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A LA COMUNIDAD

Carta al lector: Sr. Director
Pedimos respeto, solidaridad, conciencia. Respeto por la memoria de una gran persona, un ser humano noble, divertido, afectuoso, solidario. Excelente hijo, hermano, tío, amigo, compañero, y no es un cumplido decirlo, es una obligación moral y afectiva. Es ante todo un acto de justicia a viva voz contra el desenfrenado maltrato de estos días.

Por REDACCIÓN CHUBUT

Guillermo partió y tuvo a una mamá que no pudo despedirlo, un papá que aún no se enteró que su hijo nos dejó, hermanos que no pudieron estar ahí, como así tampoco pudieron ir a abrazar a su madre. Sus dos sobrinas tuvieron que sostener como pudieron ese protocolo de salubridad cargado de burocracia y desidia, en el medio del dolor y de la incertidumbre.

Guillermo se fue en silencio, en el medio del caos de una sociedad parada en el barranco, pero servicial al desánimo. Amiga de la mismísima miseria humana y del barriqueo, en manos del ninguneo y la discriminación. Austera en esas cosas, con vecinos un poco más elegantes que las ratas pero con el mismo espíritu roedor. En estos días de horas eternas tuvimos también que refugiarnos de la otra pandemia. Armamos una coraza de hierro para poder resistir el pesar de la instigación mediática, de la libre circulación de información errónea e intencional, de la exposición pública de nuestra identidad, de la manipulación de fotos y audios, de la falsificación de perfiles en las redes sociales.

El límite no lo teníamos que poner nosotros, porque ya teníamos demasiado. Ya bien sabemos que estamos en otro siglo, que el apedreo y la quema deben ser desterrados de nuestros sentimientos y actitudes. En estos días sentimos ser la carne exquisita para los buitres hambrientos de odio, sin pedir ni elegir estar en esta situación. Nos tocó, como le puede suceder a cualquiera. Esta vez «el otro», éramos nosotros.

Guillermo no padecía los factores de riesgo que se difundieron, jamás fumó ni tuvo problemas cardíacos, solo tuvo la mala suerte de contraer ese virus. Siempre fue responsable en su tarea asociada al cuidado preventivo pero compartía el hogar con su hermano, a quien obligatoriamente le tocó salir a trabajar en este tenebroso contexto, y al cuidado de un estado que transgrede las mismas medidas que su vez impone. Porque los que entraron por la puerta del costado ni siquiera saben de las largas filas que se le exige al común de la gente en cualquier ámbito, tampoco lo hicieron para ingresar a la provincia en plena cuarentena. La mayoría padecemos el aislamiento para después encontrarnos con la novedad mediatizada del virus circulando sin una explicación coherente.

¿Por qué llegó a Trelew? Y no pregunto cómo, porque ya conocemos las respuestas. ¿Por qué protegieron a otras poblaciones y no a la nuestra? Todas esas respuestas circulan, siendo tan nocivas como la misma pandemia, maliciosas como las declaraciones brindadas al azar, con información desvirtuada y ostentosa.

Desde el mismo momento en que se obtuvieron los resultados del análisis del primer afectado, fue la familia la que automáticamente tomó medias propias. Se auto-aisló y exigió que se le practicaran los hisopados y análisis correspondientes, aun experimentando maltrato por solicitarlo.

El miércoles 10 de Junio fue un día que nos marcó emocionalmente, y deseamos y exigimos que no le vuelva a ocurrir a nadie más. Además del profundo dolor que conlleva la pérdida de un ser querido y aún más en este contexto y circunstancias, tuvimos que soportar graves faltas por parte de la inoperancia y una vez más del manejo inescrupuloso de los servicios públicos que nos ofrecen miseria por calidad. El protocolo enuncia que Defensa Civil tiene que interceder para el traslado del cuerpo y lo hizo y el servicio de sepelio es el que tiene que cumplir con el resto de las acciones, mínimamente garantizar lo que ofrece y cobra. Conocer cómo debe proceder y hacer lo posible por cumplirlo, no desentenderse. En el medio del dolor nos correspondía respeto, y a Guillermo una despedida digna. Hicieron abandono. Exigimos buen trato por parte de las entidades competentes y por parte de nuestra comunidad. Háganlo para promover más humanidad. Queremos otra sociedad para nuestros hijxs y confiamos en que será pensante y empática. Deseamos fervientemente que así lo sea.

