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Dora Ciccia
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Dora Ciccia

Nieta de inmigrante italiano; con sus 77 años de edad sigue fiel a su tierra en Bryn Gwyn, la misma que la vio nacer en un crudo invierno de junio. 

Por REDACCIÓN CHUBUT

Sabe de las arduas tareas de la chacra, su edad y su delgado físico, no son impedimento para seguir trabajando junto a su hermano Juan.
Amable, sencilla y sincera, luciendo su característica capelina, comparte esta hermosa historia; historia de corazón.

LA INFANCIA EN LA CHACRA
Nacida el 9 de junio; y criada en la chacra en la cual aún reside desde hace 77 años Dora dice, “todos nacimos acá, los cinco; Nelly, Carmen, Francisco, yo y Juan”. 
“En una chacra cercana vivía una partera que se llamaba María Thomas; había que ir a buscarla en coche caballo”. Dora, rememorando lo contado por sus padres, dice que nació a las tres de la mañana, y que durante toda la madrugada nevó, llegando a la mañana a los 25 centímetros de nieve. 
Pero los partos de María Santos Domínguez, madre de nuestra protagonista, no solo eran asistidos por la partera, sino que también colaboraba la abuela materna Felipa, quien se quedaba unos días en la chacra con su hija después de haber nacido los bebés.  
 El abuelo paterno, José había llegado de Italia a los 25 años con un primo, casado con Concepción Madotta, una jovencita de tan solo 14 años de edad y a la cual había conocido en Quilmes. Tuvieron nueve hijos, Pepe, José, Emilio, Ángel, Miguel, Carmen, Isolina, Juana la menor y entre ellos, Francisco, padre de Dora.
Francisco se dedicó a la agricultura, por eso Dora nos dice “todos trabajábamos en la chacra, a mí me tocaba juntar las ramitas para hacer fuego a la noche”.
“Papá, sembraba choclos, papas, y otras verduras; también tenía vacas que ordeñaba Carmen, gallinas, pollos chanchos, y ovejitas. Además, trabajaba sembrando la tierra en la chacra de Krenkova. Él se iba temprano, y yo iba más tarde a llevarle café.
Sobre las actividades diarias, que realizaban desde pequeños en la chacra, nos cuenta, “primero teníamos que atender a los animales y después a ir a trabajar”. 
“Nos levantábamos temprano a desayunar; mamá hacia huevos fritos, y también comíamos jamón, hecho con los cerdos que carneábamos”.
Dora, nos cuenta que su hermana Carmen, hacia manteca casera, y a pesar que no contaban con heladera, se conservaba muy bien. “En ese tiempo nadie tenía, hasta que llego el señor Sahagun, que daba créditos para comprar electrodomésticos y la compramos”. 
“Tomábamos agua del pozo”, ella nos cuenta que en la chacra había un pozo del que gran cantidad de gente iba a buscar agua.  Menciona a su sobrino Marcelo Guillen, quien dijo una vez que él se crio con el agua del pozo. Dora dice, “antes la gente vivía 100 años, ahora todo hace mal”.
“Entre vecinos nos ayudábamos, si no teníamos arado nos prestaban, o cuando nosotros hacíamos chorizos compartíamos, nos arreglábamos igual con lo poco que había”. 

