El motor de la constancia
La historia de lucha y sabor artesanal detrás de «El Trébol»
por REDACCIÓN CHUBUT 21/05/2026 - 19.51.hs
Detrás de cada emprendimiento local hay una historia de esfuerzo, y la de Mirta Conrad Meder, la creadora de «El Trébol» es un reflejo de resiliencia. Nacida en Buenos Aires, llegó a Trelew hace 35 años junto a su esposo —su gran compañero de vida tras más de 40 años de casados— en busca de nuevas oportunidades. «Mi marido y mis hijos son mi gran sostén». A pesar de los desafíos del camino, hoy mira hacia atrás con profunda gratitud: «Estoy muy agradecida al sur, me ha dado mucho y me he cruzado con muchísima gente buena acá», afirma con orgullo.
Su trayectoria laboral estuvo marcada por la cultura del trabajo. Empezó en el sector industrial, pero tras el nacimiento de sus mellis debió abandonar su empleo por pedido de la empresa en la que trabajaba. Lejos de bajar los brazos, se reinventó como vendedora ambulante en la calle y puerta a puerta. Más tarde, llegó a sumar hasta siete trabajos semanales en casas de familia, sostenida por la recomendación de sus clientes y los valores de respeto e integridad inculcados por sus padres.
La cocina, una herencia materna que perfeccionó con los años, se convirtió en su refugio y salida laboral definitiva. Hace 16 años comenzó a feriar en diferentes lugares, como en la Laguna Chiquichano, vendiendo dulces, miel y repostería artesanal. El proyecto actual, «El Trébol», cobró fuerza tras un golpe de salud que la obligó a parar, pero no a detenerse. Hoy, a punto de cumplir 68 años y ya jubilada, sigue activa por pura pasión y responsabilidad.
Variedad artesanal y el secreto de la perseverancia
Mirta ama cocinar. «La cocina siempre fue parte de mi vida, un poco lo heredé y un poco voy agregando yo».
La propuesta culinaria de «El Trébol» destaca por su calidad y variedad tanto en lo dulce como en lo salado. Su producción abarca desde la tradicional torta de 80 golpes (con un toque de whisky) y torta alemana, hasta budines, trufas, pastafrolas y tartas de manzana. Además, elabora dulces caseros de membrillo, frambuesa, cereza, damasco, durazno, pera y limón. A su vez, Mirta también cocina y vende por encargue sorrentinos y canelones y realiza servicios de pastelería para cumpleaños, con alfajores, tortas de cumpleaños, etc.
Actualmente, sus productos se pueden encontrar en diferentes ferias locales, como en el Centro de Jubilados, en la cancha de Racing de Trelew y en la Feria Itinerante de Rawson, donde comparte espacio con más de 100 feriantes. También trabaja bajo pedido con uno o dos días de anticipación.
«Hago lo que me pidan, siempre utilizando materia prima de calidad y fresca».
Para quienes recién comienzan en el rubro, deja un consejo basado en su propia experiencia: «La gente se desanima cuando va a una feria y no vende. Tenes que darles tiempo para que te conozcan. Soy una mujer que no baja los brazos. Donde puedo ayudar, estoy. No hay que desmotivarse. Hay que confiar que vas a salir adelante. Yo empecé y me fui haciendo conocer, y hoy ya tengo mis clientes fijos que me eligen».
Mirta concluye con emoción: «Yo no me muevo de mi lugar de feriante, me encanta. Para mí esto es algo maravilloso. Es algo que vengo trayendo de herencia. Es mi sostén y salida laboral. Soy jubilada, y esto me encanta. Me toca gente maravillosa alrededor mío. No tengo palabras para agradecer. Estoy feliz».
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