Las leedoras desde la antigüedad. - Últimas Noticias: El Chubut

Día del lector

Las leedoras desde la antigüedad.

Cada 24 de agosto, Argentina celebra el Día del Lector para conmemorar el nacimiento de Jorge Luis Borges. El imaginario colectivo suele evocar la figura del escritor ciego perdido entre los anaqueles de una biblioteca infinita. Sin embargo, mucho antes de que la literatura se convirtiera en un oficio de nombres célebres, la lectura ya funcionaba como una puerta de escape, un refugio clandestino y un acto de rebeldía. Y en esa historia las mujeres fueron pioneras.

 

Viajar a la antigüedad o sumergirse en la mitología revela que el acto de leer nació casi en paralelo al deseo de encontrar un espacio propio donde el mundo exterior no pudiera influir. Enheduanna y el refugio del exilio. Mucho antes de que los griegos tomaran la pluma, en la antigua Mesopotamia del siglo XXIII a.C., la sacerdotisa sumeria Enheduanna se convirtió en la primera persona de la historia en firmar un texto. Cuando las convulsiones políticas la expulsaron de su templo, encontró en las tablillas de arcilla cuneiforme su único refugio para procesar el dolor y reconstruir su voz.

 

Perséfone y la lectura en la penumbra. El mito griego suele retratar a Perséfone como una víctima de Hades, pero en las tradiciones más antiguas su descenso al Inframundo simboliza el retiro interior. En la iconografía clásica y las reinterpretaciones helenísticas, el espacio de las sombras se transforma en un lugar de contemplación donde la lectura de las leyes secretas de la naturaleza le otorga un poder que ni los dioses del Olimpo poseían.

 

Safo de Lesbos y el papiro íntimo. En el siglo VI a.C., Safo transformó los rollos de papiro en un espacio de intimidad. En una Grecia donde la palabra escrita pertenecía al ámbito público y masculino del comercio o la guerra, ella usó la lectura para explorar la subjetividad, los afectos y la memoria, convirtiendo el texto en un refugio personal.

Hypatia y el santuario de Alejandría. Ya en las postrimerías del mundo clásico, la filósofa Hypatia caminaba entre los miles de pergaminos de la Gran Biblioteca de Alejandría. Para ella, los libros no fueron objetos de estudio, sino un escudo contra la intolerancia y la violencia de su época.

 

Celebrar el Día del Lector hoy nos convoca más allá de homenajear a los grandes autores canónicos. También es una oportunidad para recordar a esas primeras lectoras que, contra todo pronóstico, abrieron un libro en la penumbra de la historia para construir un territorio donde nadie pudiera encerrar su pensamiento.

 

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