FAMILIAS DEL VALLE Y ANECDOTAS DE LA ESCUELA
Recuerda que todas las familias que vivían cerca de la chacra, Hernández, Simonide, Guillen, Thomas, eran familias numerosas, con más de nueve hijos cada una.
En su caso, por razones de trabajo no se juntaban muy seguido, pero las fechas de reunión infaltable eran las fiestas, dice “la familia se juntaba una vez en cada chacra, a veces íbamos a la chacra de la tía Isabel (tía materna).
“Íbamos caminando a la Escuela Nº 12 de Bryn Gwyn (actualmente Nº 61), y cuando llovía, papá ponía una lona en el coche caballo y nos llevaba”.
“A veces iba con mi maestra Constancia De Pablo, en su viejo Chevrolet, y cuando llegaba a la escuela me daba mate cocido”.
También tuvo a los maestros Hilderman y Clotilde Fernández, algunos de sus tantos compañeros, Zulma Pugh, Telma Thomas, Raúl y Enrique Sanz, Herminia Parra y su hermana.
Si bien, Dora no había nacido cuando el valle sufrió una de las tantas inundaciones en la que los chacareros perdieron todo, el triste recuerdo fue transmitido verbalmente por sus padres, por eso dice, “con la inundación del año 34 las familias perdieron todo, en ese año también nació Nelly”. 

SU JUVENTUD Y EL RECUERDO DE SU PADRE
Comenta que, en su juventud iban, acompañadas por sus padres a los bailes de Argentinos del Sur, los que se organizaban una vez por mes. Dice “en la plaza armaban una carpa y hacían los bailes, una noche, para un baile de carnaval, se desató un temporal que la voló”. 
Dora recuerda a su padre principalmente, porque sus últimos 15 años tuvo la enfermedad de parkinson, pero nunca dejó de trabajar a pesar de todo. Ella cuenta que en cuanto se descuidaban, él iba a manejar el tractor y para poder descolar las cebollas se sentaba en un banquito que había fabricado especialmente. 
Así como su padre y su madre, Dora siempre fue chacarera y dice, “siempre estuve aquí, de aquí nunca salí”, recuerda que cuando había que sembrar su papá le decía, “este pedazo de tierra es para vos, y así a cada uno de sus hermanos”.
Sin dudas, la mayoría de los que leyeron esta historia; han pensado en algún momento, lo lindo y saludable que es vivir en una chacra, disfrutar de la paz y una vida más sana. Pero todos sabemos que no es solo eso; por ello quise rescatar y ponderar con la historia de Dora, el arduo y constante trabajo de los chacareros de “nuestro Valle”. 
 

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Dora Ciccia

Nieta de inmigrante italiano; con sus 77 años de edad sigue fiel a su tierra en Bryn Gwyn, la misma que la vio nacer en un crudo invierno de junio. 

Sabe de las arduas tareas de la chacra, su edad y su delgado físico, no son impedimento para seguir trabajando junto a su hermano Juan.
Amable, sencilla y sincera, luciendo su característica capelina, comparte esta hermosa historia; historia de corazón.

LA INFANCIA EN LA CHACRA
Nacida el 9 de junio; y criada en la chacra en la cual aún reside desde hace 77 años Dora dice, “todos nacimos acá, los cinco; Nelly, Carmen, Francisco, yo y Juan”. 
“En una chacra cercana vivía una partera que se llamaba María Thomas; había que ir a buscarla en coche caballo”. Dora, rememorando lo contado por sus padres, dice que nació a las tres de la mañana, y que durante toda la madrugada nevó, llegando a la mañana a los 25 centímetros de nieve. 
Pero los partos de María Santos Domínguez, madre de nuestra protagonista, no solo eran asistidos por la partera, sino que también colaboraba la abuela materna Felipa, quien se quedaba unos días en la chacra con su hija después de haber nacido los bebés.  
 El abuelo paterno, José había llegado de Italia a los 25 años con un primo, casado con Concepción Madotta, una jovencita de tan solo 14 años de edad y a la cual había conocido en Quilmes. Tuvieron nueve hijos, Pepe, José, Emilio, Ángel, Miguel, Carmen, Isolina, Juana la menor y entre ellos, Francisco, padre de Dora.
Francisco se dedicó a la agricultura, por eso Dora nos dice “todos trabajábamos en la chacra, a mí me tocaba juntar las ramitas para hacer fuego a la noche”.
“Papá, sembraba choclos, papas, y otras verduras; también tenía vacas que ordeñaba Carmen, gallinas, pollos chanchos, y ovejitas. Además, trabajaba sembrando la tierra en la chacra de Krenkova. Él se iba temprano, y yo iba más tarde a llevarle café.
Sobre las actividades diarias, que realizaban desde pequeños en la chacra, nos cuenta, “primero teníamos que atender a los animales y después a ir a trabajar”. 
“Nos levantábamos temprano a desayunar; mamá hacia huevos fritos, y también comíamos jamón, hecho con los cerdos que carneábamos”.
Dora, nos cuenta que su hermana Carmen, hacia manteca casera, y a pesar que no contaban con heladera, se conservaba muy bien. “En ese tiempo nadie tenía, hasta que llego el señor Sahagun, que daba créditos para comprar electrodomésticos y la compramos”. 
“Tomábamos agua del pozo”, ella nos cuenta que en la chacra había un pozo del que gran cantidad de gente iba a buscar agua.  Menciona a su sobrino Marcelo Guillen, quien dijo una vez que él se crio con el agua del pozo. Dora dice, “antes la gente vivía 100 años, ahora todo hace mal”.
“Entre vecinos nos ayudábamos, si no teníamos arado nos prestaban, o cuando nosotros hacíamos chorizos compartíamos, nos arreglábamos igual con lo poco que había”. 