Comencemos por preguntarnos ¿Quiénes nos cuidan? ¿Qué les exigimos? ¿A quiénes les exigimos? ¿Cuánto les exigimos? Hagámonos cargo de la sociedad que tenemos y practiquemos algo más productivo que estar espiando por la ventana y acusar desde el anonimato. Dejemos de romantizar la pandemia si luego cuando debemos ayudar nos convertirnos en verdugos y cómplices de las injusticias.

En este torbellino de emociones también tenemos el respaldo de quienes son un pilar importante en estos días, sentimos una inmensa gratitud hacia las personas que nos alentaron a seguir y acompañan en estos momentos de honda tristeza. Y a quienes nos mantienen fuertes y con esperanza a través de su labor diaria, a todo el personal de salud pública que en estas condiciones, a pura vocación pone el cuerpo y el alma.

Gracias por alimentar nuestro espíritu, por dar lo mejor de ustedes a pesar de las circunstancias, porque hoy lo necesitamos más que nunca Guillermo partió, tal vez porque su corazoncito no pudo tolerar tanto, pero sembró en grande mucho antes de que llegara esta hostil pandemia. Solo nos resta saber si en el corazón de cada integrante de esta comunidad quedará algo nuevo y bueno. La gente que lo ama lo seguirá haciendo porque su paso por nuestras vidas ha dejado huellas profundas y memorables, como lo hacen los grandes. 
 

Lara Sea 36052444 
Ariana Sea 37860552 
Elida Centeno 23401465

 

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A LA COMUNIDAD

Carta al lector: Sr. Director
Pedimos respeto, solidaridad, conciencia. Respeto por la memoria de una gran persona, un ser humano noble, divertido, afectuoso, solidario. Excelente hijo, hermano, tío, amigo, compañero, y no es un cumplido decirlo, es una obligación moral y afectiva. Es ante todo un acto de justicia a viva voz contra el desenfrenado maltrato de estos días.

Guillermo partió y tuvo a una mamá que no pudo despedirlo, un papá que aún no se enteró que su hijo nos dejó, hermanos que no pudieron estar ahí, como así tampoco pudieron ir a abrazar a su madre. Sus dos sobrinas tuvieron que sostener como pudieron ese protocolo de salubridad cargado de burocracia y desidia, en el medio del dolor y de la incertidumbre.

Guillermo se fue en silencio, en el medio del caos de una sociedad parada en el barranco, pero servicial al desánimo. Amiga de la mismísima miseria humana y del barriqueo, en manos del ninguneo y la discriminación. Austera en esas cosas, con vecinos un poco más elegantes que las ratas pero con el mismo espíritu roedor. En estos días de horas eternas tuvimos también que refugiarnos de la otra pandemia. Armamos una coraza de hierro para poder resistir el pesar de la instigación mediática, de la libre circulación de información errónea e intencional, de la exposición pública de nuestra identidad, de la manipulación de fotos y audios, de la falsificación de perfiles en las redes sociales.

El límite no lo teníamos que poner nosotros, porque ya teníamos demasiado. Ya bien sabemos que estamos en otro siglo, que el apedreo y la quema deben ser desterrados de nuestros sentimientos y actitudes. En estos días sentimos ser la carne exquisita para los buitres hambrientos de odio, sin pedir ni elegir estar en esta situación. Nos tocó, como le puede suceder a cualquiera. Esta vez «el otro», éramos nosotros.

