SIN PERMISO
Por Montoya Bellón Candelaria
por REDACCIÓN CHUBUT 16/08/2026 - 19.25.hs
¿Cuánto de mí hay en la mirada que tengo sobre el otro?
Muchas veces miramos al otro y, sin darnos cuenta, lo comparamos con nosotros.
Juzgamos cómo se viste, cómo vive, qué tiene o cómo se comporta. Y ahí aparece el prejuicio.
Pero quizás la pregunta no sea solamente “¿por qué esa persona es así?”, sino también:
“¿Por qué esto me genera tanto?”
Freud habló de la proyección como un mecanismo mediante el cual podemos atribuir al otro aspectos que nos cuesta reconocer en nosotros mismos.
No todo lo que vemos en el otro es una proyección. Pero puede ser una oportunidad para mirarnos.
También comparamos:
“Ella es más linda.”
“Él tiene más éxito.”
“¿Por qué yo no tengo eso?”
Y sin darnos cuenta, hacemos del otro una medida de nuestro propio valor.
Por eso, quizás necesitemos cambiar la pregunta:
¿Estoy mirando al otro para conocerlo o para compararme?
Ser conscientes no significa dejar de equivocarnos. Significa animarnos a cuestionar nuestros prejuicios, nuestras comparaciones y aquello que sentimos.
Porque tal vez el verdadero cambio comienza cuando dejamos de preguntarnos qué tiene el otro que yo no tengo, y empezamos a preguntarnos:
¿Qué parte de mí estoy viendo cuando miro al otro?
Juzgar menos y preguntarnos más.
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