FAMILIAS DEL VALLE Y ANECDOTAS DE LA ESCUELA
Recuerda que todas las familias que vivían cerca de la chacra, Hernández, Simonide, Guillen, Thomas, eran familias numerosas, con más de nueve hijos cada una.
En su caso, por razones de trabajo no se juntaban muy seguido, pero las fechas de reunión infaltable eran las fiestas, dice “la familia se juntaba una vez en cada chacra, a veces íbamos a la chacra de la tía Isabel (tía materna).
“Íbamos caminando a la Escuela Nº 12 de Bryn Gwyn (actualmente Nº 61), y cuando llovía, papá ponía una lona en el coche caballo y nos llevaba”.
“A veces iba con mi maestra Constancia De Pablo, en su viejo Chevrolet, y cuando llegaba a la escuela me daba mate cocido”.
También tuvo a los maestros Hilderman y Clotilde Fernández, algunos de sus tantos compañeros, Zulma Pugh, Telma Thomas, Raúl y Enrique Sanz, Herminia Parra y su hermana.
Si bien, Dora no había nacido cuando el valle sufrió una de las tantas inundaciones en la que los chacareros perdieron todo, el triste recuerdo fue transmitido verbalmente por sus padres, por eso dice, “con la inundación del año 34 las familias perdieron todo, en ese año también nació Nelly”. 

SU JUVENTUD Y EL RECUERDO DE SU PADRE
Comenta que, en su juventud iban, acompañadas por sus padres a los bailes de Argentinos del Sur, los que se organizaban una vez por mes. Dice “en la plaza armaban una carpa y hacían los bailes, una noche, para un baile de carnaval, se desató un temporal que la voló”. 
Dora recuerda a su padre principalmente, porque sus últimos 15 años tuvo la enfermedad de parkinson, pero nunca dejó de trabajar a pesar de todo. Ella cuenta que en cuanto se descuidaban, él iba a manejar el tractor y para poder descolar las cebollas se sentaba en un banquito que había fabricado especialmente. 
Así como su padre y su madre, Dora siempre fue chacarera y dice, “siempre estuve aquí, de aquí nunca salí”, recuerda que cuando había que sembrar su papá le decía, “este pedazo de tierra es para vos, y así a cada uno de sus hermanos”.
Sin dudas, la mayoría de los que leyeron esta historia; han pensado en algún momento, lo lindo y saludable que es vivir en una chacra, disfrutar de la paz y una vida más sana. Pero todos sabemos que no es solo eso; por ello quise rescatar y ponderar con la historia de Dora, el arduo y constante trabajo de los chacareros de “nuestro Valle”. 
 

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