pilar”.
Asegura que la cursada tampoco era fácil. “Soy muy dispersa, siempre me costó lo teórico. Asique fue un gran esfuerzo”. Así fue como Roxana egresó como bombero en el 2011 y hasta hoy forma parte del cuartel de Gaiman.
Hoy en día, Roxana asegura amar la institución. Y recuerda también aquellos comienzos en los que no era tan fácil. “´Antes nos amontonábamos, hacíamos guardia, cocinábamos ahí. No teníamos todo lo que tenemos hoy, que tenemos nuestro espacio, tenemos dormis, nuestro lugar de vestuario calentito. Cuando ingresé no era así. Teníamos un solo equipo para todo. Era otra la situación”. Y agrega “Veo todo lo que avanzó y yo me siento re orgullosa. De esto, de lo que se ha logrado. Siempre le digo a los chicos nuevos que hay que valorar. Siempre alguien estuvo antes”.
“La institución de bomberos es como la familia. Hemos pasado tantas cosas. Es una institución que ha crecido tanto. Cuando yo ingrese había solo 2 bomberos mujeres en la institución. Era medio difícil. Todo estaba preparado para hombres. De a poco todo se fue adaptando”.
Hoy en día, ya son 8 mujeres las que forman parte del cuartel, lo que ya significa un gran cambio y crecimiento para la institución.
Roxana también confiesa “Encontré en mis compañeros muy buenos amigos y una gran contención. Cuando entré, no sabía qué era lo que quería. Esto te atrapa. Una vez que entras, lo sentís. Es una gran pasión. Además, somos un gran aporte a la comunidad y eso es gratificante y emociona”.
Hace algunos años, Anabella Terron, la hija de Roxana, también terminó uniéndose al cuartel. “Cuando estaba en mi anteúltimo año de la escuela secundaria, mientras transcurrían las vacaciones, le preguntaron a mi mamá si yo no podía cubrir a un cuartelero. Yo tenía 17 años y me animé. Tenía que atender el teléfono y llamar a los chicos, pero, de a poco, todo esto me fue atrapando. Cuando estas en el cuartel te sentís cómoda, el ambiente es lindo” recuerda Anabella.
Así fue como ella también comenzó a trabajar y a ver a su mamá y al resto de los bomberos del cuartel en acción. “Yo ya admiraba la profesión viendo a mi mamá, y cuando estas acá te das cuenta lo que es. Empecé a sentir la dinámica y la adrenalina, con el compañerismo que se vivía acá adentro, y me quedé”.
Anabella terminó sus estudios y se formó como bombero. “Fue un año intenso. De lunes a viernes iba a la escuela, y lo sábados hacía el curso de bombero casi todo el día”.
Y agrega “No pensé que iba a tener tantos años acá, ya llevo casi 7 años. No pensé llegar hasta acá. Hoy soy una más de las mujeres del cuartel de Gaiman. Además, me preparé para instructora nacional. Desde ahí soy instructora también y estoy a cargo del departamento de capacitación de acá”.
Madre e hija coinciden en que esta es su gran pasión y no se ven en otro lugar, y que, a pesar de que hay que capacitarse siempre, y dedicarle mucho tiempo, lo hacen con un gran amor. “Nosotros estamos acá porque hay algo que nos une, que es la gran satisfacción de pertenecer a esta institución. Sabemos que hay agradecimiento y devolución de parte de la gente, nos tienen siempre presente. Eso es lo que nos llena”.
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