Guillermo no padecía los factores de riesgo que se difundieron, jamás fumó ni tuvo problemas cardíacos, solo tuvo la mala suerte de contraer ese virus. Siempre fue responsable en su tarea asociada al cuidado preventivo pero compartía el hogar con su hermano, a quien obligatoriamente le tocó salir a trabajar en este tenebroso contexto, y al cuidado de un estado que transgrede las mismas medidas que su vez impone. Porque los que entraron por la puerta del costado ni siquiera saben de las largas filas que se le exige al común de la gente en cualquier ámbito, tampoco lo hicieron para ingresar a la provincia en plena cuarentena. La mayoría padecemos el aislamiento para después encontrarnos con la novedad mediatizada del virus circulando sin una explicación coherente.

¿Por qué llegó a Trelew? Y no pregunto cómo, porque ya conocemos las respuestas. ¿Por qué protegieron a otras poblaciones y no a la nuestra? Todas esas respuestas circulan, siendo tan nocivas como la misma pandemia, maliciosas como las declaraciones brindadas al azar, con información desvirtuada y ostentosa.

Desde el mismo momento en que se obtuvieron los resultados del análisis del primer afectado, fue la familia la que automáticamente tomó medias propias. Se auto-aisló y exigió que se le practicaran los hisopados y análisis correspondientes, aun experimentando maltrato por solicitarlo.

El miércoles 10 de Junio fue un día que nos marcó emocionalmente, y deseamos y exigimos que no le vuelva a ocurrir a nadie más. Además del profundo dolor que conlleva la pérdida de un ser querido y aún más en este contexto y circunstancias, tuvimos que soportar graves faltas por parte de la inoperancia y una vez más del manejo inescrupuloso de los servicios públicos que nos ofrecen miseria por calidad. El protocolo enuncia que Defensa Civil tiene que interceder para el traslado del cuerpo y lo hizo y el servicio de sepelio es el que tiene que cumplir con el resto de las acciones, mínimamente garantizar lo que ofrece y cobra. Conocer cómo debe proceder y hacer lo posible por cumplirlo, no desentenderse. En el medio del dolor nos correspondía respeto, y a Guillermo una despedida digna. Hicieron abandono. Exigimos buen trato por parte de las entidades competentes y por parte de nuestra comunidad. Háganlo para promover más humanidad. Queremos otra sociedad para nuestros hijxs y confiamos en que será pensante y empática. Deseamos fervientemente que así lo sea.

Comencemos por preguntarnos ¿Quiénes nos cuidan? ¿Qué les exigimos? ¿A quiénes les exigimos? ¿Cuánto les exigimos? Hagámonos cargo de la sociedad que tenemos y practiquemos algo más productivo que estar espiando por la ventana y acusar desde el anonimato. Dejemos de romantizar la pandemia si luego cuando debemos ayudar nos convertirnos en verdugos y cómplices de las injusticias.

En este torbellino de emociones también tenemos el respaldo de quienes son un pilar importante en estos días, sentimos una inmensa gratitud hacia las personas que nos alentaron a seguir y acompañan en estos momentos de honda tristeza. Y a quienes nos mantienen fuertes y con esperanza a través de su labor diaria, a todo el personal de salud pública que en estas condiciones, a pura vocación pone el cuerpo y el alma.

Gracias por alimentar nuestro espíritu, por dar lo mejor de ustedes a pesar de las circunstancias, porque hoy lo necesitamos más que nunca Guillermo partió, tal vez porque su corazoncito no pudo tolerar tanto, pero sembró en grande mucho antes de que llegara esta hostil pandemia. Solo nos resta saber si en el corazón de cada integrante de esta comunidad quedará algo nuevo y bueno. La gente que lo ama lo seguirá haciendo porque su paso por nuestras vidas ha dejado huellas profundas y memorables, como lo hacen los grandes. 
 

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